Tunja despidió a Álvaro Endara Neira, el empresario que comenzó vendiendo llantas y construyó Disautos

Uno de los empresarios más reconocidos y apreciados de Tunja fue despedido este jueves 22 de octubre, en Jardines de Santa Isabel. Orgulloso de sus raíces en Siachoque, comenzó vendiendo llantas cerca de Los Hongos y terminó construyendo una de las concesionarias más importantes de Boyacá, con presencia en Tunja, Duitama y Sogamoso.

Durante mucho tiempo, Álvaro Endara Neira tuvo que dormir dentro de los mismos automóviles que vendía. No era por comodidad ni por alguna excentricidad. Simplemente, cuando comenzó a levantar su empresa, no tenía dinero suficiente para contratar un vigilante y le correspondía cuidar personalmente los vehículos.

Esa era una de las historias que él mismo contaba para recordar sus comienzos como empresario. Con el paso de los años, aquel hombre que empezó vendiendo llantas en el sur de Tunja, cerca del sector de Los Hongos, terminaría construyendo una de las empresas más importantes del sector automotor de Boyacá.

Este jueves 22 de octubre, familiares, amigos y personas vinculadas al comercio y al sector empresarial de Tunja le dieron el último adiós a Álvaro Endara Neira, cuyo fallecimiento causó pesar entre quienes lo conocieron y compartieron con él distintas etapas de su vida.

Fue el propietario de Disautos, concesionaria que durante muchos años representó las marcas Renault y Chevrolet en Tunja, Duitama y Sogamoso, y que llegó a convertirse en una de las empresas más importantes del comercio automotor del departamento.

Pero su historia empresarial no comenzó precisamente entre automóviles. Antes de dedicarse de lleno a ese negocio, trabajó en el Banco Ganadero y tuvo un establecimiento de venta de llantas en el sur de la capital boyacense. Desde allí comenzó a abrirse camino en una actividad comercial que, con esfuerzo y perseverancia, lo llevaría a consolidar su propia empresa.
Endara Neira era ingeniero agrónomo egresado de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), aunque nunca ejerció profesionalmente esa carrera. Su verdadera vocación estuvo en el comercio y, particularmente, en la venta de vehículos.

Aunque desarrolló buena parte de su vida y construyó su empresa en Tunja, siempre decía con orgullo que era de Siachoque, municipio al que llegó su padre, Carlos Endara Valencia, un educador procedente del Huila que se formó en la Escuela Normal de Varones de Tunja, durante la época en que esa institución estuvo dirigida por el reconocido pedagogo alemán Julius Sieber.

Carlos Endara Valencia hizo parte de una generación de maestros que contribuyeron a la educación en los municipios boyacenses. Su nombre aparece entre los estudiantes huilenses que llegaron a Tunja para formarse como educadores, según una publicación histórica del Diario del Huila.

Con el crecimiento de Disautos, Álvaro Endara se convirtió en uno de los empresarios más conocidos de Tunja. Su concesionaria amplió sus operaciones a Duitama y Sogamoso, y durante décadas fue una de las principales referencias comerciales para quienes buscaban adquirir un automóvil en Boyacá.

Hace algunos años decidió vender la empresa y retirarse del negocio de la comercialización de vehículos. Sin embargo, conservó la propiedad de las instalaciones ubicadas en el norte de Tunja, donde funcionó durante años una de las sedes de la concesionaria.

Más allá de su trayectoria empresarial, quienes lo conocieron destacan su sencillez, su capacidad de trabajo y el trato que mantenía con las personas. Fue un comerciante que se ganó el cariño y el respeto de numerosos empresarios y ciudadanos de Tunja.

En su vida familiar también enfrentó momentos dolorosos. Tuvo dos hijos, un hombre y una mujer. Su hijo falleció siendo muy joven, mientras que su hija desarrolló una destacada trayectoria empresarial en Nueva York, Estados Unidos.

Con la muerte de Álvaro Endara Neira desaparece uno de los representantes de una generación de empresarios que contribuyeron a transformar el comercio de Tunja, cuando la ciudad comenzaba a crecer y el mercado automotor se abría paso en Boyacá.

Su historia deja, además, una imagen difícil de olvidar: la de aquel joven comerciante que, sin recursos para pagar un celador, pasaba las noches durmiendo dentro de los carros que algún día convertirían su negocio en una de las concesionarias más importantes del departamento.

Las exequias se cumplieron este jueves 22 de octubre, en Jardines de Santa Isabel, en el norte de Tunja.

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