La posesión presidencial, significado y práctica

Imagen creada con IA
Por | Manuel Humberto Restrepo Domínguez

La geografía del poder presidencial refleja la historia de la concentración territorial del Estado. Bogotá es la capital administrativa y el espacio simbólico donde se produce la legitimidad del poder y representación del poder nacional. La historia de los presidentes de Colombia no es solo de quienes ocupan el cargo, sino también de una capital que terminó convirtiéndose en la expresión espacial de la unidad del Estado y del presidencialismo colombiano no por capricho, ni voluntad personal.  Y hasta ahora nadie, salvo quizá el proyecto de “refundación de la patria” ha pretendido cambiarla.

      Durante la independencia y comienzo de la república no existía una geografía política estable, dando lugar a la coexistencia de gobiernos provinciales, triunviratos y presidencias efímeras que respondían entre 1810 y 1819 a la fragmentación del antiguo virreinato de la nueva granada llevando a que Cartagena, Tunja, Santafé, Popayán y otras ciudades buscando legitimidad política, produjeran la denominada patria boba que por dispersión del poder permitió la reconquista española, lo que sí volviera a ocurrir sería el equivalente de la retoma de la soberanía por EEUU como invasor.

    Con la gran Colombia a partir de 1819 Bogotá fue escogida como capital constitucional, no por casualidad sino resultado de acuerdos por su posición relativamente central respecto del antiguo virreinato y lugar más adecuado para albergar al Estado moderno y sus instituciones de poder. Hace 200 años, el palacio de san Carlos fue convertido por Bolívar en residencia presidencial mientras ocurría la transición entre el poder colonial y el poder republicano y se tomaban decisiones de organización territorial, guerras civiles, abolición de la esclavitud, reformas, construcción del aparato estatal y reglas sobre la casa del gobierno y la posesión presidencial, ya que algunos habían jurado ante el Congreso; otros ante tribunales, consejos de gobierno o autoridades militares. Inclusive en momentos de inestabilidad o guerra Bogotá ha sido respetada como centro político del poder nacional.

    En 1886 la nación adquirió la casa donde nació Antonio Nariño y desde 1908 la convirtió en sede permanente del gobierno y residencia presidencial como palacio de Nariño. Hasta hoy allí se han posesionado, gobernado y vivido la totalidad de 26 presidentes de estos últimos 125 años. El palacio ha significado la institucionalización física del presidencialismo en mitad de un encuadre democrático cerca al palacio de justicia (y cortes y tribunales) y el congreso, que definen los tres poderes públicos, unidos por la obligación que les impone la constitución de “garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos” (art 188 C.N)  y en nombre del pueblo de Colombia  “fortalecer la unidad de la nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo,  la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz” (preámbulo C.N). La proximidad física de los poderes, la cancillería y la alcaldía de Bogota (cuarta parte de la población) evita abusos y deseos dictatoriales.

       Gobernar desde Bogota y hacerlo desde el palacio no obedece a caprichos de partido o caudillo, ni ocurre a discreción del gobernante, es un resultado democrático de acuerdos, pactos y respuestas a crisis que tuvieron en guerra a la nación. Desde finales del siglo XIX hasta hoy todos los presidentes han gobernado desde Bogotá, aunque ocasionalmente adelanten reuniones o despachen desde otras regiones. Bogotá es en democracia la sede jurídica y política del gobierno y la ceremonia de posesión el complementa de este acuerdo político de Estado, que resalta la primacía al poder civil. En la ceremonia el nuevo presidente públicamente asume respetar y hacer respetar la constitución, los derechos y la soberanía, prestando juramento ante el Congreso reunido en el Capitolio Nacional, frente a la Plaza de Bolívar, que representa el escenario de mayor fuerza simbólica de civilidad nacional. La posesión es un asunto colectivo de máximo nivel para exaltar la vigencia de la democracia.

     Cada nuevo mandatario recibe el poder de la Constitución a través del Congreso y se dirige a la Casa de Nariño para asumir el ejercicio efectivo de la Presidencia. Este ritual expresa que el poder presidencial deriva del orden constitucional y no de la voluntad personal del gobernante. La posesión más allá de cualquier coyuntura tiene un profundo significado democrático, a ella acuden, interactúan y se ponen en evidencia élites políticas, económicas, jurídicas, militares, académicas, mediáticas y de interés global y el pueblo toma nota del futuro que le espera para legitimar o anunciar su rechazo.

P.D. Recomendado para leer: “De defender a narcotraficantes a declarar la guerra”, The New York Times, 07/26.

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