
Por | Eduardo Malagón

Boyacá posee jerarquía propia en la historia, que fue registrada de manera fidedigna, oportuna y responsable por los cronistas de la época.
Hoy estamos obligados a respetar las fechas clásicas de conmemoración histórica para enaltecer nuestro patrimonio histórico y no producir más confusión a la comunidad, especialmente a la juventud y la niñez.
Se está convirtiendo en tendencia desplazar las fechas de conmemoración históricas, a comodidad de las autoridades, situación que provoca confusión y va deteriorando impunemente nuestra memoria histórica, todo por la comodidad y falta de conciencia ciudadana.
No es posible que siendo Boyacá el Atrio del patriotismo, del heroísmo y de la gloria; el escenario donde una sublime generación de valientes, hombres, mujeres, niñas y niños, que, padecieron la ignominia de un imperio cruel, condiciones inhumanas en el proceso de independencia, sacrificando hasta sus propias vidas por darnos patria y libertad, hoy de forma vergonzante se desplacen esas fechas por los burgomaestres municipales que, prefieren la fiesta profana o la jarana, a conmemorar el acontecimiento preponderante de nuestra historia en su fechas tradicionales.
La Patria es primero, pero el mal ejemplo de quienes debería liderar estas fechas de conmemoración está generando sobre los jóvenes y niños una craza ignorancia de lo fundamental de un verdadero ciudadano.
Ellos no tienen la culpa, los culpables de esta anarquía de conciencia son otros, que prefieren el materialismo absoluto con trivialidades, que propender por la formación de verdaderos ciudadanos que conozcan el valor inmenso de los principios y virtudes de un ciudadano comprometido con su comunidad. Es hora de despojar de muelle comportamiento de los servidores públicos y se avoquen a cumplir fielmente las obligaciones institucionales.
¡Nadie ama, respeta, admira o defiende lo que no conoce!
Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero también tenemos la obligación de rectificar y enmendar la plana.
Mi reflexión podrá incomodar pero vale la pena intentarlo porque el futuro se cimenta en el pasado glorioso y en un presente comprometido con responsabilidad compartida.











