
Apoteósica fue la movilización de Tunja contra el gobierno nacional, en defensa de sus derechos, por dignidad y contra el fascismo. Talvez de las más concurridas desde los años del estatuto antiterrorista del presidente Turbay a comienzos de los años 80, que dio lugar a protestas multitudinarias para denunciar la desaparición del estudiante de ingeniería Hernando Benitez que llevó a la toma de la catedral, después la toma de la iglesia de san Ignacio por la liberación de estudiantes detenidos y luego la marcha del 10 de mayo de 1982, que culminó con el campamento las Malvinas en la vía Tunja-Bogotá con más de 500 estudiantes acampados y cercados por un cordón militar. Era la época en que el Estado venía de madrugada a las casas de los estudiantes a amenazarlos, desaparecerlos, implicarlos, torturarlos en el puesto de monta y encarcelar a otros cuantos. Después vinieron las movilizaciones convocadas por la mesa amplia estudiantil (MANE) de 2011 y nuevas en 2018 y 2019.
Las calles este 14 de octubre denunciaron la ilegitimidad del gobierno que en solo 60 días ha hecho retroceder derechos y libertades, retornado a la guerra, atacado la paz, las universidades, a los campesinos, al profesorado en general, a los sindicatos de docentes, obreros y mineros, a diversidades, niñas y víctimas e impuesto por decreto su estatuto antiterrorista para silenciar e intimidar la protesta que es legítima y es derecho humano y de colofón está entregando la soberanía y la riqueza nacional a la voracidad del capital privado y al orden criminal de una política de terror, para censurar y callar.
El entusiasmo de la movilización creció bajo la amenaza de usar el aparato militar y policial del Estado para imponer silencio en nombre de perseguir el terror. Fueron miles de personas, pancartas, artistas, en una fiesta de la rebeldía contra el fascismo, una presencia multitudinaria de jóvenes, estudiantes universitarios, docentes de todos los niveles, sindicatos, mujeres y comunidades diversas, que ocuparon un amplio corredor urbano de Tunja y en una imponente movilización llegó hasta la plaza de Bolívar de la capital boyacense que se llenó totalmente, para dejar posicionado en la conciencia el malestar acumulado frente al abuso de poder y amenazas del Gobierno. La movilización que partió de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia según estimaciones preliminares superó la expectativa con cifras por encima de 5.000 participantes, en una convergencia de sectores que hicieron de sus inconformidades y potencia una expresión colectiva de rechazo y exigencia.
Lo sucedido en Tunja más allá de la imagen de una marcha numerosa demuestra la capacidad organizativa, democrática y de confluencia de múltiples sectores con una agenda diversa llevada al espacio público por la CUT, Fecode, Sindimaestros, ASPU, colectivos estudiantiles, colegios, municipios, asociaciones, mujeres, facultades, pacto histórico, mineros, comunidades diversas, entre otros tantos, que con canciones, arengas y banderas de sus organizaciones, de Colombia, y de palestina, mostraron su capacidad para defender un sentido común de sociedad con libertades, en paz, libre de miedo y que quiere vivir con dignidad. La calle fue un espacio de deliberación, denuncia, acción ciudadana, construcción democrática y de demostración de que el miedo no puede ser el que conduzca el presente y enviar el mensaje de que ningún gobernante ni autoridad puede tomarse el Estado como su propiedad ni ejercer un cargo confiere poder ilimitado sobre la voluntad popular y los derechos de la población. Las consignas de rechazo al Gobierno, señalado de ilegítimo, así lo indicaron, al tiempo que le expresaron su desconfianza total por sus reiteradas muestras de irrespeto a la Constitución, a la protección de los derechos, la transparencia, la rendición de cuentas y la disposición a escuchar a quienes cuestionan y confrontan civilmente las decisiones oficiales.
Una de las preocupaciones centrales que activó la movilización fue el amenazante anuncio del presidente y su equipo, de decretar como en la oscura época de Turbay, un Estatuto Antiterrorista y con reglas fascistas ordenar la intervención de la fuerza pública en las protestas. Sin embargo, la fuerza pública, en un departamento con reducida criminalidad y mucho humanismo, entendió que su alcance y papel no puede ser intimidar, ni volver a la lógica de terror contra manifestantes y opositores y supo guardar prudencia, no se mostró, no salió, no amenazó, no invadió, actuó con respeto.











