La gallina, la mantecada y Pedro Sánchez: ¿se cocina una candidatura en Boyacá?

El exministro de Defensa regresó a su tierra vestido con ruana, rodeado de familiares, paisanos y antiguos compañeros de armas. Dice que el encuentro en el Puente de Boyacá no fue político. Pero cuando le preguntaron si sería candidato a la Gobernación, tampoco dijo que no. Su respuesta fue otra: “Todo es posible en la vida”.

Hay escenas que, en política, dicen mucho más de lo que sus protagonistas están dispuestos a admitir.

Este martes, en el Puente de Boyacá, el general retirado Pedro Arnulfo Sánchez Suárez llegó vestido con ruana, cargando mantecadas de Boavita y dispuesto, según dijo, a compartir un almuerzo con sus paisanos. Lo esperaban familiares, antiguos compañeros de armas, amigos de su pueblo natal y hasta una profesora de primaria que recordó sus años de colegio. Hubo gallina, mantecada, recuerdos de infancia, anécdotas de su paso por la Fuerza Aérea y referencias a los valores que, según él, aprendió en Boavita. Y hubo también política.

No necesariamente porque Sánchez haya pronunciado un discurso electoral. De hecho, fue cuidadoso en marcar distancia con esa interpretación. Pero el escenario, el momento y, sobre todo, la pregunta que terminó recibiendo en redes sociales hicieron inevitable la lectura política.

“¿Estaría dispuesto a presentarse como candidato a la Gobernación de Boyacá?”, le preguntaron.

El exministro de Defensa no cerró la puerta: “Todo es posible en la vida, pero en este momento lo único que quiero es, por ahora, compartir este almuerzo que les traje a los paisanos, compartir este momento con ustedes, seguir creciendo y Dios marcará el camino, ya sea aquí en Boyacá, en Colombia, en cualquier lugar. En cualquier territorio siempre estaré dispuesto a servir”, respondió.

La frase final fue quizá la más reveladora: “Siempre estaré dispuesto a servir”. No dijo que sí. Tampoco dijo que no. Y en política, especialmente cuando falta más de un año para unas elecciones, esa diferencia puede ser enorme.

Sánchez no llegó al Puente de Boyacá como un desconocido. Llegó como uno de los militares boyacenses que mayor visibilidad nacional ha alcanzado en los últimos años: general de la Fuerza Aérea, comandante de las Fuerzas Militares y, hasta comienzos de agosto, ministro de Defensa. Pero este martes quiso contar otra historia: la del niño nacido en Boavita cuya familia temió que muriera pocos días después de su nacimiento; la del muchacho que estudió en el colegio agrícola local y que terminó ingresando a la Fuerza Aérea casi por una casualidad familiar.

Recordó a su tía Isabel, quien habría dicho a su madre: “Bauticemos al niño ya porque se nos va a morir”, debido al delicado estado de salud que presentaba después de nacer. Recordó también a su hermano Orlando, quien ya había ingresado a la Fuerza Aérea como suboficial y le recomendó que, si iba a entrar, lo hiciera como oficial. Y recordó a su profesora Yamile, presente en el encuentro, como parte de esa cadena de personas que, según él, contribuyeron a formar al militar que décadas después terminaría sentado en el despacho del Ministerio de Defensa.

La escena tenía, así, un fuerte componente personal, pero también tenía algo más: era una presentación pública de Pedro Sánchez ante su propia tierra. Y eso ocurre justo cuando su nombre empieza a aparecer con insistencia en las conversaciones sobre la próxima Gobernación.

La posibilidad de una candidatura de Sánchez no nació este martes. En julio, cuando todavía ocupaba el Ministerio de Defensa, su nombre ya aparecía públicamente entre los posibles aspirantes a la Gobernación de Boyacá para las elecciones de 2027. Junto a él también sonaba el del entonces presidente de la Agencia de Desarrollo Rural, César Pachón. Semanas después, el 3 de agosto, Sánchez habló del asunto en Caracol Radio y dejó una respuesta que volvió a alimentar las especulaciones: “Donde crea que yo pueda servir, lo haré con mucho cariño”, dijo. Y añadió que no descartaba la posibilidad, aunque insistió en que él no es político sino soldado y que sus intereses personales están subordinados a lo que quiera el país. Después dejó el Ministerio.

Y ahora aparece en Boyacá, no en una reunión privada, no en un despacho, no en un acto partidista, sino en el Puente de Boyacá, vestido de ruana, compartiendo comida con paisanos de Boavita y hablando durante horas ante las cámaras y las redes sociales.

La explicación oficial es sencilla: reencontrarse con su gente y contar su historia. La lectura política es inevitable: medir el terreno.

Hay que ser precisos. Hasta ahora, Sánchez no ha anunciado una candidatura a la Gobernación de Boyacá. Tampoco ha presentado un programa, anunciado partido, definido una coalición o comenzado formalmente una campaña. Lo que existe es una sucesión de señales: primero, su nombre aparece entre los posibles candidatos; después, él mismo dice que no descarta la posibilidad; y ahora organiza un encuentro con sus paisanos, en un lugar cargado de simbolismo para Boyacá y para Colombia, donde habla de su trayectoria, de su tierra, de sus valores y de su disposición a seguir sirviendo.

Es demasiado pronto para llamar a eso una campaña, pero sería ingenuo decir que no tiene ninguna dimensión política.
Si Pedro Sánchez decide finalmente lanzarse a la Gobernación, no sería el primer militar boyacense que intenta convertir su hoja de servicios en votos. Y allí aparece una historia mucho más interesante, porque hasta ahora la relación entre los generales boyacenses y las urnas no ha sido especialmente afortunada.

Uno de los casos más recordados es el del general retirado Rito Alejo del Río. En 2003, el oficial, nacido en San José de Pare, decidió competir por la Gobernación de Boyacá. La prensa regional y nacional registraron entonces su candidatura y su recorrido por diferentes regiones del departamento. Del Río no fue un candidato testimonial: obtuvo 49.869 votos y terminó en el cuarto lugar entre los aspirantes, detrás de Jorge Eduardo Londoño, Armando Mendieta Poveda y Alfonso Salamanca Llach. Londoño terminó elegido con 120.392 votos.

Es decir: el uniforme sí produjo votos, pero no produjo la Gobernación. Ese antecedente resulta particularmente interesante ahora que otro general boyacense, con una trayectoria nacional mucho más reciente, empieza a ser mencionado para el mismo cargo.

Otro antecedente es el del mayor general retirado Carlos Omairo Lemus Pedraza, oriundo de Aquitania. Lemus alcanzó posiciones de enorme importancia dentro del Ejército Nacional: fue inspector general y jefe de Estado Mayor del Ejército y posteriormente llegó a ser segundo comandante de la institución. Pero su relación con la política boyacense también pasó por la Gobernación. Fue precandidato al primer cargo del departamento y años después apareció entre los nombres que se mencionaban para el Senado dentro del naciente uribismo.

Su caso muestra otra dificultad: una cosa es tener reconocimiento dentro de las Fuerzas Militares y otra muy diferente construir una maquinaria electoral departamental. El prestigio institucional puede abrir puertas, pero las elecciones exigen algo distinto: organización territorial, alianzas, estructura política, capacidad de convocatoria y, sobre todo, votos.

La historia más reciente tiene otro protagonista: el coronel retirado William Donato Gómez, nacido en Sogamoso y conocido nacionalmente por haber permanecido cerca de 12 años secuestrado por las Farc. Después de su retiro también buscó entrar a la política electoral y en 2026 apareció como candidato a la Cámara de Representantes por Boyacá en la lista de Alianza Verde.

u trayectoria representa otro intento de transformar una historia personal de sacrificio, servicio y supervivencia en capital político. El tránsito del uniforme a las urnas, por lo visto, sigue siendo una posibilidad atractiva para algunos oficiales retirados.
Pero ¿qué tendría Pedro Sánchez que los otros no tuvieron? Aquí está, quizá, la verdadera pregunta.

Sánchez tendría una carta que sus antecesores no tuvieron en la misma dimensión: una exposición nacional extraordinariamente reciente. No se retiró de la vida pública después de décadas de haber abandonado la institución. Acaba de salir del Ministerio de Defensa. Ha sido comandante de las Fuerzas Militares. Su nombre estuvo durante meses en los principales medios de comunicación del país. Y, además, tiene una característica que en una elección departamental puede ser decisiva: nació en Boyacá.

En un departamento donde el origen territorial sigue teniendo un peso importante en la política, poder decir “soy de aquí” no es un detalle menor. Sánchez no tuvo que construir esa identidad. La tiene. Es la del niño de Boavita, la del estudiante del colegio agrícola, la del hijo que recuerda las frases de sus padres y la del militar que pasó buena parte de su vida fuera del departamento. La pregunta es si esa identidad puede convertirse en una candidatura competitiva.

Hay, además, un elemento que hace todavía más singular una eventual candidatura de Sánchez: fue ministro de Defensa del Gobierno de Gustavo Petro. Y aunque durante su encuentro en el Puente de Boyacá evitó convertir la jornada en un ajuste de cuentas partidista, sí habló de su paso por el Gobierno y reivindicó su papel durante las elecciones presidenciales.

Ese pasado puede ser una fortaleza o una dificultad dependiendo del electorado al que pretenda llegar. Sánchez tendría que responder una pregunta inevitable: ¿qué tan fácil será para un general que fue ministro de Petro construir una candidatura capaz de atravesar las fronteras de la polarización?

Él mismo parece tener claro el desafío. Durante el encuentro habló varias veces contra la división política. “La división lo único que hace es fracturar una nación y sobre todo fracturar el futuro de la misma”, sostuvo. También defendió la necesidad de respeto, humildad y unidad. Es un mensaje que parece pensado para una Colombia profundamente polarizada, pero también para un Boyacá donde cualquier candidatura a la Gobernación tendrá que moverse entre sectores políticos muy diferentes.

Hay otra diferencia fundamental entre ser comandante y ser candidato. En las Fuerzas Militares existe una cadena de mando. En política hay que convencer.

Un general puede ordenar una operación. Un candidato tiene que conseguir que miles de ciudadanos quieran votar por él. Un comandante tiene tropas. Un candidato necesita electores, concejales, alcaldes, dirigentes, líderes sociales, partidos, estructuras provinciales y aliados.

Y Boyacá no es políticamente uniforme. El departamento está compuesto por provincias con historias, intereses y liderazgos distintos. Una candidatura que aspire a la Gobernación necesita mucho más que reconocimiento en las redes sociales o simpatía en el municipio de origen. Necesita recorrer Boyacá, hablar con sus sectores productivos, convencer a los alcaldes, construir alianzas y, sobre todo, sobrevivir a la política.

Quizá por eso resulte tan simbólica la imagen de Sánchez en el Puente de Boyacá. Todavía no estaba haciendo campaña. Pero estaba haciendo algo que todo candidato necesita hacer antes de comenzar una campaña: presentarse ante la gente.
Al final del encuentro, Sánchez volvió a dejar la puerta abierta. No prometió una candidatura, no anunció partido, no pidió votos, pero tampoco quiso cerrar la posibilidad. “Dios marcará el camino”, dijo.

El camino electoral, si finalmente existe, todavía tiene muchas curvas. Falta saber quiénes serán los demás candidatos, qué partidos competirán, cómo se moverán las coaliciones y qué tan dispuesto estará Sánchez a abandonar definitivamente la comodidad relativa de la vida de un oficial retirado para entrar en el impredecible mundo de la política electoral. Pero una cosa sí parece haber cambiado.

Hace unos meses, Pedro Sánchez era apenas uno de los nombres que sonaban. Ahora, después de su paso por el Ministerio de Defensa, de sus declaraciones en agosto y de su aparición pública en el Puente de Boyacá, la pregunta dejó de ser si su nombre puede aparecer en una conversación política.

La pregunta es otra: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar?

Porque la gallina y la mantecada pudieron haber sido solamente un almuerzo entre paisanos. Pero en política, a veces, los primeros actos de una campaña se parecen mucho a cualquier otra cosa. Incluso a un almuerzo.

Y este martes, en el Puente de Boyacá, el general retirado que dice que todavía no sabe qué camino tomará dejó una frase que, por ahora, resume perfectamente la incertidumbre: “Todo es posible en la vida”.

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