
Fueron 90 segundos de eternidad donde la tierra se abrió y el pueblo se juntó. El universo crispó los dedos y ocurrió el primer remezón__ Y yo no espere la segunda sacudida, salí corriendo y otra vez llegué tarde: estoy viva por impuntual.
El pasado lunes cuando el terremoto se nos echó encima con la ventolera del tiempo y las tragedias agazapadas; El edificio se balanceó y vi pasar mi vida, como sucede en las películas (24 cuadros por segundo), me dolió una parte del cuerpo que no sabía que tenía: La piel de la memoria que como un animal escuchó crujir al mundo.
Estupefacta la gente rodaba a todos lados, se arrodillaba, rezaba, y sólo una nube de polvo lo inundaba todo. Es difícil morirse bien cuando se cree que es el final de todo, pero que está Dios esperándote el lunes 10 de agosto en el terremoto de magnitud 7,4 que golpeó a Colombia es «el peor» registrado en este siglo, según el Servicio Geológico Nacional.
Este catastrófico lunes, fue testigo del despertar de la sociedad civil, fue el día en que la gente no esperó al gobierno y salió a las calles con los puños levantados para auscultar si alguien vivía, y cuando escuchaban el murmullo aplaudían; por cada cuerpo arrebatado a la muerte, celebramos entre lágrimas.
Nuestro país es mejor ahora de lo que era en el 2012, cuando ocurrió el terremoto de La Vega (Cauca); Hoy sabemos más de nuestros males y abismos con más énfasis, devoción y terquedad que antes. Somos menos ciegos, más valientes.
La segunda sacudida del siglo, no sólo descubrió los secretos de la tierra, sino que también sacudió las entrañas de la corrupción en la construcción y el mantenimiento de edificios que incluye desde sobornos en macroproyectos de infraestructura, y anomalías en curadurías urbanas; Sin embargo, se le echa la culpa a la tierra que saturada de agujeros reclama la vida, como también al pecado de los nadies, a los que quisiera poner el hombro, pero únicamente pongo las palabras que casi siempre acaban en nada.
ESCRITO AL MARGEN: Un saludo telúrico a todas las buenas personas que ayudaron, que se arriesgaron entre tinieblas, a los que se devolvieron por los abuelos, a los que ofrecieron el agua, a los que rezaron en una lengua extraña, porque se les olvidó rezar, a los que salieron descalzos con el gato enmochilado, a los que pusieron el corazón, y a todos los que me hicieron caso. ¡gracias¡











