Ricardo Torres, el hombre que simpatizó con Petro y ahora debe revisar lo que pasó en el SENA de Petro

El tunjano escogido por el presidente Abelardo de la Espriella para dirigir el SENA dejó durante años en sus redes sociales mensajes favorables a Gustavo Petro, críticas al uribismo y referencias al pensamiento gaitanista y antioligárquico. Ahora está al frente de una revisión de la administración anterior que, según reveló Semana, ha encontrado posibles irregularidades y prepara un ‘libro blanco’. El exdirector Jorge Eduardo Londoño rechaza que haya existido una “cultura del saqueo”, pide pruebas y asegura que se pretende desacreditar su gestión.

Hay un hecho que resulta por lo menos curioso en medio de la revisión que comenzó la nueva administración del SENA sobre lo ocurrido en la entidad durante el gobierno de Gustavo Petro.

Ricardo Torres Castro, el tunjano escogido por el presidente Abelardo de la Espriella para dirigir la entidad, no es precisamente un hombre que durante los últimos años se haya identificado con las posiciones más tradicionales de la derecha.

Una revisión de los mensajes que publicó durante años en su cuenta de X muestra a un hombre con posiciones sociales progresistas, crítico del uribismo, que expresó simpatías por Gustavo Petro y algunas de sus propuestas y que también reivindicó postulados de Jorge Eliécer Gaitán y su lucha contra la oligarquía.

El dato no tendría nada de particular —cada ciudadano tiene derecho a tener y expresar sus posiciones políticas— si no fuera porque Torres terminó siendo escogido por un presidente ubicado en una orilla ideológica bastante distinta y porque ahora le corresponde revisar, justamente, lo que ocurrió en el SENA durante el gobierno de Petro.

La revista Semana reveló ayer que la nueva Dirección General adelanta una revisión administrativa, financiera y contractual y que prepara un denominado ‘libro blanco’ que será entregado al presidente De la Espriella.

Según esa publicación, entre los asuntos que están siendo revisados aparecen 72 obras inconclusas o con dificultades, cerca de 1.000 provisionalidades creadas pocas semanas antes de terminar el anterior Gobierno y proyectos y convenios que, aunque fueron suscritos, tendrían problemas en su ejecución.

La revisión también incluye al Fondo Emprender, algunos convenios internacionales y diferentes decisiones tomadas durante la administración anterior.

Pero Semana fue más allá. Citando fuentes de la entidad, habló de una supuesta ‘cultura del saqueo’ y de un SENA que habría terminado convertido en fortín político y clientelista de sectores del petrismo en varias regiones del país. La acusación es muy grave y, por ahora, tendrá que ser demostrada.

Una cosa son obras atrasadas, contratos con dificultades o decisiones administrativas discutibles y otra muy distinta que pueda hablarse de corrupción o de un saqueo de la entidad. La nueva administración tendrá que documentar sus hallazgos y serán los organismos de control los que determinen si hubo actuaciones irregulares. La Procuraduría y la Contraloría ya fueron llamadas para acompañar algunas de esas revisiones.

La denuncia de la revista Semana tiene un capítulo que toca directamente a Boyacá. Entre las obras mencionadas aparece la que adelanta el SENA en el sector del Curubal, en Tunja, cuyo contrato termina el próximo 31 de diciembre y que tendría un avance cercano al 40 por ciento.

Torres ya había hablado públicamente de ese proyecto durante su reciente visita a Tunja y anunció una evaluación técnica para establecer en qué condiciones se encuentra y qué se necesita para terminarlo.

También aparece Villa de Leyva, donde la revisión no solamente tendría que ver con infraestructura sino con la pertinencia de la formación que se ofrecería allí frente a la marcada vocación turística del municipio.

De manera que la discusión sobre lo que recibió la nueva administración del SENA no es lejana para Boyacá.

El boyacense Jorge Eduardo Londoño, quien dirigió el SENA durante el gobierno Petro, salió a responder a las acusaciones y especialmente al señalamiento de una supuesta “cultura del saqueo”.

Londoño pidió que se revisen las cifras y se compare cuánto costaban los contratos, qué tercerizaciones fueron reducidas, cuánto se optimizó y a dónde fueron a parar esos recursos.

Según él, se destinaron a aprendices, infraestructura y necesidades propias de la misión del SENA. También existe una diferencia importante sobre el empalme.

Mientras desde la nueva administración se asegura que no lo hubo y que ha sido necesario reconstruir información, Londoño sostiene que el empalme sí fue ofrecido por la administración saliente y que fue el nuevo Gobierno el que decidió no aceptarlo.
El exdirector asegura, además, que entregó oportunamente los informes de gestión y la información solicitada por los organismos de control. Y frente a las acusaciones fue categórico: si existen irregularidades, que se presenten las pruebas.
Y es ahí en donde las antiguas posiciones políticas de Ricardo Torres adquieren importancia.

Porque sería muy fácil presentar lo que está ocurriendo como la llegada de un gobierno de derecha a revisar y cuestionar lo realizado por el gobierno de izquierda que lo antecedió.

El problema es que quien está al frente de esa revisión no encaja fácilmente en esa explicación.

Torres expresó durante años simpatías por Petro, cuestionó al uribismo, compartió mensajes favorables a algunas actuaciones del anterior Gobierno y mostró afinidad con ideas gaitanistas y de contenido social.

Ahora será él quien tendrá que establecer si en la administración del SENA durante el gobierno con el que tuvo esas coincidencias ocurrieron las irregularidades que comienzan a denunciarse.

Eso le pone una responsabilidad adicional: conseguir que cada señalamiento esté acompañado de documentos y pruebas y que pueda diferenciarse claramente entre una irregularidad, una mala decisión administrativa, una obra simplemente atrasada y un eventual hecho de corrupción.

También queda una pregunta que hasta ahora no tiene respuesta: ¿qué vio Abelardo de la Espriella en Ricardo Torres para entregarle la dirección del SENA?

Torres es fraile dominico, administrador de empresas, académico y exrector universitario. Ha tenido experiencia administrativa y empresarial, ha participado en juntas directivas y ha trabajado en asuntos relacionados con derechos humanos y memoria histórica.

Es una trayectoria que tampoco permite ubicarlo fácilmente en una sola casilla.

De la Espriella pudo nombrar al frente del SENA a una persona proveniente directamente de su movimiento o plenamente identificada con su pensamiento político. Escogió a Torres.

No sabemos si el Presidente conocía en detalle los mensajes que el hoy director había publicado durante años en sus redes sociales y, sin hablar con alguno de los dos, no sería serio afirmarlo. Pero los mensajes eran públicos, las diferencias políticas existen y el nombramiento también.

Y quizá ahí haya otro elemento interesante: que las capacidades y la trayectoria de Torres hayan pesado más al momento de escogerlo que las posiciones políticas que había expresado anteriormente.

Por ahora, ni las denuncias conocidas pueden convertirse anticipadamente en condenas contra la administración anterior ni la defensa de Londoño permite cerrar la discusión.

Las 72 obras señaladas tendrán que revisarse una por una. Una obra atrasada no es necesariamente una obra corrupta. Una provisionalidad no demuestra por sí sola clientelismo. Mucho menos puede concluirse que el aumento en el número de sindicatos prueba la existencia de una estrategia para dejar funcionarios protegidos por fuero sindical. Pero las alertas tampoco pueden simplemente descartarse.

Si hubo contratos direccionados, recursos mal utilizados, obras abandonadas, proyectos sin justificación o manejo político de la entidad, tendrán que aparecer las pruebas y establecerse responsabilidades. Y si no las hubo, la administración anterior tiene derecho a exigir que no se le atribuyan hechos que no puedan demostrarse.

Ese puede terminar siendo el primer gran examen de Ricardo Torres al frente del SENA. Curiosamente, no será demostrar si es de izquierda o de derecha, ni explicar por quién votó.

Será demostrar si puede revisar con independencia y rigor lo ocurrido durante un gobierno con el cual tuvo coincidencias políticas y entregar resultados que se sostengan en documentos y no en posiciones ideológicas.

Al final, esa podría ser también la mejor explicación de por qué Abelardo de la Espriella decidió ponerlo al frente del SENA.

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