
En las elecciones del 31 de mayo, mi voto, anunciado y fundamentado meses atrás fue por el mejor candidato a todas luces: el profesor Sergio Fajardo Valderrama.
No me arrepiento y creo firmemente que Colombia perdió una gran oportunidad de elegir un timonel sensato, con experiencia y alejado de los extremos. Como demócrata, acepto el resultado. En un país tan polarizado, es normal que la decisión que uno quiera compartir, también cause aceptación o rechazo; es el juego de la democracia y así lo suscribo. Por tanto, consciente de lo que hago y creyendo que la mejor opción presidencial (otros dirán que el mal menor) es el Dr. Abelardo De La Espriella, votaré por él este domingo 21 de junio. Ofrezco 5 razones centrales que motivan esta decisión:
Primero.- La corrupción, la mentira y los escándalos del Gobierno Petro en todos los niveles. No me voy a detener en enumerar los mismos: el país nacional y el país político han vivido y sufrido estos 4 años estos flagelos y no me parece justo, disiento profundamente de quienes quieren premiar al gobierno Petro eligiendo a su designado candidato. Pregunto: Cada vez que el país se sacudía con estas noticias, ¿cuándo y dónde se escuchó la voz del senador Cepeda o de la senadora Quilcué para reprochar estas situaciones, para disentir de las mismas o para sentar su voz de protesta en el Parlamento por estos hechos? Este silencio cómplice, esta ausencia de autocrítica en estos “representantes del pueblo”, me genera inmensas dudas y temores tales que me impiden pensar en votar por esta fórmula.
Segundo.- La defensa de la institucionalidad. Estos 4 años el país ha descubierto a un Presidente a quien le incomoda profundamente la separación de los poderes, el control constitucional de sus actos, los pesos y contrapesos en un Estado de Derecho como el nuestro. Sus permanentes ataques a las Cortes, sus diatribas frecuentes contra el Congreso cuando no aprobaba lo que él quería, sus denuncias sin pruebas de fraude electoral y ataques sistemáticos a la Registraduría Nacional para sembrar dudas sobre el resultado de la primera vuelta, etc, etc; nos han mostrado un presidente con ínfulas absolutistas y complejo de tirano. De nuevo: ¿estos ataques permanentes contra las instituciones colombianas fueron siquiera matizados o reprochados por los senadores Cepeda y Quilcué? ¿Qué constancias dejaron ellos en el Parlamento en rechazo a estas agresiones presidenciales? Nada. Nuevamente: mutis por el foro… Más silencios cómplices !
Tercero.- Los ataques frontales contra la empresa privada. Como dirigente gremial de la seguridad privada, junto a nuestros colegas hemos sufrido en carne propia la estigmatización de nuestro sector por parte de este Gobierno. El retraso exagerado de los trámites, la corrupción interna de la Superintendencia reconocida por esta misma entidad ante la Procuraduría General, el menosprecio por los gremios del sector, los desaciertos y sesgado manejo de la información, etc; son actitudes gubernamentales sufridas por nuestro sector y por muchos sectores de la producción nacional; y cohonestadas indirectamente por los senadores Cepeda y Quilcué con su silencio cómplice; los mismos que hoy quieren engañar con su supuesto “retiro” de la idea de la Asamblea Constituyente para cambiarla por un gaseoso Acuerdo Nacional ya fracasado en este Gobierno en manos del inepto ministro Cristo.
Cuarto. Falta de independencia del candidato Cepeda. Hace meses vengo repitiendo que el país estaba abocado a elegir entre el candidato de Uribe y el candidato de Petro. Pues ahora, la ecuación cambia: Abelardo De La Espriella, por sí solo, sin la ayuda del expresidente ha llegado a la segunda vuelta. Es él y sus circunstancias. Pero Iván Cepeda, con la ayuda de Petro (su Jefe de debate), con la gasolina del presupuesto oficial, con las presiones burocráticas, las mentiras oficiales, los ríos de dinero, etc; sigue siendo, de forma inobjetable, el candidato de Petro, su elegido, el candidato títere del ventrílocuo mayor. Lo siento, pero creo fervientemente que votar por Cepeda es elegir nuevamente a Petro para que gobierne en cuerpo ajeno; es premiar y reeditar la corrupción actual, es premiar a las Julianas Guerreros por encima del esfuerzo de miles y miles de universitarios; es repetir la debacle de Ecopetrol y premiar a su presidente Ricardo Roa, hoy llamado a juicio; es aplaudir el escándalo de los carrotanques de la Guajira; es, en fin, querer un futuro de sombras para nuestro país.
Quinto.- El factor Vicepresidente. Destaco, por supuesto, el acierto del candidato De La Espriella en la escogencia de su Vicepresidente el exministro y catedrático José Manuel Restrepo. Preparación y experiencia reunidos ¿No es esto lo que necesita Colombia? No sucede igual con la candidata Quilcué, si se trata de visualizar un hipotético reemplazo del presidente.
Acaso, ¿no aprendieron con el fracaso de Francia Márquez? Hoy, como hace 4 años, prevalece la sumatoria de votos por encima de las capacidades y la experiencia administrativa?
¿No es casualidad que la candidata Quilcué rehuya a toda costa los debates? Me queda un fuerte tufillo de utilización y aprovechamiento de unos votos de más, por encima de una escogencia seria y responsable con el país, un país con diversas crisis que nos hereda este desastre de gobierno actual.
Y, el voto en blanco? No, en esta hora difícil, para mí no es una opción. Lo siento. ¡Se trata de Colombia, de nuestras instituciones y de nuestra democracia!











