Hablemos claro: el voto racional y la tiranía de las encuestas

Ilustración con IA

Por | Julio César Vásquez Higuera, exalcalde de Paipa

Las elecciones de este 31 de mayo son muy importantes para el futuro de Colombia y todo indica que no hay un candidato que gane de una vez la presidencia en esta primera vuelta. Se ha repetido muchas veces que las encuestas reflejan la foto del momento y, en este sentido la fotografía de las últimas 5 encuestas, con resultados disímiles hace dudar a muchos sobre su veracidad y confiabilidad. Por demás que detrás de ellas se mueven muchos intereses, hay un sesgo en escoger el universo de los entrevistados, las zonas del país y hasta el modo de hacer la pregunta. Por demás, la poca cultura política que nos acompaña, hace que las redes sociales, más que los medios de comunicación, influyan en el elector que se deja guiar por un titular que confunde, por opiniones sesgadas y malintencionadas, por informaciones que magnifican un hecho para favorecer una candidatura o perjudicar otra.

En conclusión: hay mucha basura política en estas redes. Pregunto: la mayoría de los encuestados conoce a cabalidad los programas de sus candidatos? Ha analizado fríamente su experiencia administrativa? Sabe quienes los rodean y se han fijado en su trayectoria? Me temo que no y por eso no me someto a la tiranía de las encuestas. No votaré en primera vuelta para ayudar a que este derrote a aquel o a que aquella triunfe sobre este otro pues es la única que puede derrotar a quien, supuestamente puntea.

Desde nuestra primera columna, hace ya 8 meses, hemos hecho el llamado a votar en conciencia, a votar con la razón y no con la emoción; la emoción nos impulsa a pensar en qué pasará este 31 de mayo y a intervenir con nuestro voto en propiciar el resultado que queremos. La razón, el voto libre, estimados amigos, amigas, lectores, nos debe impulsar a pensar en qué pasará durante los próximos 4 años en nuestro país, quien deberá ser el mejor conductor de una nación que va a encontrar con un serio déficit fiscal, con una corrupción rampante, con la ética y moralidad administrativa por el suelo, con la meritocracia en los altos cargos desaparecida y esclavizada al amiguismo y la incompetencia, y con un país dividido casi por mitad en bandos irreconciliables entre ellos.

Sobre estas reflexiones, me encontré la columna en EL Espectador, del pasado domingo 3 de mayo, del escritor William Ospina; esclarecedora, objetiva y aleccionadora! Se titula: “Yo creo en Fajardo”. Me identifico tanto con ella que he considerado en esta columna transcribirles algunos párrafos de la misma. Les ruego su mayor atención. Dice Ospina: “Basta ver el momento que está viviendo la campaña electoral para comprender cuál es la Colombia que nos espera en los cuatro años que vienen, si cualquiera de los favoritos actuales gana la presidencia.

Para los uribistas Petro es el fin del mundo e Iván Cepeda es el Apocalipsis. Para los petristas Uribe es el Armagedón, Abelardo de la Espriella es el demonio y Paloma Valencia es el juicio final. No sé si tengan razón, pero cada uno de ellos se encargará de hacerles la vida imposible a sus adversarios, y por ahí derecho a todos nosotros. Los unos prometen cárcel para este y juicio para aquel, los otros prometen eso mismo pero además extradición; alguno inclusive usa el escandaloso verbo destripar. Todos parecen ser –¡50 años después!– los aplicados herederos de la tradición de odio que nos enseñaron los liberales y los conservadores del siglo pasado. Están empeñados en que las nuevas generaciones se echen a la espalda la cruz de sus odios viejos y de sus odios fríos, y no se dan cuenta, mientras nos venden de nuevo esa mercancía trasnochada, que es eso precisamente lo que mantiene a Colombia postrada en el atraso y la mediocridad.

Voy a votar por Sergio Fajardo, solo porque no quiero ser cómplice de la violencia que viene, de esa triste danza de oprobios y de insultos en que se han convertido la campaña y la política, y porque no quiero ser cómplice del certamen de agresiones, de palos en la rueda y de tragedias que promete ser el próximo gobierno, si todo sigue como va. Aquí nadie está libre de pecado, pero no sé por qué siempre están listos para tirar la primera piedra. Tienen ideas y talento, pero el odio les puede, y lo que más les falta es grandeza. Petro les ha ayudado a los pobres, eso no puede negarse, y Uribe demostró que a Colombia se la podía rescatar del caos. Sin embargo, los dos sucumben a la pequeñez, a esa extraña herencia de rencor de las dos colombias, que se necesitan, eso sí, la una a la otra, para tener a quién echarle la culpa de todo. Alarmantemente, aunque cada uno tiene sus méritos, les interesa más el fracaso del otro que el triunfo de Colombia.

Por lo menos Sergio Fajardo no es un cruzado del odio, sabe más que los otros cómo administrar, tiene para mostrar avances notables de modernidad en la segunda ciudad del país, y está dispuesto a enfrentar los desafíos sin cobrar agravios del pasado. Y si hasta ahora lo ha borrado el estruendo de los otros, su serenidad será cada vez más necesaria. Porque el que gane en esta polarización va a tener medio país en contra cuatro años más, y al final estaremos oyendo de nuevo a los mismos bandos rencorosos llamando otra vez a la venganza.” (Hasta aquí, el escritor William Ospina).

Para terminar: Alguien sabe si los 3 candidatos punteros tienen experiencia en administración pública? Han sido alcaldes, gobernadores, ministros? NO. Entonces?? Votemos en primera vuelta, por el mejor ¡ Y después… Ya veremos.

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