El problema del fútbol colombiano no siempre está en la cancha

Imagen creada con IA
Por | Iván Corredor

He vivido el fútbol desde dos lugares que, aunque parecen diferentes, están profundamente conectados: dentro de una cancha y detrás de un escritorio.

Como jugador aprendí que un partido puede cambiar en un segundo, Como dirigente entendí, que muchas veces, el resultado de ese partido comenzó a definirse mucho antes de que el árbitro hiciera sonar su silbato.

Y esa es una realidad que en Colombia todavía nos cuesta entender.

Cuando un equipo pierde, buscamos rápidamente al culpable: el entrenador, el delantero que falló el gol, el arquero que cometió un error o el árbitro que tomó una decisión equivocada. Pero pocas veces nos preguntamos qué pasó antes. ¿Cómo se construyó ese equipo? ¿Quién tomó las decisiones? ¿Existía un proyecto? ¿Se trabajó correctamente en las divisiones menores? ¿Se eligieron bien los jugadores? ¿Había una estructura capaz de sostener el proyecto?

Porque el fútbol no empieza cuando el balón rueda, el fútbol empieza mucho antes.

Empieza en la planificación, la formación y la capacidad de una institución para tomar buenas decisiones que se sostengan en el tiempo.

Colombia tiene talento, de eso no hay ninguna duda. Lo vemos cada año en las canchas de nuestros barrios, en los torneos infantiles y juveniles, en las escuelas de formación y en los equipos profesionales.

Pero tener talento no es suficiente, el verdadero desafío es desarrollar ese talento y ahí tenemos una deuda enorme.

Seguimos hablando de encontrar al próximo gran jugador, cuando deberíamos estar preguntándonos cuántos buenos jugadores estamos perdiendo por falta de oportunidades, formación adecuada, infraestructura o acompañamiento.

En Boyacá conozco de cerca esa realidad. Tenemos niños y jóvenes con condiciones, con sueños y con una enorme ilusión de llegar al fútbol profesional. Pero no basta con decirles que tienen talento, necesitamos construirles un camino.

Un camino que tenga buenos entrenadores, con buenos salarios y que le den dignidad a su profesión. Escenarios deportivos dignos, procesos de formación, educación y  el sentido de pertenencia como premisa.

Y sobre todo, que tenga instituciones que piensen a largo plazo.

No podemos pretender que un niño de 12 años se convierta en un futbolista profesional únicamente porque juega bien al fútbol.

Necesitamos formar al jugador, pero también a la persona.

Necesitamos entender algo más: un club no es simplemente un equipo que juega los domingos. Un club es una institución.

Cuando un club tiene una buena estructura administrativa, una metodología de formación, una política clara de contratación, una identidad deportiva, las ciencias aplicadas como herramienta y personas capaces de tomar decisiones, está construyendo algo que puede durar muchos años.

Cuando todo depende de la improvisación, de la urgencia del resultado o de la decisión de una sola persona, tarde o temprano llegan los problemas.

Por eso creo que el fútbol colombiano necesita hablar mucho más de gestión.

Necesitamos dirigentes preparados.

Necesitamos clubes con proyectos deportivos.

Necesitamos invertir en formación.

Necesitamos utilizar mejor la información y la tecnología para tomar decisiones.

Necesitamos dejar de pensar que la administración y el fútbol son mundos separados, No lo son.

Un buen proyecto administrativo puede ayudar a construir un buen equipo.

Una buena formación puede evitar millones de pesos gastados en contrataciones equivocadas.

Una buena estructura puede permitir que un club sobreviva incluso cuando los resultados no acompañan.

Y una buena decisión tomada hoy puede cambiar la historia de un jugador dentro de diez años.

Tal vez ese sea uno de los grandes retos que tenemos en regiones como Boyacá: dejar de pensar solamente en competir y empezar a pensar en construir.

Construir jugadores.

Construir clubes.

Construir escenarios.

Construir procesos.

Construir oportunidades.

Porque el día que entendamos que el fútbol no se trata únicamente de ganar el próximo partido, sino de construir el próximo futbolista, el próximo entrenador y la próxima generación de dirigentes, estaremos dando un paso enorme hacia adelante.

Yo sigo creyendo en el fútbol.

Creo en el talento de nuestros niños.

Creo en Boyacá.

Creo profundamente en el fútbol colombiano.

Pero también creo que llegó el momento de dejar de improvisar y empezar a planificar.

Porque los partidos se ganan en 90 minutos.

Pero los grandes proyectos deportivos se construyen durante años.

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