Ningún fascismo es eterno

Imagen creada con IA
Por | Manuel Humberto Restrepo Domínguez

En 2003 a través de redes sociales el grito de NO a la guerra convocó a la gente a irse a las calles a protestar contra el gobierno por involucrar a España en la invasión y destrucción de Iraq, pocos días después grandes movilizaciones dieron fin al gobierno de la derecha fascista de Aznar. En 2010, grandes e inesperadas movilizaciones sacaron del poder a gobernantes autoritarios de varios países en el marco de la primavera árabe, luego que Mohamed Bouazizi un vendedor ambulante de 26 años se prendiera fuego en una plaza de Tunez, en protesta porque las autoridades del régimen fascista le confiscaran sus mercancías y lo sometieron a humillaciones por reclamar sus derechos.

     Los dos hechos anuncian que ningún poder autoritario es eterno, aunque usen represión, censura, concentración institucional, mentiras, falsedades y narrativas de odio replicadas por los medios de comunicación, que le dan cuerpo al fascismo, que se instala mediante golpes militares o procesos electorales usualmente fraudulentos. Los fascismos tienen en común querer borrar al otro, convertirlo a cenizas, deshumanizarlo, eliminarlo, destrozarlo (destriparlo), subordinar tribunales, perseguir, desaparecer, encarcelar. Todos coinciden en estigmatizar a ciertas universidades y a sus universitarios, matar opositores, intelectuales, lideres sociales. El miedo y la mentira dan forma a su gobierno.

     Cuando se escucha bien se descubre la mentira y cuando se pierde el miedo todos los dispositivos del poder fascista pueden quebrarse y recuperar la capacidad de la movilización social, la desobediencia civil, las fracturas dentro de las élites, la presión internacional o la acción de la justicia para abrirle camino a su caída. En América latina ha regresado al poder una forma de fascismo actualizado, coordinado, servil, que viene a continuar tareas emprendidas por dictadores que también cayeron como Augusto Pinochet, Rafael Videla, Efraín Ríos Montt y Alberto Fujimori. Los de ahora van sin camuflado. Caerán cuando el miedo termine y la movilización ejerza su poder en las calles.

    Pinochet en Chile ordenó persecución política, tortura, desapariciones forzadas, exilio de miles de personas. Estigmatizó, persiguió y destruyó comunidades universitarias e intelectuales haciéndole creer a la sociedad que luchaba por el bien de la patria contra los comunistas. Su poder que parecía indestructible terminó cuando la gente movilizada le dijo No a su pretendido plebiscito para quedarse. Después fue detenido en Londres a solicitud de la justicia española, por acusaciones relacionadas con crímenes internacionales y con él cayó la idea de que los tiranos podían sustraerse a la justicia.

    Rafael Videla en Argentina instauró el terrorismo de Estado con miles de desapariciones forzadas, ejecuciones, torturas, robo de niños. Persiguió comunidades universitarias e intelectuales, haciéndole creer a la sociedad que luchaba contra comunistas. Pero también cayó y el histórico juicio a las juntas militares lo condenó a cadena perpetua por graves violaciones de los derechos humanos. Efraín Ríos Montt en Guatemala centró su barbarie contra pueblos indígenas mayas y persiguió comunidades universitarias e intelectuales haciéndole creer a la sociedad que luchaba contra comunistas. Cuando cayó un tribunal lo condenó a ochenta años de prisión por genocidio y delitos contra la humanidad. Alberto Fujimori, en Perú, elegido presidente para quedarse en el poder protagonizó un autogolpe, disolvió el Congreso, intervino el sistema de justicia, combinó políticas de seguridad, concentración del poder y una extensa red de corrupción. Persiguió y masacró comunidades universitarias, intelectuales, indígenas y campesinos haciéndole creer a la sociedad que luchaba contra terroristas y comunistas. Descubierto su desborde criminal acudió a su doble nacionalidad para huir a Japón su otra patria y el Congreso le declaró incapacidad moral para ejercer la Presidencia. Fue detenido en Chile, extraditado a Perú y condenado a veinticinco años de prisión.

    Ningún fascismo queda a salvo cuando la sociedad ejerce su poder, su capacidad de movilización, su potencia creadora su decisión de hacer caer al tirano. La caída del fascismo y del fascista que gobierna se acompaña de comprender las condiciones que les permitieron ejercer su autoridad criminal, convencidos de que tenían un fuero de impunidad. Verdad, memoria, reparación y justicia, conducen a dar fin a las estructuras de poder fascista que se sostienen haciéndole creer a la sociedad que ellos, los fascistas, están del lado de los buenos y que luchan contra unos malos que son comunistas, terroristas o bandidos. La primera verdad es que fascismo es igual a terrorismo real.

P.D. 1. Como quisieran los fascistas de hoy tener solo robots y centros de IA a cambio de docentes en las aulas y jóvenes sin lengua, ni ojos, ni manos como estudiantes. Pero no ocurrirá. 2. A Patricio Guzman (Q.E.P.D) el mejor homenaje es ver sus películas que descubren cómo actúan esos fascismos.

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