
El riesgo de convertir a Colombia en país paria, donde el humano es el lobo del humano y la riqueza de pocos preservada por encima de vida misma, está latente. No se produce por discrepar de otros Estados, sino porque el deterioro de la credibilidad del poder del gobierno crea desconfianza, rechazo y repudio. Sus comportamientos y conductas despóticas, soberbias y vulgares, arrastran al país a la perdida de legitimidad y de reconocimiento en la comunidad internacional y eso es muy grave.
¿Qué aceptación pedirle a la ONU, sí frente a su consejo de seguridad y con sus propias cifras tergiversadas, se defendió el retorno a la guerra y se calificó de falsa paz el proceso en el que ella ha participado, protegido y apoyado, para justificar, con más odio que análisis, la ruptura de negociaciones políticas y anunciar una onda expansiva de temor miedo e impunidad? El gobierno ante la desconfianza e ilegitimidad que lo ronda parece indicar con su diplomacia que sí él se hunde el país entero se hunde con él. Selectivamente aumenta la distancia de respeto por el derecho y pierde el sentido de que el país debe actuar con inteligencia, autonomía, neutralidad y multilateralismo.
Ser paria simbólicamente retrata a quien deja de existir y es alejado y las actuaciones desatinadas están llevando al país hacia allá. Su diplomacia refleja incoherencia, aliados de mayor tradición democrática toman distancia. No queda nada del país “no alineado” en la guerra fría; tampoco de su defensa de la soberanía de todos los territorios sin relativizar a ninguno; no hay señales de respeto por la autodeterminación de los pueblos; ni interés por seguir la ruta de la paz trazada por la ONU.
En torno a la paz (interna y global) todo ha sido derrumbado. Se ha menospreciado la credibilidad en la justicia internacional (CIJ, CPI y JEP de amplia referencia global); desacreditado los instrumentos de verificación de los conflictos (es muy grave excluir a la ONU del monitoreo de la reforma rural que constituye la sustancia a la paz pactada y las garantías de seguridad, participación campesina y reparación de las víctimas). Se ha afectado la independencia de la nación al someterla a otros gobiernos e instituciones (EEUU, FMI, BM). Los espacios de libertad están censurados. Se han eliminado recomendaciones de la OIT sobre el derecho al trabajo. Es sistemática la agresión a las diversidades y minorias. Es recurrente la estigmatización a opositores locales y globales con descalificaciones grotescas. La adhesión incondicional al partido republicano y personal al presidente Trump rompió el marco de igual trato en las relaciones bilaterales de Estado con los dos partidos.
La pérdida de credibilidad internacional, el abandono de compromisos multilaterales y la erosión de la democracia, aplicando la censura, atacando, reprimiendo, desconociendo y agrediendo, describe una situación que puede ir del rechazo al aislamiento (y ser tratados como la Venezuela que la ultraderecha describía como símbolo del horror), o padecer el descrédito o rechazo internacional en respuesta a decisiones que permiten sostener que existen motivos serios de preocupación.
El giro más significativo fue la política sobre Palestina con el retiró de su intervención en el proceso iniciado por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia contra Israel por el genocidio en curso, condenado por más del 90% de naciones; luego el reconocimiento de soberanía israelí sobre los Altos del Golán, territorio ocupado, entrando en contradicción sustancial con los principios de integridad territorial y la prohibición de adquirir territorio por la fuerza, condenado por ese mismo 90% de naciones del mundo; de insensatez, la apertura de una embajada en Jerusalem (con relación de negocios del presidente con la poderosa familia Gilinsky dueña de medios de comunicación y alimentos azucarados). Después el abandono del respaldo diplomático a la causa saharaui debilitando la solidaridad entre pueblos y el derecho de autodeterminación; el retiro del país de entidades de derechos de la población LGBTIQ+ y movimientos feministas. Ataque al museo de la nación; hostigamiento judicial y práctica de rumores contra el gobierno anterior; declaraciones de negación y destrucción del acuerdo de paz de 2016 respaldado por la ONU y cientos de demócratas del mundo afectando la memoria, la verdad y la justicia. Y la adhesión-sumisión incondicional a Trump y los grotescos improperios reiterados a los demócratas como problema adicional ahora que son mayoría en cámara y senado, al tiempo que el sionista genocida Netanyahu ha perdido capacidad política.
P.D. Tres cambios en pocos días: El genocida Nethanyahu pierde poder; Trump es derrotado por los demócratas que controlarán el congreso; el pueblo de Paraguay demuestra que es superior a sus gobernantes, el congreso destituye al presidente y la policía lo lleva a prisión. Todo muestra que ni Estados Unidos, ni ninguna nación, es propiedad de una persona, ni de una sola administración o partido; que las relaciones duraderas requieren respeto e interlocución con el Congreso, los gobiernos estatales, la sociedad civil y las instituciones; y que la cooperación internacional no puede confundirse con subordinación política, ni el ejercicio de poder como una patente de crimen e impunidad.











