
En una ciudad donde la desconfianza hacia la clase política se volvió la norma y la fe en las instituciones parecía perdida, salir a la calle a dar la cara no es solo una estrategia de gestión: es un acto de respeto y valentía con la gente. Los consejos comunitarios representan un punto de quiebre definitivo con la vieja forma de hacer política. Aquí el alcalde Rafael Acevedo no va a pronunciar discursos vacíos desde una tarima lejana; va a mirar a la cara a los ciudadanos, a escuchar sin filtros las problemáticas de cada sector y a construir soluciones reales de la mano de quienes mejor conocen la realidad: los propios vecinos.
Durante años se gobernó a espaldas de la comunidad, bajo la falsa premisa de que los problemas se entienden desde la comodidad de una oficina. Hoy esa lógica se invierte radicalmente. Escuchar para gobernar significa reconocer la sabiduría popular y entender que el ciudadano no solo tiene necesidades, sino también la capacidad y la visión para proponer alternativas viables. Esta es la esencia del verdadero gobierno de territorio: una administración que no le huye al barro, que descentraliza su oferta y que está presente donde las necesidades queman. Diecisiete meses pueden parecer un periodo corto frente a años de rezago, pero cuando hay ganas, liderazgo y una visión clara de ciudad, los tiempos rinden y las promesas se convierten en hechos concretos.
El contraste con el pasado es ineludible y contundente. En administraciones anteriores, los recursos siempre estuvieron ahí, pero la falta de disposición, la negligencia y la parálisis institucional condenaron a la ciudad al estancamiento mientras la plata se diluía sin generar impacto. Hoy la historia es totalmente diferente: cuando hay voluntad política y transparencia, los proyectos no se quedan guardados en los cajones, los presupuestos rinden y las soluciones finalmente le llegan a la comunidad.
Este cambio de rumbo no es un esfuerzo aislado; es el resultado de un liderazgo firme respaldado por un equipo que sí le cumple a la gente. Es de justicia reconocer la labor del alcalde, pero también aplaudir el compromiso incansable de su gabinete, de cada uno de sus secretarios, de sus equipos y del trabajo mancomunado de toda la administración, quienes entendieron que el trabajo no se hace detrás de un escritorio, sino sudando la camiseta junto a la gente. Cada obra que avanza y cada proyecto que se destraba son prueba de una administración articulada que le devuelve a Tunja la dignidad y la certeza de que, cuando se quiere y se trabaja en equipo, las cosas sí se pueden hacer bien.











