Julián Steven Gutiérrez, el profesor de Ráquira que llevó la ciencia de Boyacá hasta Buenos Aires

El docente de la Institución Educativa San Antonio de Ráquira recibió en Argentina el Galardón a la Excelencia Educativa y el Reconocimiento Honorífico Doctor Honoris Causa por su trayectoria en educación, investigación, ciencia e inclusión. Es, según la OIICE, el primer profesor perteneciente a una Secretaría de Educación de Colombia en recibir estos dos reconocimientos.

La historia de Julián Steven Gutiérrez tiene un escenario que dice mucho de su trayectoria: un aula de clase en Ráquira, Boyacá, y una ceremonia internacional en Buenos Aires, Argentina.

Entre ambos lugares hay años de docencia, investigación, acompañamiento a estudiantes y una convicción que ha marcado su trabajo: la ciencia no debe estar reservada para las grandes universidades ni para las ciudades, sino que también puede nacer y crecer en las escuelas de los municipios y en las comunidades rurales.

Esa trayectoria acaba de recibir un doble reconocimiento internacional. El pasado 8 de agosto, durante una ceremonia realizada en Buenos Aires, la Organización Internacional para la Inclusión y Calidad Educativa (OIICE) distinguió al profesor Julián Steven Gutiérrez con el Galardón a la Excelencia Educativa – Edición Argentina y el Reconocimiento Honorífico Doctor Honoris Causa, mediante la Resolución N.º 258 de 2026.

La distinción tiene un elemento particular: de acuerdo con la comunicación recibida de la organización, es la primera vez que estos reconocimientos son otorgados a un docente perteneciente a una Secretaría de Educación de Colombia.

Y detrás de los títulos y las ceremonias hay una historia construida durante años en las aulas de Boyacá.

Gutiérrez es actualmente docente de la Institución Educativa San Antonio de Ráquira, pero su experiencia profesional ha pasado por diferentes escenarios de la educación colombiana.

Fue docente de la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y la Universidad Santo Tomás, y posteriormente ha desarrollado buena parte de su trabajo pedagógico en instituciones educativas de Boyacá.

Entre ellas están la Institución Educativa Técnica Jacinto Vega de Santa María, la Institución Educativa Técnica Valle de Tenza y la Institución Educativa San Antonio de Ráquira.

Ese recorrido le ha permitido conocer dos mundos que con frecuencia parecen separados: el de la formación universitaria y la investigación científica, y el de las escuelas donde niños, niñas y jóvenes descubren por primera vez que también pueden formular preguntas, investigar y producir conocimiento.

Su apuesta ha sido acercar la ciencia a los estudiantes, particularmente en contextos rurales, utilizando proyectos científicos, tecnológicos, ambientales y de divulgación como herramientas pedagógicas.

No se trata solamente de enseñar una asignatura o de transmitir conocimientos.

La idea es despertar en los estudiantes la curiosidad por entender lo que ocurre a su alrededor y convertir esa curiosidad en preguntas, proyectos y soluciones.

En muchas escuelas rurales, hablar de investigación científica puede parecer un asunto lejano, asociado a laboratorios sofisticados, grandes universidades o equipos costosos. La experiencia de Gutiérrez demuestra lo contrario.

Desde las instituciones educativas donde ha trabajado ha promovido procesos para que los estudiantes entiendan que investigar también puede comenzar con algo tan sencillo como observar un problema de su entorno y preguntarse por qué ocurre.

El agua, el ambiente, la tecnología, la biodiversidad y las situaciones propias de las comunidades pueden convertirse así en materia prima para aprender ciencia.

Ese enfoque tiene además una importancia especial en Boyacá, un departamento con una enorme diversidad territorial, ambiental y productiva, donde miles de estudiantes desarrollan su formación lejos de los grandes centros urbanos.
La ciencia deja entonces de ser únicamente un contenido académico y se convierte en una herramienta para leer el territorio y buscar respuestas a sus propios problemas.

La experiencia del profesor Gutiérrez no se ha limitado a la educación básica y media. Su trabajo también ha estado relacionado con procesos académicos y científicos de formación universitaria, incluida la tutoría y dirección de trabajos y tesis de grado.

Esa combinación entre docencia escolar, formación universitaria e investigación ha permitido que su trayectoria se mueva entre diferentes niveles educativos. Y quizá uno de sus mayores aportes está precisamente en ese puente.

Porque mientras algunos investigadores desarrollan su trabajo lejos de las aulas escolares, Gutiérrez ha llevado parte de esa cultura investigativa directamente a los estudiantes.

Su propósito ha sido que niños y jóvenes no sean solamente receptores de conocimiento, sino que puedan convertirse en protagonistas de procesos de investigación, creación e innovación.

Por eso, los dos reconocimientos recibidos en Buenos Aires pueden leerse más allá del nombre de Julián Steven Gutiérrez.
La distinción pone también el foco sobre una realidad que pocas veces ocupa los titulares: lo que ocurre dentro de las escuelas públicas de los municipios de Boyacá.

Mientras en las grandes ciudades se habla de innovación, inteligencia artificial, laboratorios y centros de investigación, en las instituciones educativas rurales hay profesores que, muchas veces con recursos limitados, intentan despertar en sus estudiantes la misma curiosidad científica.

El reconocimiento internacional a Gutiérrez lleva esa realidad hasta un escenario diferente. Es el reconocimiento a un docente que ha transitado por universidades y colegios, pero que encontró en las aulas de Boyacá un espacio para desarrollar una de sus principales apuestas: demostrar que la investigación y la ciencia también pueden construirse desde el territorio.

La noticia tiene además un significado especial para Ráquira. Este municipio, reconocido por su tradición artesanal y cultural, aparece ahora asociado a una historia diferente: la de un profesor que desde una institución educativa del municipio acaba de recibir dos reconocimientos internacionales por su trayectoria.

Y eso también habla del potencial de los territorios. No todos los logros de la educación se producen en Bogotá, Medellín o las grandes capitales. En las escuelas de los municipios también existen docentes que investigan, estudiantes que desarrollan proyectos y comunidades educativas capaces de generar conocimiento.

La historia de Julián Steven Gutiérrez es, en ese sentido, una historia de provincia que logra proyectarse hacia afuera sin dejar de mirar hacia adentro.

Recibir un Galardón a la Excelencia Educativa y un Doctorado Honoris Causa representa, sin duda, un reconocimiento a la trayectoria individual de Gutiérrez.

Pero quizá el significado más profundo está en aquello que hizo posible llegar hasta allí: años de trabajo silencioso en las aulas, acompañando estudiantes, orientando investigaciones, dirigiendo trabajos académicos y tratando de convertir la ciencia en algo cercano y comprensible.

Los premios pasan. Lo que permanece es el impacto que un profesor puede generar en sus estudiantes. Un niño que descubre que puede investigar. Una joven que encuentra en la ciencia una posibilidad profesional. Un estudiante rural que entiende que su territorio también puede ser objeto de investigación y que él mismo puede aportar soluciones.

Ese es, probablemente, el mayor reconocimiento que puede recibir un educador.

Los galardones entregados en Buenos Aires tienen un componente internacional. Pero su origen está mucho más cerca: en las aulas de Boyacá, en Ráquira y en el trabajo cotidiano de un profesor que decidió que la ciencia también debía llegar a los niños y jóvenes de la provincia.

Y desde allí, desde una institución educativa de un municipio boyacense, Julián Steven Gutiérrez acaba de llevar el nombre de su departamento a un escenario internacional.

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