
La elección de Rafael Acevedo volvió a demostrar que el electorado de la capital boyacense difícilmente sigue libretos políticos. En Tunja las maquinarias no garantizan triunfos, los grandes respaldos pueden convertirse en un lastre y los ciudadanos terminan rompiendo todos los pronósticos.
Si algo volvió a quedar claro en las elecciones atípicas de este domingo es que Tunja es, probablemente, el municipio electoralmente más impredecible de Boyacá.
Los tunjanos tienen una vieja costumbre: cuando llegan a las urnas suelen desbaratar los cálculos de estrategas, dirigentes, encuestadores y caciques políticos. Votan como consideran que deben hacerlo, aunque eso signifique ir en contravía de las tendencias nacionales, departamentales o de las poderosas maquinarias electorales.
No es un fenómeno nuevo. Hace más de una década la capital boyacense comenzó a marcar diferencias frente al comportamiento electoral del resto del departamento.
Mientras Boyacá ha acompañado tradicionalmente a los grandes bloques políticos, Tunja ha demostrado una inclinación por los candidatos que representan una ruptura con el establecimiento.
En las elecciones presidenciales de 2022, por ejemplo, mientras buena parte del departamento se inclinó por Rodolfo Hernández en primera y segunda vuelta, los tunjanos respaldaron mayoritariamente a Gustavo Petro. Y este año, cuando Colombia eligió presidente a Abelardo de la Espriella, la capital boyacense volvió a remar en sentido contrario y prefirió darle su apoyo a Iván Cepeda.
Ese mismo comportamiento ya se había visto en las elecciones para la Alcaldía de 2023. Casi todos los pronósticos favorecían a Jhon Carrero, candidato respaldado por el candidato a la Gobernación Carlos Amaya y por el gobernador Ramiro Barragán.
Otros veían con opciones a Vicente Aníbal Ojeda, un dirigente reconocido y con el apoyo de sectores tradicionales del conservatismo.
Sin embargo, los tunjanos decidieron entregar la Alcaldía a Mikhail Krasnov, un profesor universitario de origen ruso, sin trayectoria política y prácticamente desconocido para la mayoría de los electores hasta pocos meses antes de la campaña.
Tres años después ocurrió algo similar. Sobre el papel, Sandra Milena Estupiñán aparecía con una de las estructuras políticas más robustas de la contienda. La respaldaban el exalcalde Mikhail Krasnov, la mayoría de los concejales de Tunja, la representante Ingrid Sogamoso, dirigentes de la Alianza Verde como Yamit Noé Hurtado y Wílmer Castellanos, además de otros sectores políticos.
En la otra orilla estaba Yamir Oswaldo López, candidato oficial de la Alianza Verde, respaldado por el gobernador Carlos Amaya, el senador Jhon Jairo Amaya y el representante Jaime Raúl Salamanca, además de alcaldes, diputados, concejales y dirigentes regionales.
Entre ambos concentraban buena parte del poder político organizado de Boyacá.
Pero los tunjanos volvieron a sorprender. El ganador fue Rafael Guillermo Acevedo Pedroza, un candidato que hizo una campaña mucho más austera, sin grandes maquinarias y con el respaldo abierto de apenas un concejal de la ciudad.
Y tampoco el Pacto Histórico logró romper esa lógica. Aunque durante las dos últimas semanas de campaña desfilaron por Tunja figuras nacionales como Iván Cepeda, Aída Quilcué, David Racero, María José Pizarro, Camilo Romero y otros dirigentes del petrismo, su candidato, Gerson Nicolás Cortés, terminó en el cuarto lugar.
La elección deja una conclusión que vuelve a repetirse: en Tunja las maquinarias ayudan, pero no deciden; los grandes respaldos políticos no garantizan victorias y, en ocasiones, incluso terminan convirtiéndose en un peso adicional para los candidatos.
Por eso, intentar descifrar el comportamiento electoral de los tunjanos sigue siendo uno de los mayores desafíos de la política boyacense.
En la capital no siempre gana quien tiene más recursos, más publicidad o más dirigentes detrás. Con frecuencia termina imponiéndose quien logra conectar mejor con un electorado que ha hecho de la independencia —o, si se quiere, del ‘capricho’— su principal sello.
Porque si algo volvió a demostrar Tunja este domingo es que, cuando llega el momento de marcar el tarjetón, los ciudadanos escuchan a todos… pero terminan votando como les da la gana.











