
El púlpito del Diablo
Nazi de la Espriella le propone a Colombia un retorno a la barbarie; pero no a la barbarie colombiana sino a la barbarie nazi. Su ignorancia brutal y su instinto de animal salvaje lo convierten en una bestia enloquecida por la intolerancia y el vandalismo del poder, y este trastorno mental le hace creer que la injuria y la calumnia, la amenaza, la persecución, la exclusión y la violencia asesina son la solución a los problemas, necesidades y expectativas de paz, progreso y bienestar de nuestro país. Esta fiera depredadora pretende volver a someternos a un exterminio político, como el que ya se cometió contra el partido Unión Patriótica. Quiere implantar de nuevo el terrorismo de Estado.
En su cabeza rellena de odio, ceguera, arbitrariedad, arrogancia y megalomanía no existen ideas, argumentos ni propuestas constructivas. Su espíritu perverso está animado sólo por su fanática adhesión a la violencia, la negación y el exterminio del otro, del que piensa diferente. Es un mercenario de Estados Unidos e Israel enviado a destruir la democracia en Colombia e imponer una dictadura criminal dentro de un totalitarismo de ultraderecha.
Este espanto forastero y aparecido pasó de ateo matador de gatos a creyente cristiano, destripador y asesino. Se metió a los antros religiosos donde prospera el negocio de dios, a buscar votos entre los creyentes. Y salió convertido en un demente con vocación criminal. Esa demencia es una de las fuentes de la barbarie: el “homo demens” es un animal irracional y productor de delirio, odio, desprecio, violencia, destrucción y muerte, como afirma Edgar Morin en su libro Breve historia de la barbarie en Occidente.
La barbarie que promete este nuevo Matarife es una barbarie nazi mezclada con la barbarie de una religión primitiva donde un dios cruel y sanguinario exige el exterminio de todo aquel que considere enemigo. Este patriota apátrida es un sicario del imperio yanqui-sionista que mandaron a Colombia a destruir y a matar:
Viene a destruir la democracia, gran parte del Estado, la economía nacional (mediante la dolarización), la educación pública, la justicia social, la dignidad humana y la calidad de vida de la sociedad (Estado Social de Derecho), el respeto a la Constitución y la Ley, la soberanía nacional, la Jurisdicción Especial para la Paz, la Unidad Nacional de Protección, la Unidad de Restitución de Tierras, el Fondo Nacional de Ahorro, el Instituto Nacional Penitenciario, el empleo y el salario digno, los Derechos Humanos, la libertad de expresión, el Bienestar Familiar, los páramos y selvas, la flora, la fauna, el agua que es la fuente de la vida, los programas sociales, la dignidad de la mujer, las comunidades étnicas, etc. El delirio de devastación de este defensor de criminales no tiene límites.
Viene a matar (destripar) a más de diez millones de personas (la izquierda), a los jóvenes manifestantes que participen en acciones políticas, a todos los lideres sociales, sindicales, indígenas, afrodescendientes, estudiantiles, campesinos (que serán fumigados), y a todos los que él llama enemigos de la patria. Es decir, este genocida viene a convertir a Colombia en un campo de matanza.
Sin duda, es el peor y más peligroso enemigo del pueblo colombiano. Y habría que tener la cabeza podrida de estupidez, analfabetismo político, ignorancia brutal, odio y violencia fratricida para votar y elegir de presidente a un malparido monstruo como Abelardo Nazi de la Espriella que representa la mentira, el odio, la violencia, la muerte y la destrucción de nuestro país.
Una persona inteligente, lúcida, decente, bien informada, civilizada, comprometida con la defensa de la vida y de nuestra sociedad, debe votar por Iván Cepeda, que representa la dignidad e integridad de nuestra Nación y el respeto y amor a la vida. Porque es un deber de todos salvar a Colombia de la amenaza del fascismo.











