
En el propósito de mantener una periodicidad mensual buscando publicar en los cambios de mes, a propósito esperamos unos días más para retornar con nuestros amables lectores con este ‘Hablemos claro 11’, pues queríamos calibrar las reacciones de vencedores y vencidos en el debate presidencial y en la instalación del Congreso, lo mismo que explorar brevemente el clima político nacional con esta vuelta del péndulo al pasar de un gobierno de izquierda a uno de derecha. Y aquí estamos, amigos y amigas, reafirmando nuestra independencia conceptual y nuestro talante liberal, tolerante y con un espíritu crítico frente a los actos del gobierno que se avecina, como a las actitudes y manifestaciones de la oposición que anuncia el gobierno saliente.
Comencemos: No se puede negar que fue exitosa la estrategia mediática, de redes sociales, de frases impactantes, etc, que le dio el triunfo a De La Espriella; frente a la difícil empresa de Cepeda, candidato con poco carisma que tuvo que soportar cargar el ‘bacalao’ de un gobierno cuestionado y de un jefe de debate y presidente tan desbordado como contraproducente en su objetivo de elegir heredero. Es cierto, la diferencia fue estrecha, apretada, pero así es la democracia y nos queda a los colombianos aceptar este resultado y otorgarle plena legitimidad. ¿No se dice acaso que ‘La voz del pueblo es la voz de Dios’?
Pues, el pasado 21 de junio el pueblo colombiano se manifestó, así lo confirmó la autoridad electoral, los organismos de control y la comunidad internacional. A todas luces es equivocada, pendenciera y terca, la posición del presidente Petro que insiste, para envenenar el clima político, en un fraude electoral sin pruebas. Es su talante. Toca soportarlo, pero no seguirlo.
La instalación del Congreso el pasado 20 de julio trajo la sorpresa de la elección del Dr. Honorio Enríquez como presidente del Senado, en contravía a los deseos del gobierno electo. Está bien que el Congreso de muestras de independencia frente al ejecutivo lo cual reafirma la separación de poderes que caracteriza un Estado de derecho. Hay quienes se escandalizaron por la unión del Pacto con el uribismo llegando a hablar del nacimiento del ‘petrouribismo’, sin revisar la historia. Señores: alianzas circunstanciales se dan en todos los cuerpos colegiados del mundo para decisiones como estas. ¿Acaso no votó el Pacto por el candidato del gobierno entrante para la presidencia de la Cámara de Representantes? Hemos sostenido que la fuerza uribista por sí sola no colocaba presidente de Colombia (ver resultados de Paloma Valencia), pero el expresidente Uribe y su partido han demostrado que siguen siendo un actor político y parlamentario importante que le dio una lección de entrada al gobierno electo.
¿Posesión en unidad militar? Lo siento, no estamos de acuerdo con este capricho del presidente electo y de hacerlo en el Cauca. A las dificultades logísticas, de seguridad, costo de desplazamientos, etc; le agregamos dos razones de peso: Primera: Hacerlo en una unidad militar es involucrar a la fuerza pública innecesariamente en un acto netamente político e institucional que, de cierta manera, le da preponderancia al estamento militar sobre el civil representado este último en el Congreso de la República cuyo hábitat natural es su recinto de sesiones: El Capitolio Nacional. En una democracia, siempre el poder civil debe imperar sobre el poder de las armas y no olvidemos que por el Senado votaron cerca de 21 millones mientras que por el presidente, cerca de 13 millones de electores. Segunda: Aún más importante. El presidente Petro, a hoy, públicamente ha ordenado a la fuerza pública no prohijar ni permitir la posesión en ninguna guarnición militar. Sigue siendo el presidente de Colombia y y se debe aceptar esta situación. Para qué colocar entre la espada y la pared a la fuerza pública y en una situación incómoda a los comandantes que deben acatar la directriz presidencial? El presidente electo tendrá 4 años para homenajear a su fuerza pública, pero no es el momento de exacerbar la confrontación política entre los 2 gobiernos cuando los colombianos esperábamos un empalme tranquilo, sensato y apegado a las formas protocolarias.
Ya terminando, no podemos dejar de censurar el agrio enfrentamiento que en redes sociales, medios de comunicación, actitudes y manifestaciones públicas siguen sosteniendo el presidente actual, el electo, y sus respectivas huestes que aún no entienden que la campaña ya terminó. Los epítetos, acusaciones sin fundamento, insultos y descalificaciones siguen a la orden del día y no contribuyen a la contradicción de ideas de una forma racional, respetuosa y fundamentada. Ya se avizora que el gobierno entrante va a tener 3 tipos de oposición: La institucional o ‘desobediencia civil’ encarnada en el senador Iván Cepeda (quien irónicamente desconoce la elección de Abelardo, pero a renglón seguido acepta su curul de senador que le otorga esa misma elección), la oposición virulenta, incendiaria y cargada de odio que ejercerá el expresidente Petro en las calles; y la oposición desmedida, grosera y desbocada en redes sociales de las bodegas petristas.
Ante esto, el gobierno de De La Espriella y los defensores de la patria no deben responder con la misma moneda, no se pueden dejar arrastrar por la misma lógica, ni en el mismo camino. No olvidemos que el Presidente de la República simboliza la unidad nacional y debe gobernar para todos los colombianos. Prudencia, sensatez, hechos significativos y progreso social, deben ser las consignas del nuevo gobierno.












