
Con el cambio de inquilino en la Casa de Nariño, la nostalgia se apodera de unos y la ilusión de otros; pero como reza la sabiduría popular, en este caso, no hace falta el que llega y tampoco el que se va.
Los dos proyectos de nación que se presumen irreconciliables tienen más en común de lo que pareciera y para tristeza de los colombianos, no fue con el uno ni va a ser con el otro, como Colombia salga del atolladero en el que la han postrado.
La Patria Milagro representa el continuismo de los gobiernos neoliberales, su proyecto se enmarca en la continuidad de las políticas que históricamente han subordinado el desarrollo nacional a los intereses extranjeros. Sus “nuevas” recetas profundizan un modelo que ha golpeado siempre la industria, la producción y el trabajo nacionales.
La política exterior continúa su mismo cause, el nuevo presidente (ciudadano estadounidense), planea incluir a Colombia en el Escudo de las Américas, la iniciativa estratégica con la que EEUU pretende consolidar su dominio en el hemisferio occidental y avanzar en su guerra contra China. De acuerdo con las afirmaciones de Nathaniel Morris, eventual Embajador de EEUU en Colombia, ya hay un compromiso de retirar al país del Memorando de Entendimiento sobre la Franja y la Ruta de la Seda con China. Va quedando claro que, en el gobierno de Abelardo, Estados Unidos seguirá orientando la política económica nacional de acuerdo con sus propios intereses estratégicos.
En materia de política interna, los nombramientos de su gabinete dan muestra de lo que será su “nuevo” gobierno; nombres de la talla de Rodrigo Lara, Miguel Gómez, Elsa Noguera, Mauricio Gómez Amín, Paola Holguín y Viviane Morales, demuestran que este no es el gobierno de “los nunca” sino el de “los de siempre”.
La vieja politiquería tradicional hace parte del nuevo gobierno, será un verdadero milagro que se adopten políticas diferentes para Colombia.
El gobierno del “cambio” compite para posicionarse como uno de los más malos de la historia. No solo por la corrupción escandalosa que lo caracterizó de principio a fin, que dejó sindicados, presos y prófugos de la justicia; sino porque su gestión, su comportamiento y sus ejecutorias no fueron ejemplares y nunca sirvieron verdaderamente a quienes decían representar. Petro perdió el año y se rajó en casi todas las materias.
El balance no puede peor, crecimiento promedio de 1.7% en los tres primeros años de gobierno, déficit fiscal elevado (6,8% del PIB), aumento de la deuda pública externa (de 104 000 a 150 000 millones de dólares). La renegociación del TLC con EEUU terminó en la discusión secundaria de algunos renglones de la clausula de inversiones, que finalmente ratificó el tratado y mantuvo intacto su contenido. ¡Neoliberalismo mondo y lirondo!
La Paz Total fue un fracaso total. El sistema de salud en una de las peores crisis en toda la historia, aumentaron los enfermos y el número de tutelas casi se duplicó. El magisterio vivió en carne propia el sufrimiento del cambio de modelo de salud. En educación cerca del 51% de los proyectos que prometió tienen ejecución menor al 10%, en algunos casos la ejecución es nula.
Petro aumentó el costo de la gasolina en cerca del 68%, unos COP 7 000 por galón, pasó de ≈COP 9 000 en 2022 a ≈COP 16 200 en 2026; gravó con impuestos las bebidas y alimentos que consumen la mayoría de colombianos con el titulazo de “impuestos saludables”; la entrega de tierras es apenas del 12% de la promesa de campaña. En fin, mucho habló el que poco hizo.
Coletilla: La vendida del alma al diablo de la que habló Gustavo Bolívar, les sirvió mucho a los diablos y poco los colombianos. Los adalides del cambio se quedaron con el pecado y sin el género.
Centro de Estudios del trabajo, Cedetrabajo, Capítulo Boyacá. Administrador de empresas. Especialista. MBA Proyectos.











