Taxistas y peluqueros

Imagen creada con IA
Por | Martha Patricia Moreno Moreno / Comunicadora social Periodista_ Mag. Educación superior

“Los clientes felices nunca tienen historias” Expresado por los taxistas y los peluqueros. Sus oficios: entre remolinos de pelos, y las carreras del tráfico les ha permitido escuchar las historias más anecdóticas que no caben en los periódicos cuadriculados, cuando los lectores son redondos.

Dicho en términos de un taxista: su vehículo es como un confesionario, reveló que con las historias de sus pasajeros alcanzaría para escribir una enciclopedia, y precisó el caso de un cura que en cada barrio tenía novia, y realizaba un ritual semanal de carreras con flores y chocolates; un sacerdote de amores clandestinos qué conducía por los distintos puertos, y de tan exclusivo firmaba, para mi único amor. Aquí, y que me descomulguen mis amigos, pero se me antoja dejarles la frase que más me gusta del dramaturgo Miguel de Cervantes Saavedra “Desconfía de un caballo cuando estés detrás, desconfía de un toro cuando estés delante, y desconfía de un cura estés donde estés».

Las crónicas del espacio urbano, las cuentan los taxistas que recorren la ciudad entre calles y carreras equivocadas, y los peluqueros entre tirones y despeinadas. Ambos oficios son locuaces y reflejan la memoria y los recuerdos de los habitantes.

Los peluqueros escuchan historias en sus escenarios ficticios de espejos, como la estilista que contó la historia más horripilante; su clienta que permanece con las uñas, pelos, y una fotografía del marido entre el pecho, que le hace la rutina de alfileres, y que aún espera al desgraciado que regrese sumiso. _ Digo__ que a esa vieja le regalaría un popular resuello que dice: “Nunca desee nada desesperadamente, porque puede pasar que _ O no llega O llega torcido”.

ESCRITO AL MARGEN: Hablando de aventuras humanas, de historias truculentas teñidas con humor, recomiendo la de Anne Perry, considerada una escritora siniestra, debido a su oscuro pasado: a los 15 años, participó en el brutal asesinato de la madre de su mejor amiga en Nueva Zelanda, un suceso que inspiró la película Criaturas Celestiales (1994), ahora la pueden ver en Netflix.

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