La gallardía de Jaime Raúl Salamanca


Hay derrotas que sacan lo peor de los políticos y otras que permiten conocer de qué están hechos. La de ayer parece haber sido de las segundas para el representante a la Cámara Jaime Raúl Salamanca.

Nadie podrá decir que Salamanca no se puso la camiseta de la campaña de Iván Cepeda. De sol a sol, entre semana y fines de semana, en plazas, reuniones, redes sociales y entrevistas, el presidente de la Cámara fue probablemente el boyacense que más trabajó por la candidatura progresista. Incluso, según comentan algunos observadores, más activo que varios dirigentes del propio Pacto Histórico en Boyacá.

Pero mientras el candidato derrotado hablaba de esperar los escrutinios y mientras el presidente Gustavo Petro recordaba que aún faltaba el veredicto definitivo de los jueces electorales, Salamanca optó por un camino menos transitado en la política colombiana: reconocer la realidad.

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Cuando apenas comenzaba la noche escribió en sus redes sociales: «Los colombianos hablaron en las urnas y el resultado merece respeto de todas y todos».

También agradeció a quienes respaldaron la candidatura de Cepeda, llamó a escuchar a las regiones olvidadas, habló de reconciliación nacional y hasta le deseó éxitos al presidente electo Abelardo de la Espriella. Eso sí, dejó una advertencia con humor negro incluido: «Esperamos no ser destripados por pensar distinto».

Más tarde volvió a aparecer en X con un mensaje dirigido a los derrotados, que no eran pocos: más de 12 millones de colombianos y cerca de 280.000 boyacenses. Recordó que en política también hay que aprender a perder y que la tarea ahora será defender las causas en las que cree desde la oposición democrática.

Y cuando parecía que ya se había dicho todo, Salamanca remató la jornada con una confesión que seguramente entendieron miles de simpatizantes de Cepeda: tenía tusa electoral.

«Obvio tengo tusa electoral. Pero la fuerza no se me va. No soy blandito, a mí no me criaron con leche de polvito», escribió.
La frase, más boyacense que un cocido en feria patronal, terminó convirtiéndose en una de las postales políticas de la noche.

Mientras unos seguían haciendo cuentas, buscando votos perdidos o esperando milagros matemáticos, Salamanca ya había pasado por las cinco etapas del duelo electoral: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Todo en cuestión de horas.
Y eso, en tiempos de polarización, también merece ser contado.

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