
Centro de Estudios del Trabajo CEDETRABAJO, Capítulo Boyacá
Lo que se creía superado por la historia hoy lo reproducen las fuerzas políticas que alcanzaron la mayor cantidad de votos en la pasada contienda electoral. Petrismo y Uribismo encabezan hoy lo que bien podría denominarse el “nuevo bipartidismo nacional”, sus prácticas recuerdan los viejos comportamientos de liberales y conservadores, que dividían al país entre rojos y azules, para alcanzar a cualquier precio sus más caros intereses.
Las viejas prácticas de la politiquería tradicional, las mismas de “godos y cachiporros”, hoy las ejercen los dos bandos en cuestión, los que mal gobernaron antes de 2022 por 20 años y los que mal gobiernan hoy a nombre del “cambio”. Corrupción, clientelismo, división, polarización, control de la agenda nacional, autoritarismo, concentración de poder y señalamientos desde ambas orillas contra quienes piensan diferente.
Dos caras de la misma moneda
Los dos proyectos que se presentan como antagónicos irreconciliables, en el fondo se necesitan mutuamente para existir y justificar sus excesos. Ambas fuerzas se requieren para presentar al otro como el enemigo interno número uno y mantener sus réditos electorales. Sin la existencia del uno pierde fuerza el discurso del otro, se necesitan “del mismo modo y en sentido contrario” como diría la Señorita Antioquia.
La retórica mutuamente excluyente de los unos contra los otros, oculta precisamente las tremendas coincidencias en las formas y en los contenidos, el discurso es diferente pero los métodos y las políticas son inquietantemente parecidas. En general, lo que hacía el uribismo desde la derecha, hoy lo hace el petrismo desde la “izquierda”, las mismas prácticas con rostros diferentes.
Falso cambio y Continuismo
Tristemente el actual gobierno terminó por reproducir los peores vicios de los gobiernos neoliberales del pasado: escándalos, corrupción, presos, prófugos, impunidad, saqueo de recursos públicos, despilfarro, ineficiencia, burocracia, oportunismo, nepotismo y otros tantos males.
Lo que muchos celebraron como una ruptura histórica ha terminado, en lo sustancial, en una réplica de la misma lógica de poder que criticaban y en la aplicación, en lo fundamental, de las mismas políticas del modelo neoliberal: más libre comercio, TLCs, reformas sociales del Banco Mundial y la OCDE, entrega del territorio a interés estratégicos de EEUU, deuda pública, ruptura institucional y entrega del patrimonio público.
Los hechos demuestran que Petro no cambió ninguno de los grandes males del modelo de nación que dejaron los viejos gobiernos, y por el contrario mantuvo y profundizó varias de sus políticas.
Colombia merece más que eso
El debate nacional se ha reducido a un partido de barras bravas, marcado por una altura intelectual y democrática bastante pobre, que moviliza, eso sí, emocionalmente a las bases. Hoy no se ondean los trapos rojos y azules como en el pasado, pero el país sigue igual de polarizado. Los candidatos de Uribe y Petro, hacen lo suyo por mantener al país en esta división conveniente para ellos y sus bodegas compiten por ver quién lanza los peores adjetivos.
Colombia merece mucho más que esto, no podemos reeditar el pasado que representan los candidatos del uribismo, ni continuar por la senda que marca el continuismo del candidato oficialista del petrismo.
El país necesita urgentemente romper este falso dilema para superar la polarización estéril y construir una alternativa real, seria, que priorice el interés nacional por encima de las ambiciones de grupos particulares.











