Veintiún candidaturas en la disputa rectoral UPTC

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Por | Manuel Humberto Restrepo Domínguez

Para ser rector/a de la UPTC bastan 5 años de experiencia docente, 2 de administrativa y un título de maestría; un/a decano/a requiere un año menos de experiencia. 21 inscritos por la rectoría de la UPTC es la cifra más alta de su historia y no hay que leerla como simple competencia por un cargo. Puede ser resultado de inconformidades acumuladas, síntoma de cansancio o fragmentación del concepto mismo de universidad, pérdida de sentido como escenario de la ciencia y la cultura, existencia de grietas que impiden que su naturaleza y funciones concuerden consigo misma. También puede ser indicador de debilidad intelectual e institucional o de un inusitado interés de múltiples actores a quienes importándoles poco su propia trayectoria intelectual o de defensa del interés público ven una oportunidad para revalorizar el derecho a la educación o proponer alguna novedosa visión. Como sea ocurrirá en el marco de un régimen de gobierno que fomenta el sometimiento absoluto y que anuncia para ella desestabilización, ataques a lo que llama pensamiento revolucionario y entrar en juegos de guerra, ya padecidos con letales consecuencias entre la primera y segunda décadas del siglo XXI.

      Para las 2 mujeres y 19 hombres inscritos la pregunta ineludible es ¿qué proyecto de universidad pondrán en juego y qué concepción de lo público representa cada candidatura y; sí la motivación es por continuar con el modelo vigente, sus reglas y modos de acción o tratar de cambiarlo todo a fondo, su naturaleza publica, la autonomía y el carácter mismo de la ciencia y el saber. Foros, debates abiertos y presentaciones públicas, darán paso a votaciones por estamentos que otorgan alguna débil o media legitimidad con consultas no vinculantes, ni decisorias. Llegaran entre 4 y 6 candidatos/as al consejo superior de 9 electores que deciden por mayoría simple con estrategias de poder, alianzas, cálculos, y acuerdos e imponer solo una legalidad (ley 30/93) amplia y tardíamente cuestionada siempre.

      Quien gane no podrá sustraerse a responder por una agenda compleja centrada en la defensa del derecho a la educación que dista de la idea de universidad como empresa o alcaldía. Cualquiera que sea el modelo el núcleo organizador es el conocimiento científico, el respeto a un orden académico laico, plural, creativo, de ideas, de construcción de paz y derechos, y no de confrontación violenta, con libertad de catedra, asociación, protesta, participación democrática y promoción del dialogo y la defensa de la autonomía como derecho fundamental y garantía de protección para producir ciencia, formar pensamiento crítico y tomar decisiones académicas y administrativas poniendo la gestión pública por encima de la gestión privada que atrapa a las ideas con formalidades e indicadores que afectan la potencia y la creatividad académica. La uptc no pertenece al gobierno, su brújula es la constitución, no la agenda de palacio y no podrá ceder ante agresiones, estigmatización o amenaza.

     Quien obtenga la rectoría recibe una universidad creada, como las de su tiempo, como conciencia crítica de una nación, atravesada por guerras y colonialismos. Surgida de las raíces de la Universidad de Boyacá de 1827, después Universidad Pedagógica de Colombia y actual Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Una de las 5 de orden nacional entre 34 públicas. Con un presupuesto superior a medio billón de pesos, 90% para funcionamiento (nomina, formación de calidad, cobertura -ingreso, permanencia y graduación-, investigación y extensión solidaria con sectores vulnerables) y lo restante para cubrir infraestructura (contratos) y dotación. El salario rectoral bordea los 20 millones, los altos cargos de nombramiento directo no superan dos decenas, las sedes tienen mediana autonomía y la agenda propia y mínima tendrá que empezar por la formalización de docentes ocasionales (aprox. 1000) -no con concursos docentes inviables-, si no mejorando las condiciones laborales, profesionales y de estabilidad, e igualmente replicar para no menos de 300 funcionarios y trabajadores contratados.

     La expectativa es que el debate rectoral supere promesas individuales sobre lo que debería ser y no es la universidad y se concentre en compromisos verificables, sobre derecho a la educación, autonomía, relación con sectores externos, gestión de recursos y prioridades, rutas de formalización laboral, investigación, regionalización, democracia universitaria, relación con las sedes y autonomías regionales, lugar que ocuparían estudiantes, docentes y trabajadores/as, garantías para la gestión de sus luchas, paros y huelgas, justamente porque es crítica y autónoma y tiene el encargo de ser y hacer conciencia, y ojala anticipar cuál sería su equipo de gobierno para esa universidad pública nacional.

      No solo es determinar quién ocupará el cargo sino definir qué universidad pública quiere construir cada candidato/a, con qué modelo, para quiénes y al servicio de qué proyecto de sociedad. El reto es que cada universitario/a se preocupe a fondo porque la disputa electoral sea correcta (no corrupta) no fragmente la institución, no polarice políticamente a sus estamentos, no reproduzca patrones de clientelas, infamias o mentiras, no debilite, sino que alinee una ruta común de ideas, argumentos, propuestas, sentido común, ética, respeto mutuo, en la que gobernar la uptc signifique proteger su humanismo y patrimonio colectivo cuya responsabilidad trasciende cualquier coyuntura.

     Sería gratificante que el Consejo Superior, de antemano, hiciera público qué valor le dará a la legitimidad obtenida con votos en las consultas a estamentos y anunciara la metodología a utilizar en la votación decisiva, ese solo hecho podría cambiar la historia. De igual manera resultaría responsable que con anticipación cada representación surgida de procesos electorales le explique a su estamento como determinará su voto. Todo sumado podría corregir y evitar alianzas de poder, puertas laterales e interferencias externas, que conduzcan innecesariamente a desestabilizar y debilitar a la universidad. Ética y la legitimidad van juntas y definen a la universidad como una riqueza intelectual.

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