La parábola de los cristianos hipócritas, según José Luis Bohórquez

El representante a la Cámara boyacense llevó al Congreso su propia parábola sobre la fe y la política: la de quienes madrugan a rezar, gritan “¡Viva Cristo Rey!” y se proclaman defensores de Dios, pero, según él, cuando sale el sol olvidan al prójimo, atacan a quienes piensan distinto y se dedican a los “pecados y negocios”. “¿Qué Jesús leyeron?”, preguntó.

Hay cristianos de madrugada y pecadores de oficina. Rezan temprano, invocan a Dios, proclaman “¡Viva Cristo Rey!” y, cumplida la obligación celestial, salen a atender los asuntos terrenales.

Entre ellos, según el representante a la Cámara boyacense José Luis Bohórquez, puede haber pecados, negocios, ataques contra el prójimo y hasta olvidos selectivos de aquello que predicó Jesús.

Esa fue, palabras más, palabras menos, la parábola política que el exalcalde de Duitama llevó esta semana al Congreso de la República para cuestionar a sectores de la derecha colombiana que exhiben públicamente su fe cristiana.

Como si estuviera pronunciando una homilía, pero con bastante veneno político, Bohórquez señaló: “Cuando dicen ‘¡Que viva Cristo Rey!’, yo me pregunto: ¿a qué Dios se refieren? Y lo pregunto porque a veces se reza mucho y se hace poco”.
Para Bohórquez, al parecer, hay un Cristo para las proclamas y otro para cuando toca reconocer al prójimo.

Recordó la muerte de Gabriel García Márquez, el único colombiano ganador del Premio Nobel de Literatura, y las expresiones que desde sectores de la derecha se lanzaron contra el escritor. En esa oportunidad María Fernanda Cabal, representante de la derecha más reaccionaria del país, dijo sobre García Márquez que debía “estar pudriéndose en el infierno”.

Pero luego Bohórquez puso un ejemplo que consideró todavía más contradictorio con ese fervor religioso: la reciente muerte del sacerdote jesuita Javier Giraldo.

“Hace unos días, el 25 de agosto, murió el padre Javier Giraldo. Este Congreso, en silencio; no dijo nada. Los creyentes no dijeron nada cuando murió un cura que entregó su vida a las víctimas de San José de Apartadó. Aquí nadie dijo nada”.
Y el congresista siguió echándole sal a la homilía. Aseguró que algunos de quienes guardaron silencio frente a la muerte de Giraldo recuperaron rápidamente la voz cuando fueron despedidas dos periodistas. “Los mismos que dicen ‘¡Viva Cristo Rey!’ salen a decir que son unas ‘chandosas’, alcahuetas y progresistas”, afirmó.

Fue entonces cuando Bohórquez llegó al evangelio según la política colombiana y formuló dos preguntas: “¿Qué Jesús leyeron? ¿Qué Jehová fue el que interpretaron?”

Porque, en su interpretación, algo no cuadra. Si Jesús estuvo con los pobres, ¿por qué quienes invocan su nombre terminan del lado de los poderosos? Si predicó misericordia, ¿por qué burlarse de una mujer? Y si enseñó a amar al prójimo, ¿desde qué versículo se insulta a una periodista?

Bohórquez respondió a su manera: “Jesús estaría con las víctimas; Jesús no defendería a los ricos; Jesús no se burlaría de una mujer; Jesús no les diría ‘chandosas’ a unas periodistas. Eso no haría Jesús”. Y después soltó la palabra que resumió toda su intervención: hipocresía.

Para el congresista boyacense, se trata de “hipócritas de la moral y de la religión”: personas que hacen pública profesión de fe, pero cuya conducta —según él— no siempre pasa el examen del Evangelio que dicen defender.

Bohórquez fue todavía más lejos. No solamente cuestionó el cristianismo de sus contradictores, sino que prácticamente les disputó el derecho a presentarse como los dueños políticos de la fe.

“Que quede bien claro en este recinto; que los creyentes somos los que defendemos a los pobres y a los humildes. Somos nosotros los verdaderos creyentes”.

Y reservó para el final la frase más punzante de toda su intervención: “Otros madrugan a rezar mientras en el día hacen pecados y negocios”.

Según la parábola de José Luis Bohórquez, en la política colombiana el problema no sería que falten creyentes. Creyentes sobran. También abundan las oraciones, las invocaciones a Dios y los “¡Viva Cristo Rey!”. Lo difícil, al parecer, es que la devoción alcance para todo el día.
Amén.

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