Un balón es un sueño

Imagen creada con IA
Por | Iván Corredor

En momentos tan difíciles como los que estamos atravesando los colombianos, cuando los adultos tenemos la responsabilidad de trabajar unidos para reconstruir nuestro país, hay algo que no podemos olvidar: los niños necesitan seguir soñando.

Y a veces, para que un niño vuelva a soñar, solo hace falta un balón.

Un balón es mucho más que un objeto. Es una ilusión. Es una excusa para salir a jugar, para encontrarse con otros, para hacer amigos, para correr, reír y olvidarse, aunque sea por un momento, de las dificultades que lo rodean.

Un balón puede convertir una cuadra en una cancha. Puede reunir a 10, 20 o 30 niños. Puede juntar familias. Puede crear amistades que duren toda la vida. No necesita grandes escenarios ni grandes inversiones: necesita un espacio, unos amigos y ganas de jugar.

Un balón te pone a soñar

Lo hemos visto incluso en los momentos más grandes del fútbol. En un Mundial, por ejemplo, un balón puede lograr algo extraordinario: durante 90 minutos desaparecen las diferencias. No importa la ideología política, la condición social o de dónde venga cada persona. Todos pueden gritar por el mismo equipo, abrazarse, celebrar y sentir que pertenecen a algo.

Ese mismo poder puede tener el balón en la vida de un niño.

Porque un niño que juega está construyendo algo más que una jugada. Está aprendiendo a compartir, a respetar, a perder, a ganar, a trabajar en equipo y a levantarse después de una caída. Está construyendo sueños.

Y hoy, más que nunca, necesitamos proteger esos sueños.

Los adultos tenemos una tarea enorme: trabajar, unirnos y aportar para recuperar nuestro país. Pero nuestra responsabilidad con los niños es todavía más importante: evitar que crezcan marcados únicamente por las tragedias que nos ha tocado vivir.

Un juguete puede parecer pequeño frente a los grandes problemas de una nación. Un balón puede parecer insignificante frente a una crisis. Pero para un niño puede significarlo todo.

Puede ser una puerta de salida.

Puede ser esperanza.

Puede ser el comienzo de un sueño.

Por eso, cuando entregamos un balón, no estamos entregando solamente un juguete. Estamos entregando la posibilidad de que un niño encuentre un espacio para jugar, para compartir, para imaginarse un futuro diferente.

Porque quizá no podamos solucionar todos los problemas de nuestros niños hoy. Pero sí podemos darles un momento de felicidad. Podemos darles un espacio seguro. Podemos darles amigos. Podemos darles la oportunidad de soñar.

Solo se necesita un balón para ser feliz.

Y si logramos que nuestros niños vuelvan a jugar, vuelvan a reír y vuelvan a soñar, estaremos dando también un paso para reconstruir Colombia.

Porque un país se reconstruye con grandes decisiones de los adultos, sí.

Pero también se reconstruye protegiendo los sueños de sus niños.

Y, a veces, esos sueños comienzan con algo tan sencillo como un balón.

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