El fenómeno político

Álvaro Uribe Vélez. Foto | Colprensa

Por | Guillermo Velásquez Forero /
El púlpito del Diablo

Álvaro Uribe Vélez es un caso monstruoso que todavía no ha sido investigado por la teratología. Dicha ciencia se ha demorado en identificar e investigar esta aberrante y abominable anomalía. En la historia sangrienta de este país, pocos personajes han llegado tan lejos como él en la definición de su perfil de vampiro y en la construcción de su propio banco de sangre.

En la trayectoria criminal de este monstruo todo es asombroso y lamentable. Parece mitológico, no es racional que un montaraz anónimo pudiera llegar a crecer tanto y convertirse en un mito, el mito de Polifemo. Quizás fue la realización del sueño que sufrió Nietzsche en uno de sus delirios: que un ser despreciable que tiene mucho de gusano y de mono se convertía en un superhombre matarife. Su surgimiento fue como la apoteosis o deificación que en la Antigüedad se hacía de los grandes criminales llamados héroes.

Parece milagroso, pues no hay una explicación racional de este fenómeno. Cómo es posible que un montañero, un arriero, criado entre el barro, el cagajón de los caballos, la mierda de los cerdos, el revoloteo de los murciélagos y el veneno de las sabandijas llegara a erigirse en paladín de los banqueros y multimillonarios, en lacayo de los buitres internacionales del capitalismo y en amo y señor de la ultraderecha fascista que se dedicó al exterminio de la izquierda en Colombia.

Es un genio del mal, porque nadie se explica cómo logró engatusar, embaucar, y manipular a tanta gente, sobre todo, a millones de necios, analfabetas y brutos pobretones que venden el culo por una diarrea, para que lo eligieran como dictador vitalicio y verdugo del pueblo colombiano.

Y es increíble como se apoderó de todas las instituciones, promovió masacres y 7.837 asesinatos de civiles inocentes, criminalizó la actividad sindical, atentó contra todos los Derechos, convirtió los servicios públicos y la salud en negocio de bandidos capitalistas, entregó las pensiones a ladrones, arruinó a los trabajadores, redujo las pensiones a una miseria, le quitó el empleo a miles de personas y las dejó en la calle, privatizó hasta la madre que lo parió, legalizó la organización criminal de paramilitares, fortaleció el narcotráfico dando licencias a las pistas y naves de los narcotraficantes, prostituyó la soberanía nacional e infestó el país de bases militares de Estados Unidos, obligó a los soldados a actuar como asesinos y así destruyó la dignidad y la honra de nuestro Ejército Nacional y convirtió la política en terrorismo de Estado y asesinato.

Y sigue demostrando que es un criminal astuto, cínico, intocable y eterno: siendo un delincuente condenado, ha burlado (o comprado) a la Justicia y anda libre por todas partes haciendo campaña política y utilizando títeres para volver a tomarse el poder y seguir ejerciendo la corrupción y el crimen en perfecta impunidad.

Colombia, un país tan bello, rico, productivo, inteligente y creativo no merecía padecer los atropellos y atrocidades de un monstruo mentiroso, corrupto, ladrón, asesino y narco paramilitar como este engendro de los infiernos.

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