En Jardines Santa Isabel, al norte de Tunja, se realizan esta tarde las exequias de un hombre que, por su trabajo y calidad humana, se ganó durante casi cuatro décadas el reconocimiento de los medios de comunicación de Boyacá. Llegó a Tunja en 1989, después del asesinato del periodista Jorge Enrique Pulido, y desde entonces dedicó su vida a las cámaras, el sonido, la producción audiovisual y a acompañar buena parte de los grandes eventos del departamento.
José Calazanz Rodríguez Prieto murió en las últimas horas en Tunja, pocos días después de haber cumplido 80 años. Para quienes trabajaron durante décadas en los medios y en la producción de eventos en Boyacá, su partida significa la despedida de uno de los grandes referentes de la producción audiovisual en el departamento.

Rodríguez había nacido en Bogotá y allí comenzó, desde muy joven, su trayectoria en la televisión colombiana. Trabajó con reconocidas programadoras como Punch y RTI y estuvo vinculado al Noticiero Nacional, en una época en la que la televisión se hacía con equipos mucho más pesados, grandes exigencias técnicas y un profundo conocimiento del oficio.
Con frecuencia viajaba desde Bogotá a Boyacá para realizar grabaciones y reportajes. Por entonces, sin embargo, establecerse en Tunja no estaba entre sus planes.
Todo cambió en 1989, tras el asesinato del periodista Jorge Enrique Pulido, ocurrido en el contexto de la violencia del narcotráfico y los ataques contra periodistas en Colombia. La muerte de Pulido dejó sin trabajo a buena parte del equipo técnico y periodístico que lo acompañaban.

Fue entonces cuando el periodista Miguel Ángel Molina invitó a Rodríguez a trabajar en Boyacá. José aceptó y llegó a Tunja junto con su esposa, María Elvia Rodríguez, y sus hijos, Holman y William Oswaldo.
Lo que inicialmente pudo parecer una circunstancia laboral terminó convirtiéndose en una historia de casi 40 años de vida en Boyacá.
Desde su llegada, José Rodríguez estuvo vinculado a Imágenes Boyacá Noticias, al entonces Instituto de Cultura de Boyacá —hoy Secretaría de Cultura— y a innumerables actividades públicas y privadas que requerían producción audiovisual.
Cámaras, sonido, grabación, edición y transmisión fueron parte de su cotidianidad. Su hijo Holman recuerda que José podía encargarse prácticamente de todo el proceso: grababa, editaba y entregaba el material.

Y su trabajo no se limitaba a las grandes producciones institucionales. También atendía lo que, con humor, su familia llamaba la ‘BBC: bodas, bautizos y cumpleaños’.
“Era un hombre silencioso, pero efectivo”, recuerda su hijo. Su oficio implicaba jornadas largas, noches, fines de semana y desplazamientos constantes. Para él, sacar adelante una producción y garantizar que todo funcionara era parte de la responsabilidad que había asumido.
Durante décadas, buena parte de los acontecimientos culturales y públicos de Tunja contó con su trabajo. El Festival Internacional de la Cultura, presentaciones teatrales, actividades en escenarios como el Teatro José Mosser, transmisiones y todo tipo de eventos requirieron en algún momento los conocimientos de Rodríguez.

En el ámbito técnico hizo además una dupla especialmente recordada con Elías Barrera, encargado del control técnico. Juntos se convirtieron, según quienes conocieron su trabajo, en una especie de garantía para que las transmisiones y producciones salieran adelante.
El oficio terminó convirtiéndose en una tradición familiar. Sus dos hijos siguieron caminos relacionados con los medios de comunicación. William Oswaldo estuvo vinculado a la emisora de la Gobernación de Boyacá y posteriormente continuó su actividad profesional en Bogotá.
Holman Hamid, por su parte, trabajó en la Oficina de Prensa de la Gobernación de Boyacá y actualmente está vinculado a la Oficina de Prensa de Corpoboyacá.

Para sus hijos, más allá de las habilidades técnicas, José dejó una enseñanza basada en valores como la responsabilidad, la puntualidad y el compromiso con el trabajo.
Su vida profesional también estuvo marcada por una característica que quienes lo conocieron recuerdan especialmente: su independencia. Durante buena parte de sus últimos años siguió trabajando por cuenta propia y atendiendo producciones y eventos.
Se había pensionado aproximadamente ocho años atrás, pero la jubilación no significó alejarse de las cámaras. Continuó realizando trabajos audiovisuales y manteniéndose activo en el oficio que había ejercido durante prácticamente toda su vida.
El pasado 2 de agosto, José Rodríguez cumplió 80 años. Lo celebró acompañado por sus dos hijos, en una reunión que terminó convirtiéndose en uno de sus últimos encuentros familiares.
Ahora, sus colegas y amigos de los medios de comunicación de Boyacá lo despiden recordando al hombre que durante décadas estuvo detrás de las cámaras de innumerables acontecimientos, muchas veces sin aparecer en primer plano, pero haciendo posible que otros pudieran hacerlo.
Su historia comenzó en Bogotá, en los primeros años de la televisión colombiana, y terminó arraigada en Boyacá, donde construyó buena parte de su vida y dejó una huella profesional que sus hijos, colegas y amigos reconocen hoy.
Las exequias de José Calazanz Rodríguez Prieto se realizarán esta tarde, a las 2:30 p. m., en la capilla San Jorge del Parque Memorial Jardines Santa Isabel, en el kilómetro 7 de la carretera hacia Paipa.
Allí se reunirán sus familiares, amigos y compañeros de oficio para despedir a un hombre que pasó casi cuatro décadas detrás de las cámaras y que terminó convertido, sin buscar protagonismo, en uno de los referentes de la producción audiovisual en Boyacá.





