Los miserables…

Imagen creada con IA
Por | Martha Patricia Moreno Moreno / Comunicadora social Periodista_ Mag. Educación superior

El lanzamiento ocurrió al sur del pueblo a orillas del río chiquito; entraron cinco uniformados, acordonaron la zona y gritaron ¡Desalojé ¡_Los habitantes salieron de sus viviendas, mientras detrás de ellos rugía una máquina amarilla. Tres funcionarios aplastaron con firmeza los tugurios.

La retroexcavadora cruzó sobre un cultivo de maíz, volteó varias veces hasta que no quedó ninguna planta. Aquel cultivo era la única prueba de que el territorio les pertenecía; también derribaron los arbolitos sembrados por el abuelo; Sin embargo, el viejo con la lentitud de su peor edad, manifestó: —A mí no me importa, me voy a morir pronto, así que no me importa.
Los guardias sacaron igualmente del camino a los que arrastraban sus pasos entre las chozas de cartón y la máquina de acero. _Todo fue tan rápido que no hubo tiempo de rezar_ y cuando terminaron de tumbar los cinco cambuches, se objetó que a esta comunidad le faltó una buena dosis de avemarías.

El dueño de la pala mecánica, con aire perezoso, un pelirrojo y creído como un dios menor en medio de sus ruinas, paró a la hora del hambre, y junto a otros operarios se sentó almorzar (en cajas desechables). Una hora después se subieron a la excavadora y se fueron. Toda la basura de la merienda quedó tirada en el mismo lugar donde comieron.

Y fue en aquel momento que los niños le preguntaron a su mamá _ ¿Por qué nadie nos ayuda cuando estamos tan jodidos? _ Hay gente con la que la vida se ensaña, que no tiene mala suerte, sino una continua sucesión de tormentas; Porque el peor enemigo de un pobre, es otro pobre que se cree rico y siempre defiende a quien los hace pobres a ambos, miren no más las elecciones, quizá perpetuamos a Víctor Hugo con su obra “Los Miserables” Los insolidarios viven junto a la desgracia, mirando hacia otro lado, procurando hacerse los distraídos…

ESCRITO AL MARGEN: Con abismal sorpresa se evidencia que en Boyacá aumentaron los divorcios con la misma facilidad que el ancho de banda, y paradójicamente el fenómeno mediático no sólo afectó a los cibernautas expertos en puentes y placeres, si no a las parejas sentenciadas al resto de sus vidas.

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