‘Esperemos a que amanezca a ver qué se quemó’

El incendio de Villa de Leyva no solamente ha consumido cientos de hectáreas y trastornado la vida de uno de los principales destinos turísticos del país. También dejó varias preguntas que alguien tendrá que responder: ¿se reaccionó a tiempo?, ¿por qué el apoyo aéreo tardó tantas horas?, ¿por qué los helicópteros no operaron durante la noche si Colombia ya ha utilizado esa capacidad en otros incendios?, ¿y están Boyacá y el país preparados para enfrentar emergencias mucho mayores durante los próximos meses?

Cuando cayó la noche del sábado sobre Villa de Leyva ya estaba claro que lo que ocurría en el cerro San Marcos había dejado de ser una pequeña emergencia forestal.

Las llamas avanzaban, el viento ayudaba a propagarlas y desde diferentes lugares del municipio podía verse la montaña encendida.

A las 10:00 de la noche, el excongresista Wílmer Castellanos hizo un llamado urgente al Gobierno nacional y a los organismos encargados de atender este tipo de emergencias. Según dijo, el incendio llevaba unas ocho horas y la ayuda que se necesitaba todavía no aparecía. “Necesitamos aeronaves”, reclamó.

A esa hora se hablaba de unas 50 hectáreas afectadas. En la mañana del domingo ya se mencionaban más de 100 y con el paso de las horas comenzaron a conocerse estimaciones mucho mayores.

Habrá que esperar una medición técnica para establecer cuánto se quemó realmente. Pero el problema ya no era solamente contar hectáreas.

La Carrera del Amor tuvo que ser cancelada, hoteles fueron evacuados, cientos de turistas salieron del municipio, se suspendieron actividades turísticas y las autoridades declararon la calamidad pública.

Y, por supuesto, está el daño más grave, que todavía no se puede cuantificar: el que sufrió un ecosistema de enorme importancia para Villa de Leyva, con afectaciones sobre vegetación, fauna y posiblemente fuentes de agua.

Entonces aparece la primera pregunta:

¿Se pudo reaccionar antes?

Los helicópteros comenzaron a operar durante la mañana del domingo; primero llegó una aeronave contratada por la Gobernación de Boyacá y posteriormente se sumaron las del Gobierno nacional. Durante el día llegaron a trabajar cuatro helicópteros, dos contratados por el departamento y dos dispuestos por la Nación, mientras cientos de personas combatían las llamas desde tierra. Pero entre el comienzo del incendio y la llegada de ese apoyo pasaron muchas horas.

El senador John Amaya aseguró que transcurrieron cerca de 20 horas desde la solicitud de apoyo aéreo hasta la llegada del primer helicóptero.

Mucho antes, hacia las 10:00 de la noche del sábado, Castellanos ya advertía que la emergencia estaba superando la capacidad del municipio y del departamento.

Eso no quiere decir que si los helicópteros hubieran llegado varias horas antes el incendio necesariamente se habría apagado. Sería irresponsable asegurarlo.

El comportamiento de un incendio depende del viento, la temperatura, la humedad, la vegetación, la topografía y muchas otras condiciones. Pero sí hay una pregunta que merece respuesta: ¿Qué ocurrió durante todas esas horas?

Porque cuando una emergencia comienza a superar la capacidad de un municipio como Villa de Leyva, cada hora puede resultar definitiva. El propio gobernador Carlos Amaya lo reconoció el domingo.

Mientras los cuatro helicópteros trabajaban y cientos de personas estaban desplegadas en tierra, el Gobernador volvió a pedirle ayuda al Gobierno nacional.

Agradeció el apoyo de los ministerios, de Bomberos, de la Fuerza Aeroespacial y del Ejército, pero advirtió que lo que había no era suficiente.

“Necesitamos más helicópteros, más máquinas y más personal en tierra”, escribió. Y cerró con una frase que resume buena parte de esta historia: “Cada minuto cuenta”.

Lo ocurrido en Suites Arcoíris muestra hasta dónde llegó la angustia. El hotel informó que desde las 9:00 de la mañana del domingo comenzó a solicitar apoyo de un helicóptero porque las llamas se acercaban peligrosamente.

Según el establecimiento, la ayuda fue solicitada reiteradamente y anunciada como posible, pero no llegó durante las horas que consideraban más críticas. A las 11:00 de la mañana ya habían evacuado a sus huéspedes.

La Defensa Civil informó de la evacuación de 29 personas, mientras algunos propietarios y trabajadores permanecieron en el lugar. Posteriormente, la Gobernación señaló que uno de sus helicópteros realizó descargas en ese sector y que el mayor riesgo había pasado. Son momentos diferentes de una emergencia que cambiaba prácticamente cada hora.

Pero Suites Arcoíris dejó constancia de que durante las horas más difíciles no recibió la respuesta que estaba solicitando y destacó el trabajo de sus empleados y de los voluntarios que llegaron para ayudar. Esa cronología también tendrá que aclararse.

Y después llegó la noche.

Los helicópteros dejaron de operar y se anunció que los vuelos se reiniciarían a las 6:30 de la mañana. Aquí aparece la segunda gran pregunta.

¿Por qué Colombia no puede combatir un incendio forestal desde el aire durante la noche? Resulta que sí puede y ya lo hizo.
El pasado 12 de agosto, la Aviación del Ejército utilizó un helicóptero UH-60 Black Hawk equipado con Bambi Bucket para combatir un incendio forestal en San Luis, Tolima. La operación se realizó utilizando Lentes de Visión Nocturna.

En dos jornadas se efectuaron 32 descargas y fueron utilizados 71.800 galones de agua. Es importante aclararlo: eso no significa que la misma operación pudiera realizarse automáticamente en Villa de Leyva.

Volar un helicóptero a baja altura, de noche, sobre una montaña, en medio del humo, el viento, árboles, cables y fuego es una operación de altísimo riesgo. Cada caso debe ser evaluado técnicamente. Pero hay algo que sí queda claro: Colombia tiene esa capacidad.

Entonces la pregunta no puede ser simplemente por qué los cuatro helicópteros que trabajaron durante el día no continuaron volando durante la noche.

La pregunta es otra: ¿Se evaluó traer a Villa de Leyva la capacidad especializada que el Ejército había utilizado apenas unas semanas antes en Tolima?

Porque el fuego no se apaga cuando oscurece. Mientras los helicópteros esperan el amanecer, las llamas siguen avanzando.
Y vale la pena mirar qué hacen otros países que enfrentan incendios mucho más grandes. España acaba de vivir emergencias enormes.

En Benahavís, Málaga, un incendio afectó cientos de hectáreas y obligó a evacuar y confinar población. Allí llegaron a desplegarse más de 200 personas y hasta 22 medios aéreos durante la emergencia.

En Tuéjar, Valencia, otro incendio arrasó unas 835 hectáreas. Cerca de 450 personas y alrededor de una veintena de medios aéreos llegaron a participar en la operación antes de que una fuerte lluvia ayudara a estabilizarlo. Pero la diferencia no está solamente en tener más helicópteros.

España ha desarrollado un sistema en el que trabajan conjuntamente aeronaves, brigadas especializadas, maquinaria pesada, unidades meteorológicas, comunicaciones, drones, cámaras infrarrojas, información satelital y sistemas que ayudan a establecer hacia dónde puede avanzar el fuego.

Es decir, no se trata simplemente de llegar con un helicóptero y comenzar a arrojar agua.

Se trata de saber dónde está la cabeza del incendio, qué puntos están más calientes, hacia dónde soplará el viento, qué sectores pueden estar en riesgo durante las siguientes horas y dónde deben concentrarse los hombres, las máquinas y las aeronaves.

Y ahí aparece otra pregunta que Villa de Leyva deja planteada: ¿Qué tecnología tenemos realmente en Boyacá para enfrentar un gran incendio forestal?

¿Tenemos drones térmicos? ¿Cámaras infrarrojas? ¿Información satelital disponible prácticamente en tiempo real? ¿Sistemas capaces de proyectar hacia dónde avanzará el fuego? ¿Un centro de mando que pueda integrar toda esa información?
¿O seguimos dependiendo fundamentalmente de bomberos, voluntarios, carrotanques y helicópteros que deben desplazarse desde otros lugares cuando la emergencia ya está encima?

Durante la tarde del domingo apareció otro episodio que merece análisis.

El presidente Abelardo de la Espriella informó que el incendio estaba controlado en un 50 por ciento y confinado en terreno. El ministro del Interior, Rodrigo Lara, repitió el reporte después de una evaluación realizada desde el Puesto de Mando Unificado.

Pero desde Villa de Leyva seguían llegando imágenes de enormes focos activos y, al mismo tiempo, el gobernador Carlos Amaya estaba pidiendo más helicópteros, más máquinas y más personal.

No necesariamente existe una contradicción. Un incendio puede tener una parte de su perímetro controlada y continuar activo en otros sectores. Controlado tampoco significa extinguido.

Pero en una emergencia de esta magnitud las palabras importan. Decirle al país que un incendio está “controlado en un 50 por ciento” puede generar una sensación de tranquilidad que no necesariamente coincide con las imágenes de una montaña todavía encendida y cientos de personas tratando de impedir que las llamas sigan avanzando.

Todavía es demasiado temprano para saber cuánto perdió Villa de Leyva. Habrá que establecer el número real de hectáreas afectadas, qué especies desaparecieron, qué pasó con la fauna, cuáles fuentes de agua resultaron comprometidas y cuánto tiempo necesitará ese ecosistema para recuperarse.

También habrá que determinar cómo comenzó el incendio y quién fue responsable, si finalmente se comprueba que fue provocado.

Y habrá pérdidas económicas difíciles de medir: hoteles evacuados, reservas canceladas, restaurantes afectados, turistas que salieron antes de tiempo, eventos suspendidos y comerciantes que perdieron uno de los fines de semana importantes del calendario turístico.

Pero posiblemente la principal consecuencia de este incendio debería producirse muy lejos del cerro San Marcos. En los escritorios donde se toman las decisiones. Porque Villa de Leyva dejó demasiadas preguntas.

¿Cuánto tarda Colombia en movilizar un helicóptero cuando se presenta una emergencia de estas características? ¿Quién determina cuándo un incendio dejó de ser municipal o departamental y requiere inmediatamente toda la capacidad nacional? ¿Qué capacidad real existe para combatir incendios durante la noche? ¿Qué tecnología tienen Boyacá y sus municipios? ¿Qué ocurriría si mañana no hubiera un incendio sino cinco o diez al mismo tiempo? Y, sobre todo, ¿estamos preparados para lo que viene?

Villa de Leyva puede terminar siendo una advertencia. No podemos asegurar que una reacción diferente hubiera evitado el desastre. Eso solamente podría determinarlo una investigación técnica seria.

Pero sí podemos decir que durante muchas horas hubo personas pidiendo ayuda, que el sábado en la noche se reclamaban aeronaves, que los helicópteros comenzaron a trabajar el domingo y que, cuando volvió a oscurecer, el incendio seguía activo.

Ahora habrá tiempo para apagar las últimas llamas, contar las hectáreas quemadas y calcular las pérdidas. Pero también debería haber tiempo para revisar qué funcionó, qué falló y qué nos hizo falta.

Porque después de semejante emergencia sería muy grave que Colombia simplemente esperara al próximo incendio para volver a descubrir qué tiene y qué no tiene.

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