Mientras Yamid Amat permanece en cuidados intensivos de la Fundación Santa Fe de Bogotá, vale la pena volver a la ciudad donde comenzó todo. Antes de Caracol, CM&, Radionet, las grandes entrevistas y más de seis décadas de periodismo, estuvo el muchacho del Colegio Salesiano que no soltaba el micrófono, fundó un cineclub, manejaba el sonido de los festivales estudiantiles y terminó trabajando de noche en Radio Boyacá. Tunja ha dado grandes periodistas y otros comenzaron aquí su historia, pero pocos alcanzaron la dimensión nacional de Yamid Amat.
Yamid Amat está desde el lunes en la noche en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Su estado es crítico y el pronóstico, reservado, según el comunicado divulgado por la institución médica con autorización de su familia.
Y mientras buena parte del país está pendiente de su evolución, en Tunja hay razones adicionales para estarlo.
Porque antes del Yamid Amat que durante más de seis décadas preguntó, entrevistó, dirigió noticieros, creó medios, abrió micrófonos y tuvo frente a él a presidentes, ministros y a buena parte de los personajes que han escrito la historia reciente de Colombia, hubo otro Yamid. El de Tunja.
El muchacho del Colegio Salesiano Maldonado que tenía una particularidad que, vista tantos años después, parecía anunciar lo que vendría: no soltaba el micrófono.
Orlando Flechas Corredor, compañero suyo durante tres años de bachillerato, escribió hace algunos años en EL DIARIO uno de los recuerdos más interesantes que existen sobre aquella época. Los dos pertenecían a familias de clase media, estudiaban en un colegio exigente, con una disciplina fuerte y una formación basada en la ética y los valores humanos. Pero Yamid ya tenía algo distinto.
Flechas recuerda que transmitía la misa los domingos, después un partido de voleibol y más tarde uno de fútbol. “Era incansable con el micrófono”, escribió. El rector, el padre Martínez, terminó encargándole el equipo de sonido del colegio y por aquellos parlantes comenzaron a escucharse durante los descansos Los Beatles, Frank Sinatra, Elvis Presley, Palito Ortega, Olga Guillot y Doris Day.
Yamid fundó el primer cineclub de Tunja, donde aquellos muchachos comenzaron a aprender de cine, actores, actrices y crítica cinematográfica. También participaban en dramas y comedias del teatro Salesiano, una escuela improvisada para aprender a dominar la voz, hablar en público y manejar la expresión corporal.
En los festivales de los colegios de Tunja era el que manejaba los equipos de sonido, animaba los bazares y ponía música. Flechas dice algo delicioso: hacía de disc jockey cuando aquí prácticamente nadie sabía qué era eso.
Yamid también preparaba la cartelera del colegio y allí ponía para que sus compañeros leyeran las columnas de Calibán, Klim, Abdón Espinosa, Álvaro Gómez, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo, además de las caricaturas de Pepón. Uno de aquellos nombres resulta particularmente simbólico: Calibán.
Porque Enrique Santos Montejo tampoco fue un extraño para Tunja. Aunque había nacido en Bogotá, llegó muy joven a esta ciudad y aquí comenzó una etapa fundamental de su carrera. En 1909 fundó, junto con Pedro Antonio Zubieta, La Linterna, aquel periódico liberal desde el cual comenzó a construir una trayectoria que después lo llevaría a El Tiempo y a convertir su columna Danza de las Horas en una de las más influyentes de la prensa colombiana.
Décadas después, un muchacho del Salesiano pegaba las columnas de Calibán en una cartelera para que las leyeran sus compañeros. Ese muchacho era Yamid Amat.
Pero quizás la historia más bonita está fuera del colegio.
Antes de las grandes cadenas y mucho antes de convertirse en uno de los hombres más reconocidos de la radio colombiana, Yamid trabajó en una pequeña emisora de Tunja.
Radio Boyacá.
El propio Flechas recuerda que allí trabajaba de noche y que sus compañeros lo escuchaban “dar las horas y las dedicatorias de amores frustrados y de despecho”.
El propio Yamid lo contó muchos años después de manera todavía más sencilla: “Arranqué como control en Radio Boyacá, en Tunja”.
Después aparecería Gustavo Nieto Roa, quien le dio una oportunidad, y llegaría El Club de los Murciélagos, un programa nocturno que iba de diez de la noche a una de la mañana.
Por eso, aunque muchas biografías comienzan la historia profesional de Yamid Amat cuando llegó a la radio bogotana, los recuerdos de quienes estuvieron con él y su propio testimonio permiten ir un poco más atrás.
Yamid llegó a Caracol, participó en la transformación de 6 AM, dirigió los servicios informativos de esa cadena, creó Radionet, fundó CM&, fue el primer director de Noticias Caracol y convirtió la entrevista en una especialidad que practicó durante décadas. No fue solamente periodista.
Fue director, empresario de medios, creador de formatos y maestro de varias generaciones.
En 1987 recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar a la Vida y Obra. Tenía apenas 45 años. El reconocimiento que normalmente corona una carrera le llegó cuando todavía tenía por delante varias décadas de periodismo.
Y ahí surge inevitablemente una pregunta: ¿es Yamid Amat el periodista más importante que ha dado Boyacá? No es sencillo responderla porque Tunja, especialmente, tiene una historia periodística extraordinaria.
Aquí nació en 1917 Enrique Santos Castillo, hijo de Calibán, quien durante más de medio siglo fue una figura fundamental de El Tiempo. No necesitó convertirse en una celebridad frente a las cámaras: desde la jefatura de redacción y posteriormente como editor general decidió titulares, fotografías, enfoques y primeras páginas, y ayudó a formar varias generaciones de periodistas.
También nació en Tunja Plinio Apuleyo Mendoza, periodista, escritor y diplomático, director de Semana, columnista durante décadas y Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar a la Vida y Obra. Su amistad con Gabriel García Márquez produjo El olor de la guayaba, uno de los libros de conversaciones más conocidos de la literatura y el periodismo colombianos.
Mucho antes, en 1814, había nacido aquí José Joaquín Ortiz, escritor, educador y periodista de los primeros tiempos de la República. Y en generaciones más recientes aparecieron otros dos tunjanos que alcanzaron reconocimiento nacional.
Juan Manuel Ruiz Machado, formado inicialmente en esta ciudad, llegó a RCN, trabajó durante años al lado de Juan Gossaín, fue jefe de redacción y subdirector de noticias y construyó una larga carrera en la radio nacional.
Y Guillermo Prieto La Rotta, Pirry, también nacido en Tunja, consiguió algo especialmente difícil: llevar durante años la crónica, el reportaje y la denuncia al horario de gran audiencia de la televisión colombiana. Son generaciones distintas y formas completamente diferentes de ejercer este oficio.
Y está Calibán, que no nació aquí pero dejó una huella enorme: hizo periodismo en Tunja, fundó La Linterna y aquí nació su hijo Enrique Santos Castillo.
Hay, entonces, una tradición que probablemente la propia ciudad no ha dimensionado suficientemente.
Una Tunja relativamente pequeña produjo o ayudó a formar periodistas que terminaron ocupando lugares centrales en la prensa, la radio y la televisión colombianas.
Pero incluso dentro de semejante nómina, la dimensión alcanzada por Yamid Amat es excepcional.
Por duración, influencia, capacidad para crear medios, presencia simultánea en radio, televisión y prensa y, especialmente, por haber permanecido durante más de seis décadas en el centro de la información nacional, su nombre ocupa un lugar muy difícil de igualar.
Y pensar que una parte de todo eso comenzó con un muchacho que manejaba el equipo de sonido de un colegio de Tunja.
Quizás Orlando Flechas encontró, hace años, la mejor manera de resumirlo cuando recordó al compañero que transmitía misas, voleibol y fútbol, organizaba cineclubes, animaba festivales y llenaba la cartelera del colegio con las columnas que consideraba importantes. “Definitivamente El Turco había nacido para periodista”, escribió.
Y tenía razón porque aquel muchacho de Radio Boyacá terminó siendo escuchado por todo un país.
Hoy, mientras Yamid Amat libra una batalla muy distinta en una Unidad de Cuidados Intensivos de Bogotá, Tunja puede recordar con orgullo que una de las historias más grandes del periodismo colombiano comenzó aquí, detrás de un micrófono.











