Le pusieron cariño al monte

Foto | Vía Laura Bello

Durante seis días el fuego avanzó por Villa de Leyva, Chíquiza e Iguaque y dejó más de 1.400 hectáreas afectadas. Pero mientras el monte ardía, cientos de personas fueron a defenderlo. Bomberos, pilotos, socorristas, soldados, policías, campesinos, voluntarios y muchas manos anónimas enfrentaron uno de los incendios más grandes que haya vivido Boyacá. Esta vez no queremos hablar de las llamas. Queremos hablar de ellos. Y decirles, sencillamente, gracias.

Jorge Velosa lo viene cantando desde hace muchos años: hay que ponerle cariño al monte. Y esta semana, cuando una parte del monte boyacense comenzó a arder y durante seis largos días vimos cómo el fuego se llevaba árboles, matorrales, frailejones, robledales y animales, hubo cientos de personas que hicieron precisamente eso: ponerle cariño al monte.

Lo hicieron con agua, mangueras, palas y herramientas. Desde el aire y desde la tierra. Caminando durante horas por lugares difíciles, respirando humo, soportando el calor de las llamas y el frío de la madrugada. Lo hicieron llevando comida, conduciendo un vehículo, prestando una represa, coordinando las operaciones o simplemente apareciendo cuando se necesitaban manos.

Por eso este fin de semana no queremos volver a mostrar solamente las fotografías del incendio. Queremos mostrar sus caras: las de los bomberos que estuvieron donde pocos se atrevían a estar; las de los pilotos y tripulantes que una y otra vez pasaron sobre las montañas incendiadas; las de soldados, policías, Defensa Civil, Cruz Roja y organismos de socorro; las de los campesinos que conocen esos caminos y las de los voluntarios que llegaron sin esperar que alguien los llamara. Mírenlos bien. Algunos están tiznados, otros cubiertos de polvo y ceniza y en muchos rostros se nota el cansancio de quienes durmieron muy poco durante casi una semana.

El incendio comenzó el sábado 19 de septiembre y después vinieron seis días que Boyacá difícilmente olvidará. El fuego avanzó por Villa de Leyva y Chíquiza y llegó hasta el Santuario de Fauna y Flora de Iguaque. Hubo momentos de enorme angustia, zonas habitadas amenazadas, evacuaciones preventivas y focos que el viento volvía a encender.

Mientras desde nuestras casas mirábamos las columnas de humo y seguíamos los reportes, allá arriba cada día llegaban más personas y comenzaron a escucharse los helicópteros. Llegaron a operar siete. En uno de los balances se contabilizaron 299 descargas y cerca de 470.000 litros de agua arrojados desde el aire, algo así como 31 carrotanques de 15.000 litros cada uno. Detrás de esas cifras había pilotos y tripulantes haciendo maniobras de enorme precisión entre montañas, humo, viento y fuego.

Pero también hubo mucha gente que casi nunca aparece. Los propietarios de las fincas El Hipódromo y El Emporio, por ejemplo, permitieron que los helicópteros utilizaran sus represas para abastecerse. Y estuvieron quienes prepararon comida, llevaron agua, consiguieron herramientas, condujeron carrotanques, camionetas y ambulancias, atendieron animales, prestaron una máquina o simplemente llegaron a preguntar en qué podían ayudar. No todos llevaron uniforme, no todos subieron a un helicóptero, no todos recibirán un reconocimiento y seguramente nunca conoceremos sus nombres. Pero esta historia también les pertenece.

Y aquí vale la pena regresar a Póngale cariño al monte. Velosa nos enseñó hace muchos años algo muy sencillo: el monte no son solamente árboles. Es agua, es vida, es compañero. Y nos dejó una pregunta que esta semana volvió a tener todo el sentido: ¿qué vamos a hacer? Boyacá respondió. Cuando el monte ardió, cientos de personas no se quedaron mirándolo desde lejos. Fueron a defenderlo. Y no estaban defendiendo solamente árboles. Estaban defendiendo el agua, los animales, los frailejones, los robledales, los bosques, a Iguaque y, finalmente, una parte de nosotros mismos.

El fuego dejó una enorme herida: más de 1.400 hectáreas afectadas y un daño ambiental que apenas comenzamos a dimensionar. Pero después de semejante emergencia quedaron también tres cifras que vale la pena escribir juntas: cero muertos, cero heridos y cero viviendas destruidas. Y eso no fue solamente suerte. Hubo prevención, evacuaciones, coordinación y cientos de personas trabajando día y noche para impedir que esta historia terminara mucho peor.

Ahora los helicópteros dejarán de escucharse sobre esas montañas, los organismos de emergencia regresarán a sus lugares de origen, los voluntarios volverán a sus trabajos, los bomberos limpiarán sus equipos y nosotros comenzaremos a ocuparnos de otras noticias. Allá quedará Iguaque, herido, esperando que la naturaleza, con nuestra ayuda, empiece el largo camino de la recuperación. Algún día volverá el verde a muchos de los lugares que esta semana vimos negros. Y cuando eso ocurra, ojalá no olvidemos estas fotografías ni a quienes aparecen en ellas.

Porque hubo una semana de septiembre de 2026 en la que el monte ardió y cientos de personas fueron a defenderlo. Le pusieron agua, manos, conocimiento, coraje, cansancio y noches sin dormir. Algunos pusieron en riesgo su propia vida.
Jorge Velosa lleva años diciéndonos, con esa manera tan boyacense de decir las cosas, que al monte hay que cuidarlo.

 

Ellos esta semana lo hicieron. Le pusieron cariño al monte.
GRACIAS.

*A este artículo lo acompañan fotografías de Laura Bello, secretaria de Turismo, Carlos Amaya, gobernador, Gobernación de Boyacá y Noti Jack.

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