
Es una cosa pero parece otra.
Por menos que eso hay quienes han llegado a la presidencia de Colombia, a la alcaldía de Tunja, a la silla del sheriff en los Estados Unidos.
La estrategia es muy sencilla: presentarse como buena persona, como sujeto cercano a la ciudadanía, honesto, sin nexos con gente turbia o sospechosa. Esa estampa suelen comprarla multitudes que no están bien informadas o carecen del hábito de recordar. No son imprecisiones sólo colombianas. Los seres humanos estamos atados al tiempo presente, a vivir al día. Olvidamos de prisa. Milan Kundera dice en su famosa novela ‘La insoportable levedad del ser’ que no tenemos tiempo para analizar el pasado y cómo sus heridas inciden de modo traumático en el hoy. Por esa razón, como secundando a Kundera, hay quienes no ven problema en elegir fascistas para que los gobiernen, o en considerar dulce y conciliadora a Paloma Valencia.
Juan Daniel Oviedo, uno de los triunfadores en la gran consulta electoral con miras a la primera vuelta, desempeña magistralmente el rol del vecino agradable, el señor simpático que ayuda a las viejecitas por las calles, la alternativa entre posturas drásticas de izquierda o derecha.
Parece una opción serena y puede que él, como persona, lo sea. Pero el ideario que representa y que lo ha llevado hasta donde está tiene cualquier cosa menos serenidad.
Perteneciente a una alta clase social, Oviedo intenta suavizar con bonhomía su discurso de tecnócrata neoliberal. Pero esto queda refutado si se revisa con quién y para quién ha trabajado: el uribismo, el santismo pura sangre. Tampoco es fácil olvidar que, hace unos años, en una entrevista radial, se declaró admirador de Enrique Peñalosa.
Parece de peluche y así nos lo quieren exhibir en la vitrina decadente del país mediático.
Uno de los rumores más falsos que circulan por el país es que la Derecha se encuentra dividida. Nada más lejos de la verdad. En la puja por el poder, si sus contendores se muestran fuertes o amenazantes, la Derecha posee la capacidad de mostrar diversas caretas, según a quien quiera hipnotizar. Los nostálgicos de bombardeos, combates y estados de conmoción interior tienen su candidato felino, mal hablado y grotesco; los que añoran un país de hegemonías rudas, donde las oportunidades de crecimiento en todo nivel se restrinjan, tienen a su candidata que sin pudor ni vergüenza se cree hija putativa de Álvaro Uribe Vélez. Y existe una Derecha intransigente, entregada a los grandes capitales, decorada con leves barnices de “centro” y de “mente abierta”: la que encabeza Oviedo. Porque la Derecha nunca pierde ni su plata ni su dominio.
Independientemente del rumbo que tome, Juan Daniel Oviedo será coherente con lo que es, no con lo que aparenta. Su objetivo es mantener el status quo.
Quién iba a pensar, en 2018 o 2019, cuando Oviedo brindaba sus informes del DANE en televisión, con tono gomelo y gestos de personaje de comic, que se convertiría en un individuo influyente y poderoso.
Así es Colombia.











