Alerta Naranja

Imagen creada con IA
Por | Darío Rodríguez / Escritor

Los asesores en políticas artísticas y culturales de Abelardo de la Espriella (ADLE) redactan más de cuarenta páginas con el grandilocuente título “Firmes con la cultura (2026 – 2030)”. Es un borrador con proposiciones tan claras que parece ya documento definitivo. Y no le deja opciones a casi ningún artista ni creador cultural en este país. Los únicos que se salvan del desastre que vendrá son aquellos que aún no han nacido. O quienes viven fuera de Colombia.

El espacio de esta columna es insuficiente para comentar cada párrafo de ese maligno texto. Que destila odio hacia lo que se inició hace cuatro años con el fortalecimiento del Ministerio de las Artes, las Culturas y los Saberes. Donde se ha conseguido apoyo y fomento a iniciativas legítimas de investigación o forja de obras y propuestas (con un presupuesto pírrico; aunque eso no es nuevo y así se ha podido laborar), los supuestamente astutos asesores de ADLE ven robos, vagabundería, subvenciones a activistas y panfletos.

Quieren acabar con las convocatorias públicas y con programas como Artes para la Paz – que ha llevado formación artística a cada municipio de la nación – alegando que el Estado no debe patrocinar esos procesos pues el patrocinio impide la profesionalización y la competitividad a las artes, especialmente, en el concierto del mercado global. Sí. El mercado. Porque los asesores de ADLE son flores de plomo del neoliberalismo. Esa es la razón por la cual los comisionaron para que, firmes, vayan pensando cómo van a reducir las capacidades del Ministerio. Hasta liquidarlo, tal vez.

Borrarán de un plumazo la senda del ‘Plan Nacional de Cultura 2022 – 2032’, esfuerzo de cobertura, de respaldo que requirió para su construcción del diálogo nacional y cuyos frutos apenas estaban germinando.

Pero esta siembra al próximo gobierno no le interesa ni siquiera conocerla porque ven “socialcomunismo” (como dijo ADLE durante la entrega de sus credenciales sin saber realmente de qué estaba hablando) en todas partes. Y para comprobarlo basta leer la declaración del jefe de empalme en asuntos culturales, Andrés Jaramillo Gallego. Pieza digna del regente de un casino o de un baratillo. Además, escrita con el entusiasmo de quien supone fumigar maleza en el bello jardín desértico ordenado por el Fondo Monetario Internacional o el Banco Interamericano de Desarrollo. https://www.facebook.com/510031427/posts/10162419874796428/?rdid=jsWFmKrp2wG7vgjb# .

Jaramillo habla de una verdadera descentralización y no de ejecutorias realizadas “desde un escritorio en Bogotá”. Lo que tecnócratas como él entienden por descentralizar es la agudización de procedimientos que ya fracasaron como la Economía Naranja del olvidable Iván Duque, el regreso a mecanismos de subsidio provenientes del sector privado (que suele apoyar más a la industria del entretenimiento) mediados por una “Agencia de Industrias Culturales” y por CoCrea, o un retroceso a lo que hace diez o quince años se denominaba como “empresas culturales”.

Quieren que regresemos a las épocas en las cuales, para percibir algún recurso monetario, la persona, el grupo artístico o turístico se convertían en pequeñas empresas o industrias. Los que podrían, mostraban resultados. Un mimo o una poeta – por poner dos ejemplos de esta condenada cadena – debían demostrar, como ejecutivos, que su arte brindaba billetes en gran cantidad. Si no, quedaban excluidos o dejaban de existir dentro de las lógicas de la estrategia comercial. Todo esto ya se probó en Colombia. Y costó el sacrificio de casi una generación darse cuenta de que no funciona. No obstante, para el señor Jaramillo y sus sabios de la mercadotecnia, esa es la panacea que nos liberará del “socialcomunismo”. Pretenden precarizar aún más a un puñado de gentes que todavía le apuestan al arte, porque es su destino.

En el fondo, le temen a la capacidad del arte y de la expresión para poner en tela de juicio no sólo al poder de ADLE sino a toda forma del poder.

En su día resistimos a esa avalancha de mercaderes y de torpezas. Ahora la cuestión no es si estamos enamorados o no del presidente Petro, sino de si tenemos o no tenemos dignidad.

El gobierno de ADLE aún no inicia y quienes trabajamos desde las artes y las culturas estamos ya preparados para responder a estas nuevas bofetadas.

Porque está claro que trataremos con patanes.

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