Solo el 30,71 % del censo electoral participó en la elección atípica que definió al nuevo alcalde de Tunja. Cerca de 99.000 ciudadanos habilitados decidieron no acudir a las urnas.
La elección atípica que definió al nuevo alcalde de Tunja dejó un dato que preocupa tanto como el resultado electoral: la abstención volvió a imponerse como la gran protagonista de la jornada.
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De acuerdo con los resultados consolidados por la Registraduría Nacional del Estado Civil, solo el 30,71 % de los ciudadanos habilitados para votar acudió a las urnas, mientras que el 69,29 % decidió no participar, una cifra que confirma el amplio distanciamiento de buena parte del electorado frente a los procesos democráticos locales.
En total, el censo electoral de Tunja estaba conformado por 142.847 ciudadanos, de los cuales únicamente 43.870 ejercieron su derecho al voto.
Eso significa que 98.977 personas, equivalentes a casi siete de cada diez electores, no participaron en la elección que definió quién gobernará la ciudad durante el resto del actual periodo constitucional.
Menos de un tercio decidió el futuro político de la ciudad
Aunque Rafael Guillermo Acevedo Pedroza fue elegido alcalde de Tunja con 10.758 votos, el resultado también evidencia que el nuevo mandatario fue elegido por una fracción reducida del total del potencial electoral de la ciudad.
Si se compara su votación con el censo electoral, el respaldo efectivo corresponde a aproximadamente uno de cada trece ciudadanos habilitados para votar, una realidad que refleja el efecto que tiene la alta abstención sobre la legitimidad política de las administraciones locales.
El fenómeno no es exclusivo de Tunja, pero sí representa uno de los principales desafíos para la democracia territorial, especialmente en procesos atípicos donde históricamente la participación suele disminuir frente a las elecciones ordinarias.
Una participación inferior a la esperada
Durante toda la jornada, autoridades electorales, campañas políticas y organismos de control promovieron la participación ciudadana e instalaron la totalidad de las 362 mesas de votación previstas para la capital boyacense.
Sin embargo, el llamado no logró traducirse en una asistencia masiva a las urnas.
La Registraduría reportó que fueron depositados 43.870 votos, de los cuales 43.423 fueron válidos, mientras que 423 correspondieron a votos nulos y 24 tarjetas electorales no fueron marcadas.
Además, el voto en blanco alcanzó 1.537 sufragios, equivalente al 3,53 % de los votos válidos.
Un reto para el nuevo alcalde
El alto nivel de abstención evidencia el reto de recuperar la confianza ciudadana en las instituciones y fortalecer los mecanismos de participación democrática, especialmente en una ciudad donde más de dos terceras partes del electorado optaron por no intervenir en la decisión política más importante del año.
Expertos en comportamiento electoral coinciden en que factores como el desgaste político, la baja identificación con las campañas, el desinterés ciudadano y la naturaleza atípica de la elección suelen incidir en este tipo de resultados.
No obstante, también consideran que la participación electoral continúa siendo uno de los principales indicadores de legitimidad democrática y de confianza institucional.
Concluido el proceso electoral, la atención ahora se traslada a la posesión del nuevo alcalde y a la manera en que la administración buscará acercarse a una ciudadanía que, en su mayoría, decidió mantenerse al margen de las urnas.












