El emperadorcito

Imagen creada con IA

Por | Darío Rodríguez / Escritor

A la presidencia no llega una camiseta de la Selección Colombia ni el dibujo animado de un felino feroz. Llegan personas. Seres humanos. Hay que aclararlo antes de nombrarlos pues en estos tiempos conviene explicar lo obvio para que la necedad se detenga un poco. El hecho de que un figurín con ilusiones aristocráticas vaya a ser el presidente de la república no puede opacar la aplastante realidad: ADLE no llega sin compañías a convertirse en reyezuelo.

Mientras se realizaban los tristes escrutinios y se volvían a contar los votos, el grupo de apoyo del señor ADLE no se quedó quieto. Van a colaborar en el mandato, incluso van a gobernar mientras el presidente aprende que la organización del Estado no se lleva a cabo rugiendo balandronadas en emisoras, ni bailando, ni cantando vallenatos junto a Vicky Dávila.

Cada clan, cada casta tiene, desde hace rato, sus fichas dispuestas para llegar a ministerios, entidades, secretarías y cargos menores. Eso está pensado con bastante antelación. El presidente electo está ocupado en lo que a él le importa realmente, el cuidado de su peluquín o de sus injertos de cabello y la protección de su barbita propia del reggaetón de 2006. Quiere ser el émulo de Yandel, el de Wisin y Yandel. Con ese flow criminal se sentará sobre el solio presidencial. Y ese es su nivel. No da para más.

Mientras tanto, los delegados del grupo AVAL, de la familia Char, de la oficina de Fico Gutiérrez, de ciertos establos uribistas, de lo más rancio y sospechoso entre antiguas camarillas políticas, se preparan para hacer justo lo que Yandel – ADLE prometió millones de veces en campaña que no iban a hacer: volver a apoderarse de la teta del Estado. ¿Qué no han vivido de ella? No es verdad. Y quienes aún no han vivido de esa teta con el respaldo de ADLE van a comenzar a deleitarse gracias a contratos, negocios, viajes, diversión. Y plata. Harta plata. Porque la campaña presidencial no se va a costear sola, y menos si las empresillas del candidato andan en bancarrota. Los tigrillos, tigresos, tigroides y demás gentes cercanas al futuro gobierno nacional tienen ya sus empleos asegurados con el fin de cumplirles a sus patronos.

Se habla de Carlos Suárez – el cerebro de la campaña – como posible cabeza de Ecopetrol. Están regresando nombres funestos. María Fernanda Cabal, Elsa Noguera, Carlos Alonso Lucio, Germán Calderón España, Rodrigo Lara (sin ningún tipo de vergüenza), Viviane Morales, Mauricio Gómez Amín, el Bukele santandereano Jaime Andrés Beltrán y hasta María Paz Gaviria (genial alternativa para la fusión y posterior destrucción del ministerio de las Culturas).

Cada uno es una historia de terror.

¿Y el pueblo del cual habló ADLE, tan ancho, sin recato, el domingo en que lo eligieron? “Al pueblo nunca le toca”, dijo Álvaro Salom Becerra. El pueblo invocado por caudillos de toda laya está ahí para pagar impuestos y partirse el lomo en pro del progreso de Gómez Amín o de Elsa Noguera. Le conceden, eso sí, el privilegio de portar la camiseta de la selección Colombia para que se sienta millonario, empresario, poderoso.

Los milagros empiezan a realizarse. Resucitan viejos caciques, no los Nunca sino los Siempre. O les dan oportunidades financieras a unas pobres personas, quienes desde Miami, Fort Lauderdale, New York no tenían cómo venir a extender sus emprendimientos, secar, lavar, extraer, ya directamente saquear, en Colombia. Desde el próximo 7 de agosto tienen el campo libre.

Órdenes de arriba, claro. Del emperador y de su áulico Marco Rubio.

 

Lo dijo mejor el maestro Nelson González en aquél viejo tema tropical:

 

Pero el gran emperador

tenía un emperadorcito

y a todo el que se encontraba

en esta forma le hablaba:

“Ponga cuidado, preste atención,

que le está hablando

el emperadorcito”.

Vamos a ponerle cuidado, por supuesto. Si queremos sobrevivir debemos hacerlo.

Pero que no espere por parte de millones de colombianos ni un minuto, ni un segundo de apoyo a su gobierno.

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