El juego del exterminio

Imagen creada con IA
Por | José Fernando Millán Cruz

En menos de cien años, la humanidad se ha expuesto a su desaparición por cuenta del mismo hombre. Entre armas nucleares y crisis climática se suma otra que parece tener fecha de vencimiento.

Cuando el físico y filósofo estadounidense T.S. Kuhn (1922-1996) analizó la evolución del conocimiento en ‘La estructura de las revolucionescientíficas’, expuso una fragilidad inherente a las instituciones humanas: la obstinación en ignorar las anomalías que amenazan su cosmovisión hasta que el colapso resulta inevitable. Kuhn demostró que la ciencia no avanza mediante una acumulación lineal y pacífica de certezas, sino a través de rupturas traumáticas. Existen profundos contrastes entre la «ciencia normal» (dedicada a resolver acertijos bajo un modelo compartido) y las verdaderas revoluciones que destruyen el marco conceptual previo para instalar una nueva realidad.

Los cambios de paradigma científico no suelen transformar la vida cotidiana de forma inmediata, pero pueden hacerlo profundamente con el tiempo. La revolución copernicana y la física newtoniana sustituyeron antiguas concepciones del cosmos y del movimiento, y sentaron las bases teóricas que, durante los siglos siguientes, permitieron avances en navegación, ingeniería, astronomía, balística y numerosas tecnologías modernas.

La guerra, como actividad humana, ha experimentado revoluciones tecnológicas y organizativas que transformaron el ejercicio del poder. Por ejemplo, la revolución de la pólvora, entre los siglos XV y XVII, redujo progresivamente la importancia de la caballería pesada y de muchas fortificaciones medievales.

En el siglo XX, la combinación de tanques, aviación y radio permitió una guerra más móvil que la de las trincheras. Finalmente, las armas nucleares transformaron la estrategia mundial al situar la disuasión en el centro de las relaciones entre grandes potencias.

Hoy, la carrera por la inteligencia artificial y su aplicación estratégica encarna la metamorfosis más peligrosa de todas. Es la tercera posible causa del exterminio de la humanidad.

Pero vamos por partes. Primero, ha existido el riesgo de la destrucción masiva con armas nucleares en el forcejeo entre los poderes que quieren dominar el mundo. El equilibrio armamentista fue en su momento la garantía de que nadie oprimiría el botón. El riesgo sigue existiendo en medio de la demencial postura de la nueva extrema derecha, personificada en Donald Trump y seguida por corporaciones multinacionales y capitales que dominan el mundo de la tecnología.

Segundo, la crisis climática, cada vez más profunda y sin acciones efectivas para contenerla, precisamente por la oposición de la misma nueva extrema derecha que niega la existencia de alteraciones ambientales en el planeta. Gustavo Petro, el primer presidente progresista de Colombia (2022-2026), batalló durante sus cuatro años de gobierno en distintos escenarios internacionales para que los líderes políticos entendieran la gravedad de lo que está ocurriendo, se asuman responsabilidades y se tomen decisiones. Incluso, el papel de Sur Global en la solución, pero con apoyo real de las potencias del Norte.

La extinción se acerca en el ámbito ambiental y se nota a diario en la locura climática de regiones enteras que llegan a temperaturas inimaginables de calor o a alteraciones severas cuando es invierno. Pero es mentira, dicen quienes han hecho de la desinformación su principal arma para proteger su intereses económicos, políticos y hegemónicos.

Petro también puso el dedo en la llaga en las consecuencias de los desarrollos de la Inteligencia Artificial sin ningún tipo de regulación. No es un secreto que la IA ha ganado un protagonismo en los últimos años, al punto que la semana pasada se hizo el pronóstico más apocalíptico.

Jacob Coxon, investigador de Anthropic, renunció porque esta empresa y OpenAI, su competencia, luchan por desarrollos que «podrían acabar con todos nosotros antes de que termine la década». O sea, en cuatro años. Esa es la fecha de vencimiento que tenemos, según este joven matemático de 27 años.

Su afirmación fue corroborada por Evan Hubinger, también del equipo de investigadores de Anthropic: “Creemos con convicción que la IA podría matar a todos los seres humanos».

Una de las principales preocupaciones es que se salgan del control de los seres humanos. ¿Les suena? Como en las películas de ciencia ficción, que al parecer dejarán de serlo.

Es una equivocación enorme considerar que la llegada de una superinteligencia artificial será simplemente otro avance tecnológico más, similar a mejoras habituales en la economía, la política o la industria.

La arrogancia de una civilización que compite a ciegas por liderar esta transformación nos acerca a un cambio de paradigma definitivo, como lo planteaba Kuhn para explicar cada revolución científica: uno del que, por primera vez en la historia, no habrá sobrevivientes para escribirla.

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