Hoy no fío

Imagen creada con IA
Por | Martha Patricia Moreno Moreno / Comunicadora social Periodista_ Mag. Educación superior

“Mientras unos lloran, otros venden pañuelos” señala Liborio que representa a uno de los 500 mil tenderos en Colombia, y de los pocos que aún sobreviven en este noviembre frío que llegó con vientos acostados y despellejando los avisos: “Hoy no fío”
El tendero, sin la mayor urgencia expresa que hay cosas que se ven sin necesidad de mirarlas, como su tienda que tiene de todo, que usted puede llevar un atadito de cebolla, un tomate, el huevito que no falte, y tendrá por cinco mil pesitos el almuerzo del día.

El vendedor de entrecejo arrugado, tiene cara para todas las situaciones: para las bonitas de galán dispuesto, y de rufián para los clientes que le malogran la mercancía; incluso sabe poner cara de puño cuando algún comprador le mete el dedo a la papaya, o le deja huecos pintados en los aguacates.

Su tiendita permanece en pie desde los años 90, y mecánicamente se persigna frente una estampita pegada sobre la registradora antigua. Es San Nicolas el patrono de los tenderos, que como todos los mártires tampoco está de acuerdo con la exigencia de la factura electrónica enmarcada en la propuesta de la «Ley de Rescate Económico». Dice que no le interesa saber de aprietos, que sea Abelardo, quien se desvele por el pretendido ajuste fiscal de 45 billones de pesos.

Liborio humedece su lápiz con la punta de la lengua, retiñe las cuentas y le informa a su distinguida clientela que aproveche las últimas polas (cervezas) a $2,400 pesos, que con el impuesto llegará a costar los $ 4.000 pesos, sería un golpe amargo a sabiendas que por la tierrita se beben 13 mil litros de cerveza al año “Unas agrias estadísticas” que reflejan el aburrimiento. Nadie se aguanta a palo seco el suicidio cotidiano de la resignación.

ESCRITO AL MARGEN: Los boyacenses somos unos duros en el arte de empinar el codo, apagamos los temores a punta de mofas y reímos de nuestra incapacidad civil. Nunca reconocemos al profeta en la tierra, somos un pueblo cantinero y olvidamos el compromiso con lo público. Por estos lares hay que ‘rascarse’ hasta el “delirium tremens” para olvidar el relato diario de la inseguridad que nos atolondra, y el desempleo que alimenta la miseria.

    Publicidad

    DEJA UNA RESPUESTA

    Por favor ingrese su comentario!
    Por favor ingrese su nombre aquí

    Confirma que no eres un bot:


    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.