
Ha muerto Nacho el fotógrafo, y pensar que sólo hace 70 años era un muchacho que se hizo a sí mismos desde el barro, que espantaba la pobreza comerciando con retazos; saldos de telas de los almacenes turcos, mientras Sogamoso hervía con Acerías Paz del Rio.
Fue el reportero primitivo que comenzó a cultivar una biografía, cuando los hechizos hervían en cualquier fogón. Se hizo vendedor en la plaza de mercado y entre ollas, escobas y cacharros encontró el oficio de fotógrafo.
Su figura esquelética encajaba perfectamente con el quijote, y apoyado en su bastón, llevaba con dignidad la cojera; Tenía un tercer ojo para ver lo invisible, era un personaje novelesco de mirada verde y escrutiñadora, sabía aconsejar las posturas para que los clientes les quedara oculta la barriga y las arrugas.
Nacho, a través de su lente, y tras una cortina de apariencias plasmó la cotidianidad de los transeúntes de la carrera 11, y por un golpe de suerte se convirtió en reportero gráfico, cuando retrató a Luis Carlos Galán, en el año 1972 en su visita a Sogamoso, como ministro de educación, en la presidencia de Misael Pastrana Borrero.
Uno de esos días nefastos lo encontraron como dormido en camino a otra parte, casi se pudre por culpa de los parásitos que le adornaban el suelo donde quedó despatarrado. Existen muchas versiones de su muerte, que tomaba exceso de pastillas, que su caballito de madera tallada, en dónde fotografió durante cuatro décadas a los niños, también se le despatarró, dándole paso a la fotografía digital que le acabó el sustento.
Con la fe puesta en el vademécum, el fotógrafo, vivió envuelto en una vida turbulenta, y el flash de su cámara como sus ojos catapultaron los instantes en donde pudo ser eterno, como esta eternidad que le puede caber en el instante que recobré su nombre. Él también quedará en mi listado de crónicas difuntas.
ESCRITO AL MARGEN: Martin Niemöller dice que nuestra generación tendrá que arrepentirse no solo por las acciones de los malos, sino del espantoso silencio de los buenos; su advertencia corresponde a la cultura popular, en su poema: “Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie, que hablara por mí.











