Tunja se consolida como una fortaleza del voto alternativo

Foto | Hisrael Garzonroa-EL DIARIO

Los ciudadanos de la capital boyacense demostraron una vez más que votan de manera diferente al promedio regional e incluso al nacional. En las elecciones presidenciales, Tunja volvió a inclinarse por opciones alternativas y a marcar distancia frente a las tendencias predominantes en Boyacá.

Hace cuatro años, tanto en la primera como en la segunda vuelta presidencial, y nuevamente en las elecciones que acaban de definir al nuevo presidente y vicepresidente de Colombia, los tunjanos demostraron que tienen comportamientos electorales distintos a los del resto del departamento.

En la primera vuelta presidencial de este año, Iván Cepeda y Aída Quilcué obtuvieron en Tunja la mayor votación con 44.172 sufragios, equivalentes al 43,12 por ciento, frente a los 37.018 votos, el 36,13 por ciento, alcanzados por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo.

Durante la segunda vuelta, y a diferencia de lo ocurrido en la inmensa mayoría de municipios de Boyacá y en buena parte de los departamentos del centro del país, Cepeda volvió a imponerse en la capital boyacense con 57.709 votos frente a 47.609 de De la Espriella.

El comportamiento electoral de Tunja contrasta con el del resto del departamento. Cepeda volvió a perder en la gran mayoría de municipios boyacenses y únicamente logró imponerse en Cubará, Nobsa, Paz de Río y la capital del departamento.

Las explicaciones para esos resultados son diferentes. En Cubará influye la presencia histórica y cultural del pueblo indígena U’wa. En Nobsa y Paz de Río tienen peso las organizaciones sindicales y el sector obrero vinculado a la actividad industrial y minera. El caso de Tunja, sin embargo, responde a una combinación más compleja de factores sociales, culturales y demográficos.

La ciudad concentra una importante población estudiantil y universitaria proveniente de distintas regiones del departamento y del país. Esa presencia de jóvenes suele favorecer discursos de cambio, renovación política o cuestionamiento del establecimiento. Al mismo tiempo, la capital cuenta con una ciudadanía más expuesta al debate académico, a las discusiones políticas y a corrientes de opinión diversas.

Por eso, más que una ciudad identificada permanentemente con la izquierda o con una corriente ideológica específica, Tunja parece comportarse como un electorado volátil y poco dispuesto a mantener lealtades políticas duraderas. Con frecuencia premia opciones que representan ruptura frente a las estructuras tradicionales de poder y castiga a quienes considera parte del establecimiento.

Esa tendencia también se observa en las elecciones locales. Históricamente, los tunjanos no han mostrado una preferencia marcada por candidatos nacidos en la ciudad. De hecho, alcaldes provenientes de municipios como Soracá, Tuta, Toca o Ramiriquí han logrado conquistar la Alcaldía derrotando a dirigentes locales.

Algo similar ocurre en las elecciones al Congreso. Muchos votantes de la capital respaldan candidatos de otras provincias o ciudades del departamento en lugar de apoyar a figuras políticas nacidas en Tunja. Incluso en las elecciones municipales de 2023 una mayoría optó por elegir como alcalde a Mikhail Krasnov, nacido en la ciudad rusa de Sarátov, antes que a varios aspirantes locales con trayectoria política en la región.

La historia tampoco ha sido distinta en la Gobernación de Boyacá. Ningún tunjano ha logrado llegar al Palacio de la Torre mediante elección popular. A lo largo de las últimas décadas, los ciudadanos de la capital han respaldado a candidatos de Sogamoso, Puerto Boyacá, Duitama, Socha, Chiquinquirá, Nobsa, Somondoco y otros municipios del departamento.

Esa costumbre de votar diferente, a contracorriente o por fuera de las tendencias dominantes puede interpretarse como una manifestación de inconformismo político o de rechazo a las hegemonías partidistas. También puede entenderse como el resultado de una sociedad urbana más diversa y menos influenciada por las dinámicas tradicionales que predominan en buena parte del mundo rural.

Tunja apoyó ampliamente a Juan Carlos Granados para la Gobernación hace más de una década y posteriormente respaldó el liderazgo político de Carlos Amaya. Sin embargo, como suele ocurrir en la ciudad, el respaldo ciudadano tiende a ser temporal y está sujeto a constantes revisiones. Los liderazgos son respaldados con entusiasmo, pero también evaluados con severidad.
Por ahora, Mikhail Krasnov conserva importantes niveles de popularidad entre distintos sectores de la ciudad, aunque la experiencia política local demuestra que el afecto electoral de los tunjanos rara vez es permanente.

No existe una explicación única sobre lo que ocurre en la capital boyacense a la hora de votar. Lo cierto es que la dinámica electoral de Tunja suele diferenciarse de la del resto del departamento, donde tienen mayor peso las realidades rurales, campesinas y provinciales.

La paradoja es que, mientras Tunja suele asumir posiciones políticas distintas a las del resto de Boyacá, muchas veces termina viendo cómo otras ciudades y provincias logran consolidar liderazgos regionales más fuertes y una mayor capacidad de gestión e influencia política. La capital continúa siendo una ciudad abierta a todos los boyacenses, pero también una ciudad que con frecuencia carece de voceros propios capaces de defender sus intereses de manera sostenida en los escenarios departamentales y nacionales.

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