
Los pueblos también se definen por sus símbolos, y el de Garagoa se levanta en piedra, fe e historia, representados en la Catedral consagrada a la advocación mariana de Nuestra Señora de la Candelaria.
La historia de este templo se remonda hacia 1950, cuando por iniciativa del presbítero Emilio Pedraza párroco de entonces, se propuso la construcción de una moderna iglesia en el lugar donde se levantaba un sencillo templo construido con muros gruesos de adobe, techos en teja de barro y distribución apropiada para el clima andino.

Las indagaciones históricas sobre la parroquia de Garagoa, indican que luego de la iniciativa del sacerdote Pedraza en 1950, con el impulso definitivo del padre Gelacio González en 1959 y la posterior gestión de los sacerdotes José de los Ángeles Amaya, Manuel Murcia e Ignacio Ardila; se concluyó en 1969 nuestro templo, sobrio y a la vez monumental, conocido hasta 1977 como Iglesia de la Candelaria. Su estilo parece hacer parte de la corriente historicista del siglo XX, cuya arquitectura ecléctica con influencia neogótica, fue muy común en la Colombia de la primera mitad de la centuria pasada.
El 26 de abril de 1977, durante el pontificado del papa San Pablo VI fue creada la Diócesis de Garagoa, lo cual hizo que el templo terminado apenas ocho años antes adquiriera el título eclesiástico de Catedral de Garagoa y fuese sede de las funciones pastorales de la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria, y además albergara la cátedra episcopal del Obispo de la Diócesis de Garagoa.

En abril y junio de 2027 se cumplirán 50 años de creada la Diócesis de Garagoa y la toma de posesión canónica de su primer obispo, siendo ocasión propicia para solicitar al Romano Pontífice la concesión del título de basílica menor a la catedral, obviamente cumpliendo los requisitos canónicos establecidos para ello. Las investigaciones al respecto indican que sería necesario acreditar entre otras cosas, una importancia histórica y religiosa significativa, con permanente y activa trayectoria litúrgica, así como el valor arquitectónico y devocional a la Virgen de la Candelaria.
La importancia de lo piadoso y la trayectoria litúrgica, se ha materializado en un notable incremento, debido a la eficacia pastoral de Monseñor Julio Hernando García Peláez, quien con una humildad franciscana que juega muy bien con su carisma y alta capacidad de oratoria sacra, ha convertido las eucaristías que preside y en especial la dominical de las once de la mañana, en verdaderas manifestaciones populares de convicción y esperanza en la fe de Cristo. De hecho, muchos de los turistas ya han incluido en su lista de eventos asistir, la misa que Monseñor García Peláez en algunas de sus homilías ha dedicado con especial cariño a los visitantes.
A favor de esta causa tendríamos la ventaja de ser sede episcopal y contar con la centralidad e identidad católica regional, que a mi modo de ver facilitarían el inicio del trámite de petición formal para evaluación y aprobación del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Entiendo y tengo claro que no será nada fácil, pero igual considero que existe una buena base documental para argumentar la súplica y sólo habría que profundizar en los requisitos, empezando por verificarlos oficialmente ante las autoridades eclesiásticas poseedoras de la información respectiva. Así que, estaríamos a tiempo y con posibilidades de celebrar la primera misa en la Basílica Menor de La Candelaria, el día que conmemoremos los cincuenta años de la Diócesis de Garagoa.
De salida: a la vuelta de la esquina está mayo, mes de la Santísima Virgen a quien rogamos siga intercediendo por los colombianos, especialmente en este crucial momento de nuestra patria mariana.











