
La crónica convierte al periodismo en algo más que la información que morirá mañana. En este ejercicio semanal en donde he pasado los domingos contando las historias cotidianas, creo que ya va siendo hora que hablé de mi patria pequeña, al menos en estos días, que recordé a mi madre cuando decía, _“No le tengo miedo a la muerte, sino a la morida” _
Ocurre que cuando pienso en los ancestros se me suelta la pluma, y si arrastro la memoria generacional, como mucho construyo otro culebrón, con suerte, lo puedo estampar en la parodia de la familia, como también lo puedo insertar en la categoría de la menesterosa narrativa…
Sobra decir que lo que sí puede tener un sentido literario es el de los antepasados, los 16 tatarabuelos, que corresponde a la cuarta generación hacia atrás de mi existencia; de buena fuente supe de una tatarabuela, (un olvido del diablo), que se echó por amante un mozo de vereda, quizá otro viejito, que fue toda una calamidad para los negocios, pero un genio para la fecundidad.
Como resultado de aquel acto vergonzoso e inapropiado se desgració la familia; porque la indignidad cedió al pánico, y dice la abuela que después de aquel barullo generacional, todos nos fuimos a pique.
Indican que los ausentes siempre se equivocan, por lo tanto, omitiré los nombres de esas almas pérdidas, para evitarme la enfermedad de la melancolía y evitar todo lo que significa pagar la terapia tan de moda, como las constelaciones familiares de Bert Hellinger, que indica que nadie debe ser excluido del sistema, incluso si ha cometido errores o causada vergüenza. Esto reafirma que todos tenemos derecho a pertenecer al “cuyo” sin excepción.
Sin embargo, después de escribir sobre este jaleo de cargas generacionales, seguro me sacarán de la manada, pues admito que fui pésima pariente, pero les prometo que si logran vencer su avaricia (viejos amarretes), en mi segunda reencarnación les daré otra oportunidad.
ESCRITO AL MARGEN: Ya llegó la segunda temporada del podcast: Cuatro Miradas construyendo ciudadanía. La propuesta de comunicación que privilegia el diálogo, y fomenta conocimiento, para transformar la realidad a través de la denuncia, cuando se exige la justicia. Esta narrativa sonora es un coloquio de cuatro aristas, con la cineasta, Sandra Lucía Molano, la psicóloga Carol Castillo, la abogada penalista Jaidy Torres, y la suscrita comunicadora social periodista, Martha Patricia Moreno; se propone consolidar una visión global, que de contexto a las narrativas de la vida y ofrecer alternativas de solución a la mujer y/o el hombre de a pie. correo cuatromiradas@gmail.com, en redes sociales Sandra Molano en Facebook 3126980388 o3124669614











