Boyacá fue uno de los departamentos que con mayor contundencia respaldó a Abelardo de la Espriella en las urnas. Le aportó una ventaja de casi 148.000 votos sobre Iván Cepeda y el presidente electo ganó en 119 de los 123 municipios. Sin embargo, en la conformación del nuevo Gobierno el departamento quedó por fuera de los ministerios. Hasta ahora, su representación se concentra en cargos directivos de entidades nacionales como el SENA, Invías y el Instituto Nacional de Salud.
Boyacá hizo la tarea electoral. Y la hizo con creces. Pero, a juzgar por los primeros nombramientos del Gobierno de Abelardo de la Espriella, la recompensa política para el departamento quedó muy por debajo de lo que muchos esperaban.
El departamento respaldó de manera contundente al hoy presidente en las dos vueltas presidenciales y terminó siendo uno de los territorios donde su triunfo fue más amplio. En la segunda vuelta, celebrada el 21 de junio, De la Espriella obtuvo en Boyacá 404.057 votos, frente a 256.199 de Iván Cepeda, una diferencia de 147.858 sufragios.
La cifra adquiere mayor significado cuando se compara con el resultado nacional. En Colombia, De la Espriella ganó por 251.854 votos, al obtener 12.960.166 sufragios frente a los 12.708.312 de Cepeda. Es decir, la ventaja que obtuvo en Boyacá representó casi el 59 % de toda la diferencia con la que ganó la Presidencia.
Dicho de otra manera: de cada cuatro votos de ventaja que De la Espriella consiguió sobre Cepeda en todo el país, casi tres llegaron de otros departamentos y uno correspondió al resultado de Boyacá, un territorio que se convirtió en uno de sus principales bastiones electorales.
En el departamento, De la Espriella consiguió el 60,22 % de los votos, frente al 38,21 % de Cepeda. La diferencia fue de 22 puntos porcentuales.
Y hay otro dato políticamente todavía más revelador: De la Espriella ganó en 119 de los 123 municipios de Boyacá. Cepeda solamente logró imponerse en Tunja, Cubará, Paz de Río y Nobsa.
El respaldo había sido igualmente contundente en la primera vuelta. De la Espriella obtuvo entonces 337.768 votos, equivalentes al 50,47 %, mientras Cepeda consiguió 216.425. La diferencia fue de 121.343 votos.
Entre una vuelta y otra, De la Espriella sumó 66.289 votos adicionales, un crecimiento del 19,6 %. Su ventaja sobre Cepeda pasó de 121.343 a 147.858 votos.
En otras palabras, mientras la elección presidencial nacional terminó siendo extremadamente estrecha, Boyacá se comportó como un territorio claramente alineado con De la Espriella.
Por eso, durante la campaña y después de la elección, no resultaba descabellado pensar que el departamento tendría una representación importante en el nuevo Gobierno. Más aún si se tiene en cuenta que hubo dirigentes boyacenses que estuvieron cerca de la campaña presidencial.
El caso más evidente es el de Juan Camilo Ostos, economista y exviceministro de Transporte, quien fue uno de los principales promotores de la campaña de De la Espriella en Boyacá y, de acuerdo con información publicada durante la campaña, fue quien consiguió la única visita del candidato al departamento. También existía un antecedente reciente que alimentaba las expectativas regionales.
Durante el Gobierno de Gustavo Petro, Boyacá tuvo una presencia considerable en el Ejecutivo nacional. Varios dirigentes y profesionales del departamento ocuparon ministerios, direcciones y cargos de alta responsabilidad en entidades nacionales. Entre ellos estuvieron Sandra Urrutia en el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones; William Camargo en el Ministerio de Transporte; Pedro Sánchez en el Ministerio de Defensa; Jorge Eduardo Londoño en el SENA; César Pachón en la Agencia de Desarrollo Rural; Wímer Leal en el Fondo Colombia en Paz; Paula Cepeda en el ICA; Javier Pava en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y Sandra Ortiz como alta consejera para las Regiones.
La expectativa, entonces, era que un departamento que había sido electoralmente tan generoso con el nuevo presidente recibiera, por lo menos, una representación equivalente. Pero eso no ocurrió.
Los nombres boyacenses que han aparecido en el nuevo Gobierno están, hasta ahora, en cargos directivos de entidades nacionales. Entre ellos está el fraile Ricardo Torres Castro, nacido en Tunja, designado director del SENA por De la Espriella. Torres tiene una amplia trayectoria académica y administrativa y fue rector de la Universidad Santo Tomás, además de haber trabajado en el Centro Nacional de Memoria Histórica.
También se ha anunciado la llegada de Zulma Cucunubá a la dirección del Instituto Nacional de Salud y de Juan Camilo Ostos a la dirección del Invías, dos posiciones de importancia nacional, pero que no tienen el rango político de un ministerio.
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Y precisamente el caso de Ostos es el que más preguntas genera en Boyacá. Fue uno de los dirigentes que más abiertamente se la jugó por De la Espriella en el departamento. Su experiencia en el sector público, particularmente en transporte e infraestructura, lo hacía uno de los nombres naturales para ocupar una cartera ministerial relacionada con esas áreas. Ostos fue viceministro de Transporte y ha tenido una extensa trayectoria en asuntos de infraestructura y movilidad.
Que termine al frente del Invías sería, sin duda, una posición importante. Pero también deja la sensación de que el hombre que ayudó a poner a Boyacá en la campaña de De la Espriella no alcanzó la categoría ministerial que muchos esperaban para él.
La paradoja política es evidente. Boyacá no fue un departamento marginal en la elección presidencial. Fue uno de los territorios donde De la Espriella consiguió su respaldo más contundente. Le entregó una ventaja de casi 148.000 votos, ganó en 119 municipios y obtuvo más de seis de cada diez votos.
Pero, cuando llegó la hora de conformar el Gobierno, el departamento no obtuvo una silla en el Consejo de Ministros.
Además, algunos de los primeros nombramientos nacionales generaron debate precisamente porque incorporaron a personas provenientes de familias políticas y estructuras tradicionales, pese a que De la Espriella construyó buena parte de su discurso electoral alrededor de la idea de romper con “los de siempre”.
Por eso, más que reclamar burocracia por burocracia, el interrogante que queda para Boyacá es político: ¿qué lugar tendrá realmente el departamento en las prioridades del nuevo Gobierno?
Porque un ministerio no es solamente un cargo. Es capacidad de decisión, presupuesto, interlocución directa con el Presidente y posibilidad de poner sobre la mesa las necesidades de una región.
Boyacá necesita inversiones en infraestructura, vías, agua, campo, educación, minería, turismo y desarrollo productivo. Y ahora tendrá que demostrar el Gobierno de De la Espriella si el respaldo que recibió en las urnas se traducirá en obras, recursos y decisiones concretas.











