
El fascismo es el peor riesgo para la humanidad en cualquier lugar del mundo. Hitler, está proscrito y hacerle apología es delito. Sin embargo, a Colombia no es el fantasma, ni la paranoia de fascismo, la que la acecha, hay un proyecto real de deshumanización, liderado por quien ha demostrado querer ser como el Hitler creado por la propaganda nazi como un mito, una identidad colectiva y una promesa de salvación. En el eslogan de un pueblo (los nunca), un imperio (la patria), un líder (él), encajó la visión totalitaria y una vez elegido empezó por eliminar las divisiones políticas y sociales e imponer una sola unidad homogénea, representada con la bandera, la cruz gamada y el ¡Heil Hitler! como encarnación viviente de la nación (¡la patria!). La escenografía de Hitler se diseñó cuidadosamente y aquí ha sido calcada. La llegada a mítines es teatral. Hitler llegaba en avión (ir a muchos lados para parecer omnipresente) o en automóvil, aquí el ¡heil patria! llegó en un barco fiestero a celebrar y usa una pecera super blindada del tipo papamóvil.
Hitler creó las camisas pardas (Mussolini creó las camisas negras) y el ¡heil patria! las camisas amarillas, que marchaban uniformados infundiendo soberbia, disciplina y fuerza. Luego la música y los desfiles antecedían la voz de Hitler que hacia un discurso emocional y prometía recuperar la grandeza nacional y; para cerrar, como rasgo principal de la propaganda nazi, identificaba a los enemigos, y prometía restaurar el orgullo de la patria, equivalente a deshumanizar y destruir la nación.
Las promesas de Hitler como las del ¡heil patria! eran simples y directas, emocionales, apelando al miedo y a la angustia existencial de su audiencia a la que le señalaba chivos expiatorios claros para ser perseguidos y exterminados, allá en espacial a comunistas, socialdemócratas y judíos y aquí progresistas, adversarios, migrantes, indígenas, gente común. En ambos casos presentados como el enemigo interno responsable de todos los males, a quien la patria debe exterminar (¡destripar!).
El rasgo determinante de la personalidad fascista es que, solo cuenta la lealtad personal al líder por encima de instituciones, constitución, derechos, soberanía o leyes. Con Hitler en el poder ni siquiera las élites que lo impulsaron quedaron a salvo, creyeron que él y los nazis podían ser “domados”, pero la realidad les demostró que no calcularon su capacidad destructiva, ni imaginaron el horror, ni la radicalización de las masas que con el ¡heil! (¡firmes por la patria!) vitoreaban su propio fusilamiento. Hitler le demostró a las elites y a todos sus electores, que él no era confiable para nadie, ni fácil de controlar, muchos acusados de traidores fueron sus mejores amigos y leales servidores como Goring designado como su sucesor o Himmler su exitoso director de las SS.
Aunque el fascismo se entusiasme sin embargo no tiene los votos necesarios para salir a celebrar. La deshumanización que inicio con “la refundación de la patria” representada en Uribe muestra una tendencia relativamente estática de votos. Las cifras de votantes, es similar desde hace 25 años. Uribe en 2001 tuvo 5.86 millones de votos, en 2022 Fico 5.06 millones, en 2016 el No a la paz 6.4 millones. Y al sumar los votos de todas las fuerzas del bloque hegemónico hoy volcado en la ultraderecha con el proyecto de la deshumanización del ¡heil patria! No hay avances. El último refundador de la patria Iván Duque tuvo 10.4 millones y hace dos semanas lograron 10.7 millones. Y las edades revelan la fuente del estancamiento total. El mayor número de votos se concentra entre mayores de 45 años, con énfasis en los de más de 55 años, que son parte de quienes a los 30 años votaron celebrando el auge paramilitar, el despojo de tierras, los falsos positivos, y las chuzadas y con 40 votaron al No a la paz y hoy están en 55 años. La otra parte de ese estático electorado no es de élites, ni subalternos, es población popular y media sometida por ataduras coloniales, atrapada por miedo, prejuicio o chantaje de sobrevivencia laboral, y esperanzas de un mejor futuro prometido y eternamente aplazado.
Para detener al proyecto deshumanizador, la única alternativa es votar por la vida, y ganar o ganar y recordar que los que votaron por Hitler se equivocaron. A sus jóvenes electores les ofreció la guerra como primer empleo y 6 millones murieron por la patria. Para millones de viejos que le votaron no hubo jubilación ni atención médica, los programas para ellos fueron de limpieza racial y eugenesia y como cierre 300.000 niños con discapacidad fueron asesinados por ser impuros. El holocausto de Hitler y del partido nazi se hubiera evitado si los más débiles no hubieran confiado en las élites y si estas hubieran imaginado su soberbia para destruirlo todo. Aquí nadie puede equivocarse.
P.D Votar por la vida es lo humanamente valioso y más humano, para ahorrarle al país un holocausto. Un voto en blanco o nulo puede ahorrarle al país 2.000 pesos (medio dólar) y darle paz a alguien, pero no al país, y abstenerse para no comprometerse puede convertir a alguien en cómplice del destino trágico.











