
Hasta no ver no creer”, le digo a quien arregla la vista en este pueblo, la oftalmóloga afirma que no es gran cosa, que cuando se llega a la edad de las reparaciones se debe confiar en la ciencia; Y ahora que mi vida no ha hecho más que volver empezar, necesitaré entre 10 y 22 millones de pesos para salir del fondo de las tinieblas. Es conveniente operar las cataratas.
La cirugía (de mi ojo izquierdo) literal ¡cuesta un ojo de la cara!, tendré que hacer un “ojotón” y en el mejor de los casos recibir las donaciones para sacar algo más de unos pesos y solucionar esta mirada vaselina entre los cristalinos. No existe otra forma que hacer la facoemulsificación, que ya me aburrió ver la vida entre penumbras.
El ojo izquierdo, hace parte de las estadísticas en Colombia, pues casi medio millón de personas al año son intervenidas en un quirófano por el problema de cataratas —es decir, más de 1.300 operaciones diarias— y de acuerdo con las cifras oftalmológicas, no existen profesionales suficientes para cubrir a la población con problemas de miopía, hipermetropía, astigmatismo y presbicia, y de las 500 mil cirugías anuales que se hacen en Colombia, sólo a cien mil pacientes los cubre el Plan Obligatorio de Salud.
Ya me había acostumbrado a hablar con los ojos cerrados y desde el fondo de la turbidez, pero tendré que rescatar el optimismo genético. Bien lo decía no sé quién que después de los cincuenta, o te ajamonas o te acartonas.
Esta mirada inconclusa, me ha procurado un destino tinieblo parecido a una tempestad de arena sin dirección. Y a propósito que pasó por aquí, lo hago desde lejitos para no contaminarlos, que tengo una gripe perruna traicionera, ojalá resista y no se apague la chispa ni por los de jardines del recuerdo; los males, dice la sabiduría popular, nunca vienen solos, y sepan que si muero mañana fue la causa, pero si me muero ahoritititita, también.
ESCRITO AL MARGEN: El carácter de “verriondos» (esforzados y valientes) de los boyacenses se volvió apocado, canallesco y desmemoriado, cae periódicamente en los mismos errores, reeligiendo la misma pequeñez del facilismo. Aquí necesitamos un líder de altura, no sólo física, si no de talla moral, de gran estatura internacional, para recordarle al mundo que Boyacá Sí cuenta. ¡Suéltelo y le ponemos ganas al asunto!












