Por donación de US$22,5 millones a una universidad de EE. UU, Petro cuestiona a los Gilinski

Foto: Universidad de Pensilvania

Gabriel Gilinski y su esposa, Stephanie, donaron 22,5 millones de dólares —cerca de 75.000 millones de pesos— a la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos. El aporte financiará becas y cátedras. El expresidente colombiano Gustavo Petro puso sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿por qué una fortuna construida en buena medida a partir de grandes negocios en Colombia destina semejante suma a una universidad estadounidense y no a la educación superior del país?

Son 22,5 millones de dólares. Cerca de 75.000 millones de pesos.

Para tener una idea de la dimensión de la cifra, no se trata de una beca, de unos cuantos computadores o de la construcción de un salón. Es una fortuna que Gabriel Gilinski y su esposa, Stephanie Gilinski, decidieron donar a la Universidad de Pensilvania, una de las instituciones privadas más prestigiosas de Estados Unidos.

La propia universidad anunció esta semana el aporte, que servirá para crear una beca permanente para estudiantes de pregrado y financiar cátedras en Historia, Ciencia Política y Economía. Gabriel Gilinski conoce bien esa universidad: se graduó allí en 2008 en Ciencia Política, con estudios complementarios en Economía. La beca podrá beneficiar también a estudiantes educados en América Latina.

Nada ilegal hay en ello. Es su dinero y pueden invertirlo, ahorrarlo o regalarlo donde quieran. Pero Gustavo Petro decidió plantear otra discusión.

“¿En qué Patria está su corazón?”, preguntó al conocer la noticia. Porque Gabriel Gilinski pertenece a una de las familias empresariales más poderosas de Colombia. Su padre, Jaime Gilinski Bacal, construyó durante décadas un conglomerado con enormes intereses en el sistema financiero, la industria, los alimentos y los medios de comunicación.

Entre sus negocios están Banco GNB Sudameris —cuyos principales accionistas son sociedades vinculadas al conglomerado—, Lulo Bank y participaciones en Metro Bank de Reino Unido. GNB Sudameris tiene además operaciones en Perú y Paraguay y su red Servibanca supera los 2.500 cajeros en Colombia. Y está el Grupo Nutresa.

La familia Gilinski consolidó el control del gigante colombiano de alimentos, dueño de marcas que forman parte de la vida cotidiana de millones de colombianos: Jet, Zenú, Pietrán, Noel, Festival, Crem Helado y muchas otras. Gabriel Gilinski es actualmente presidente de su junta directiva.

Petro indagó ¿por qué 22,5 millones de dólares para una universidad estadounidense y no una suma semejante para la Universidad Nacional, la Universidad del Valle o cualquier otra institución pública colombiana?

Es una pregunta, no una obligación. Los Gilinski no tienen el deber jurídico de donar su fortuna a Colombia y, además, la familia y empresas vinculadas a ella han realizado aportes sociales y educativos en el país. Icesi, por ejemplo, ha reconocido públicamente aportes de la familia, y Nutresa también ha hecho una donación a Eafit. Pero eso no elimina la discusión que abrió Petro.

Colombia es el país en el que buena parte de esos negocios crecieron, donde millones de personas consumen los productos de Nutresa, utilizan los servicios de sus entidades financieras y donde miles de trabajadores han contribuido durante décadas a generar el valor de esas compañías.

Los 22,5 millones de dólares equivalen a cerca de 75.000 millones de pesos destinados de una sola vez a fortalecer una universidad de Estados Unidos.

Petro sostuvo que ese dinero habría podido beneficiar a universidades colombianas y planteó su cuestionamiento en términos de gratitud con el país en el que la familia construyó buena parte de su patrimonio.

La Universidad de Pensilvania, naturalmente, tiene otra lectura. Celebró el aporte como una donación excepcional que permitirá ampliar el acceso de estudiantes con necesidades económicas y fortalecer su planta académica. La institución destacó, además, que la nueva beca podrá favorecer a jóvenes formados en América Latina.

Y Gabriel Gilinski explicó su decisión desde su propia experiencia. Dijo creer profundamente en el valor de las artes liberales y en la formación que recibió en Penn, y destacó el efecto transformador que puede tener el acceso a la educación.

La discusión, entonces, no debería ser si los Gilinski podían hacerlo. Claro que podían. La discusión que dejó abierta Petro es otra: cuando una familia ha construido una de las mayores fortunas de Colombia, ¿tiene algún compromiso, más allá de pagar impuestos y cumplir la ley, con el país en el que esa riqueza pudo crecer?

Y, sobre todo, una pregunta que inevitablemente queda flotando después de conocer el tamaño del cheque:

¿Qué podrían hacer 75.000 millones de pesos por los jóvenes que hoy intentan entrar y permanecer en una universidad pública colombiana?

    Publicidad

    DEJA UNA RESPUESTA

    Por favor ingrese su comentario!
    Por favor ingrese su nombre aquí

    Confirma que no eres un bot:


    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.