Más allá del talento: el verdadero desafío es formar personas a través del fútbol

Imagen creada con IA
Por | Iván Corredor

Con los años he aprendido que uno de los mayores errores que podemos cometer en el fútbol es creer que todos los jugadores deben responder al mismo molde. Descubrir un talento no consiste únicamente en medir su velocidad, su estatura, su fuerza o su rendimiento en un partido. Significa aprender a mirar más allá de lo evidente y entender que detrás de cada niño hay una historia, una familia, un entorno y un potencial que apenas comienza a desarrollarse.

Nací con un balón de fútbol al lado. Empecé  mi proceso deportivo jugando en familia, con primos y tíos . Posteriormente empecé a jugar  en semillitas y selecciones Boyacá, antes de dar el salto al fútbol  profesional. Luego, desde la gestión deportiva, he tenido la oportunidad de observar cientos de futbolistas, de participar en procesos de scouting y formación. Esa experiencia me ha enseñado que identificar un jugador con proyección exige mucho más que una buena observación técnica. Exige conocer a Colombia.

Nuestro país es diverso y esa diversidad también se refleja en el fútbol. Sin caer en generalizaciones absolutas, existen características que con frecuencia aparecen según el contexto donde crecen los jugadores. En la Costa Caribe solemos encontrar futbolistas con gran capacidad ofensiva y una notable facilidad para el gol. En el Pacífico abundan extremos desequilibrantes, centrales fuertes y jugadores con condiciones atléticas sobresalientes. Antioquia y el eje cafetero  han sido una tierra fértil para laterales y volantes de gran calidad técnica, liderazgo  y  gran intensidad competitiva. En las regiones del centro y de altura encontramos con frecuencia futbolistas de ida y vuelta, técnicos y con gran capacidad aeróbica .Tolima, por su parte, históricamente ha aportado jugadores con una técnica depurada y una excelente pegada.

Naturalmente, siempre existirán excepciones. El fútbol no puede reducirse a una fórmula. Sin embargo, conocer el contexto geográfico, cultural y social del jugador permite comprender mejor sus fortalezas y orientar de manera más adecuada su proceso de formación.

Otro aspecto fundamental es entender que no todos los niños evolucionan al mismo ritmo. Algunos presentan un desarrollo físico temprano donde  se destacan  desde muy pequeños. Algunos  maduran más lentamente y durante varios años, pasan desapercibidos frente a compañeros más desarrollados. Ahí radica uno de los mayores desafíos del scouting: no evaluar únicamente el presente, sino proyectar el futuro.

El verdadero talento no siempre es el que domina a los 13 o 14 años. Muchas veces es aquel que, con una adecuada formación, alcanza su mejor versión entre los 20 y 21 años, cuando la madurez física, mental y táctica le permite competir al máximo nivel.

Hoy contamos con herramientas científicas, evaluaciones físicas, análisis de rendimiento, tecnología y metodologías cada vez más avanzadas. Todo ello representa un enorme apoyo para quienes trabajamos en la formación deportiva. Sin embargo, ninguna herramienta sustituye la capacidad de observar, interpretar y comprender al ser humano que hay detrás del jugador. La ciencia orienta, pero el fútbol continúa sorprendiéndonos con excepciones que desafían cualquier modelo.

Por eso creo que formar futbolistas exige paciencia. Hay jóvenes cuyas condiciones están presentes desde muy temprano, pero necesitan tiempo para desarrollarlas. Otros requieren un entorno adecuado, un entrenador que crea en ellos o simplemente una oportunidad que les permita demostrar lo que todavía no han podido expresar.

Pero existe una reflexión aún más importante.

No todos los niños que ingresan a una club de fútbol llegarán al profesionalismo. Las probabilidades son muy reducidas. Por esa razón, el verdadero éxito de una club de formación no puede medirse únicamente por la cantidad de jugadores que firma un contrato profesional.

También debe medirse por las personas que forma.

Los niños que no lleguen a ser futbolistas profesionales serán quienes construyan gran parte de nuestra sociedad. Allí estarán los futuros médicos, ingenieros, abogados, artistas, docentes, empresarios, entrenadores, profesores de educación física, alcaldes, gobernadores y líderes de nuestras comunidades.

Si el fútbol les enseñó disciplina, respeto, trabajo en equipo, resiliencia y responsabilidad, entonces el proceso habrá cumplido una misión mucho más grande que producir un deportista de alto rendimiento.

El fútbol debe seguir siendo un sueño para quienes aspiran a vivir de él. Pero también debe convertirse en una poderosa herramienta para formar ciudadanos íntegros, capaces de transformar positivamente su entorno.

Cuando entendamos que el mayor triunfo de un club de formación  de fútbol no siempre es producir un profesional, sino formar mejores seres humanos, habremos comprendido el verdadero sentido de nuestro trabajo.

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