Son bailarines y músicos, en su mayoría boyacenses, que consiguieron cerca de $200 millones con actividades, gestión y aportes personales para poder viajar. Durante 25 días recorrieron Portugal y llevaron a sus escenarios cumbia, mapalé, tambores, ritmos del Pacífico y danzas de la región Andina. La Compañía Internacional de Danza Paipa acaba de regresar de su sexta gira internacional y ya tiene invitaciones para volver a Europa. Esta es la historia de un proyecto independiente que nació en Boyacá y hoy tiene más de 120 integrantes.
No viajaron a Europa con una gran chequera detrás. Tampoco con los tiquetes y todos los gastos cubiertos por alguna poderosa organización. Para llegar a Portugal tuvieron que hacer cuentas, organizar actividades, tocar puertas, conseguir apoyos y, cuando fue necesario, meter la mano al bolsillo. Había que reunir cerca de 200 millones de pesos.
Y los reunieron. Después vino lo que mejor saben hacer: bailar.

Así llegaron desde Paipa hasta Portugal 16 bailarines, siete músicos y dos integrantes del equipo de apoyo logístico de la Compañía Internacional de Danza Paipa (CIDP), una agrupación independiente que ha convertido el folclor colombiano en su pasaporte para recorrer el mundo.
Entre el 7 y el 31 de agosto, los 25 integrantes de la delegación llevaron a los escenarios portugueses una muestra de la enorme diversidad cultural de Colombia.

Hubo música del Pacífico, ritmos de la región Andina y la fuerza del Caribe. Sonaron tambores y aparecieron la cumbia y el mapalé. Cambiaron los vestuarios, los movimientos y los sonidos, pero permaneció una misma bandera: la de Colombia y, particularmente, la de Boyacá.
La Compañía acaba de culminar su sexta gira internacional y detrás de esas palabras —“sexta gira”— hay una historia que comenzó hace cerca de once años y que hoy reúne a más de 120 personas alrededor de la danza.
El proyecto fue impulsado por el maestro Braulio Antonio Panqueba Martínez, su fundador y director general, con una idea que inicialmente era mucho más cercana que conquistar escenarios internacionales: formar personas a través de la danza y preservar el folclor.

La compañía se constituyó en febrero de 2016 como un proyecto social, cultural y educativo independiente.
Desde entonces fue creciendo. Llegaron niños, jóvenes y adultos. Se crearon los procesos Preinfantil, Infantil y Preparatorio; apareció un Elenco Élite y hasta se conformó un Grupo Máster para adultos mayores. La danza terminó reuniendo generaciones.

Y lo que comenzó en Paipa empezó a cruzar fronteras. Brasil, México, Chile, España, Portugal e Italia —este último país visitado en dos oportunidades— han estado en la ruta internacional de la compañía. Pero cada viaje supone un desafío que el público pocas veces alcanza a imaginar cuando ve a los bailarines sobre el escenario.
La última aventura comenzó mucho antes de abordar el avión. Participar durante casi un mes en una gira internacional con 25 personas representaba un costo cercano a los $200 millones.

La cifra podía convertirse fácilmente en una barrera para una agrupación cultural independiente. No lo fue.
Buena parte de los recursos se consiguió mediante gestión, actividades organizadas por los propios integrantes de la compañía y aportes personales voluntarios. Familias, bailarines, músicos, colaboradores y amigos terminaron involucrados en el propósito.

La fórmula de estos encuentros internacionales ayuda, pero no resuelve todo: la compañía debe asumir los pasajes aéreos y los desplazamientos terrestres, mientras que los festivales anfitriones cubren el alojamiento y la alimentación durante la participación de las delegaciones.
Por eso, antes de cada aplauso hubo cuentas; antes de cada escenario, actividades para conseguir recursos; y antes de llegar a Europa, meses de preparación. Ese esfuerzo quizá explique mejor que cualquier premio lo que significa pertenecer a la CIDP: sus integrantes no solamente bailan. También ayudan a hacer posible que la compañía pueda bailar.

La delegación participó en el circuito del Consejo Internacional de Organizaciones de Festivales de Folklore y de Artes Tradicionales (CIOFF), uno de los escenarios internacionales de intercambio y difusión de las culturas tradicionales.
Su recorrido incluyó tres encuentros en Portugal: Monção, Cernache do Bonjardim y Lavos-Figueira da Foz. Allí apareció sobre los escenarios una Colombia difícil de resumir en una sola coreografía.
Porque el propósito de la compañía no era mostrar únicamente las expresiones culturales de Boyacá, sino contar, bailando, la diversidad de todo un país: del Pacífico a los Andes y de los Andes al Caribe.

Cumbia, mapalé, percusión, músicas tradicionales, movimientos, vestidos y colores fueron cambiando frente a espectadores que, a miles de kilómetros de Colombia, respondieron con aplausos y ovaciones.
El último encuentro, en Lavos-Figueira da Foz, terminó convirtiéndose en uno de los momentos especiales de la gira. Allí la delegación colombiana logró una particular conexión con el público y cerró sus presentaciones en Portugal. Para Panqueba, sin embargo, el éxito no se mide solamente en aplausos.

“Nos vamos felices, pero también con nuevos retos y con muchas ganas de seguir trabajando y de volver”, señaló el director. “Fue una gira muy exitosa y, sobre todo, con mucho trabajo que gustó. Llevamos una propuesta muy responsable y comprometida, mostrando la diversidad y la riqueza de nuestro país, dejando en alto el nombre de Colombia, Paipa y Boyacá”, agregó.
Durante esos 25 días no todo ocurrió encima de los escenarios. La compañía quiso que el viaje fuera también una experiencia de formación. Los integrantes de la delegación recorrieron Lisboa, Porto, Aveiro, Fátima y Sintra, en Portugal, y Madrid y Barcelona, en España.
Para muchos de estos jóvenes, una gira de esta naturaleza significa algo más que bailar fuera del país: es conocer otras culturas, encontrarse con agrupaciones provenientes de diferentes lugares del mundo y descubrir cómo otros pueblos conservan sus tradiciones.
Ese intercambio es justamente una de las razones de ser de los grandes festivales internacionales de folclor. Cada delegación llega con sus vestidos, instrumentos, músicas y costumbres. Durante algunos días, el mundo cabe en un escenario.
Y allí, entre agrupaciones de distintos países, una compañía nacida en Paipa consiguió hacerse notar. La recompensa comenzó a aparecer antes de regresar a Colombia.
El nivel de las presentaciones llamó la atención de organizadores y programadores internacionales y la compañía recibió nuevas invitaciones para Europa. La CIDP estudia ahora la posibilidad de regresar a Portugal y presentarse por primera vez en Polonia y Países Bajos. Es decir, la sexta gira podría haber abierto las puertas de la séptima.

Pero habrá que comenzar nuevamente: reunir recursos, preparar repertorios, realizar interminables y extenuantes ensayos, buscar apoyos, confeccionar trajes, comprar tiquetes, hacer cuentas y volver a tocar puertas.
Porque esta historia tiene una particularidad: la Compañía Internacional de Danza Paipa ha construido buena parte de su recorrido internacional desde la autogestión. Panqueba sabe que detrás de cada viaje hay muchas personas que jamás aparecen sobre el escenario.
“Quiero agradecer profundamente a los bailarines, músicos, familias, colaboradores y a todas las personas que hicieron posible esta gira. Gracias por creer en este proyecto y por acompañarnos en esta bonita causa de llevar el nombre de Colombia al exterior”, expresó.
Mientras el Elenco Élite recorre escenarios internacionales, en Paipa continúa funcionando la verdadera cantera de la compañía. Hoy son más de 120 integrantes distribuidos entre los procesos Preinfantil, Infantil, Preparatorio, Elenco Élite y Grupo Máster.
Quizá allí esté la dimensión más importante de esta historia.
Los 16 bailarines que estuvieron en Portugal son apenas la cara visible de un proyecto mucho más grande. Detrás vienen niños que apenas comienzan a reconocer un ritmo; jóvenes que acumulan horas de ensayo con la esperanza de integrar algún día el elenco principal; adultos que encontraron en la danza una manera de mantenerse vinculados con sus tradiciones, y familias enteras que terminan acompañando el proceso.
Así se construye una compañía de danza. No solamente con coreografías. Se construye con tiempo, disciplina, zapatos gastados, ensayos, viajes, familias, frustraciones, rifas, actividades para conseguir dinero y muchas horas en las que nadie aplaude.
Después llegan las luces y entonces sucede algo como lo ocurrido este agosto. A miles de kilómetros de las montañas boyacenses, en una plaza o un escenario de Portugal, comienzan a sonar los tambores; salen los bailarines, aparecen los colores y el público descubre la cumbia, el mapalé, el Pacífico y los Andes.
Y durante unos minutos, Paipa deja de ser un punto en el mapa de Boyacá para convertirse en Colombia ante el mundo.











