Los congresistas boyacenses del Partido Verde no tienen una posición unificada frente al gobierno de Abelardo de la Espriella. Hoy, en Bogotá, la Dirección Nacional de la colectividad deberá decidir entre declararse en oposición o mantenerse en independencia. El sector político cercano al gobernador Carlos Amaya podría resultar determinante para inclinar la balanza, pero también pesará una señal del nuevo Gobierno: ¿quiere tener a los verdes cerca o prefiere que se vayan a la oposición?
El Partido Verde, este jueves 3 de septiembre, tiene que tomar una de las decisiones políticas más importantes desde la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia: irse a la oposición o declararse independiente frente al nuevo Gobierno. Y Boyacá tendrá mucho que ver con lo que finalmente ocurra.
En el Hotel Hilton Garden de Bogotá, desde las 10 de la mañana, se reunirán los integrantes de la Dirección Nacional de la Alianza Verde, máximo órgano permanente de dirección de la colectividad, para escuchar las distintas posiciones y tomar una decisión que marcará durante los próximos años su relación con la Casa de Nariño.
En teoría existen tres posibilidades: declararse partido de gobierno, independiente o de oposición. Sin embargo, dentro del Verde prácticamente nadie está planteando en este momento ingresar formalmente a la coalición de gobierno de De la Espriella. Por eso, la verdadera discusión será entre oposición e independencia.
Y alrededor de esas dos posibilidades existen profundas diferencias. El representante Jaime Raúl Salamanca quiere oposición; y el también representante Yamit Noé, independencia.
El representante Jaime Raúl Salamanca considera que, por coherencia con los principios y posiciones que históricamente ha defendido el Partido Verde, la colectividad debería declararse en oposición.
“Hay una corriente del Partido Verde que dice que nosotros debemos estar en independencia frente al Gobierno, apoyando lo bueno y apartándonos de aquello con lo que no estemos de acuerdo. Es una corriente que tiene bastante peso en la Dirección Nacional”, reconoció Salamanca en diálogo con EL DIARIO.
Pero inmediatamente dejó clara su posición. “También está la corriente que plantea que el Partido Verde, en coherencia con sus ideas, con sus principios y con lo que nosotros hemos defendido, debería ser un partido de oposición”, afirmó.
Salamanca considera, además, que declararse en oposición no significa asumir una actitud de bloqueo permanente frente al Ejecutivo. “Se puede hacer oposición de manera propositiva, de manera generosa, pensando en el país”, sostuvo.
Su compañero de bancada por Boyacá, el representante Yamit Noé Hurtado, piensa diferente.
Hurtado se ha mostrado partidario de que el Verde se declare independiente: no ingresar a la coalición oficialista, pero conservar la posibilidad de acompañar al Gobierno en proyectos, decisiones y políticas que considere convenientes para el país.
Esa diferencia entre Salamanca y Hurtado refleja, en pequeña escala, la discusión que atraviesa actualmente a toda la colectividad.
La diferencia no es simplemente semántica. Si el Verde se declara en oposición, asumirá formalmente ese papel frente al Gobierno y tendrá las garantías y obligaciones establecidas para los partidos opositores. Políticamente, eso seguramente lo acercaría en numerosas discusiones al Pacto Histórico y a otros sectores contrarios a De la Espriella.
Pero eso no significa que quede obligado a votar contra todo lo que proponga el Gobierno ni que tenga que actuar siempre de la mano del Pacto Histórico.
Podrá respaldar iniciativas oficiales que considere convenientes, aunque su posición política general sea de oposición y su papel frente al Ejecutivo sea fundamentalmente ejercer control y presentar alternativas.
La independencia ofrece un margen político diferente. El Verde no sería parte de la coalición de gobierno, pero tampoco integraría formalmente la oposición. Podría apoyar unas reformas, rechazar otras, negociar acuerdos legislativos y mantener una relación menos distante con el Ejecutivo.
Dicho de otra manera: la oposición marcaría una frontera política mucho más clara frente a De la Espriella; la independencia dejaría una puerta entreabierta para entenderse con el Gobierno. Y allí está buena parte de la discusión.
Hay otro elemento que convierte la reunión de hoy en un asunto especialmente importante para Boyacá: el peso político del gobernador Carlos Amaya dentro del Partido Verde.
Amaya no integra la Dirección Nacional que tomará formalmente la decisión, pero su influencia dentro de la colectividad trasciende ampliamente las fronteras del departamento.
Boyacá tiene tres congresistas del Partido Verde —dos representantes a la Cámara y un senador— y, además, la exsenadora boyacense Carolina Espitia es actualmente copresidenta nacional de la colectividad, junto con Antonio Navarro y Rodrigo Romero.
A eso se suma un grupo de dirigentes, senadores y representantes de otras regiones que mantienen cercanía política con Carlos Amaya y que en anteriores decisiones internas han acompañado posiciones de su sector.
Durante la discusión de abril pasado sobre un eventual acuerdo político con Iván Cepeda, El Espectador llegó a identificar la existencia de un denominado “bloque Amaya”, con un peso considerable dentro de la Dirección Nacional.
La elección de Carolina Espitia como copresidenta también fortaleció la representación del sector boyacense en las instancias superiores de la colectividad.
Por eso, aunque Carlos Amaya no se siente hoy a votar en la Dirección Nacional, la señal que envíe el Gobernador puede tener incidencia sobre varios de quienes sí lo harán.
Pero no solamente importa lo que piense Carlos Amaya. Dentro del Verde también están pendientes de las señales provenientes del propio gobierno de Abelardo de la Espriella.
La pregunta que algunos dirigentes se hacen es sencilla: ¿el Gobierno necesita al Partido Verde y quiere mantenerlo cerca o está dispuesto a dejarlo marchar a la oposición? Para De la Espriella tampoco es una decisión menor.
Un Partido Verde declarado formalmente en oposición ampliaría el bloque político contrario al Gobierno y podría acercarlo, aunque no necesariamente de manera automática ni permanente, al Pacto Histórico y a otros sectores progresistas.
Un Verde independiente, por el contrario, dejaría abierta la posibilidad de construir acuerdos con el Gobierno proyecto por proyecto.
Desde una perspectiva estrictamente política, a De la Espriella podría resultarle más conveniente un Verde separado del bloque de izquierda y disponible para negociar que toda la colectividad instalada formalmente en la oposición. Además, los verdes tienen una representación importante en el Congreso y pueden resultar determinantes en votaciones estrechas.
Ya han demostrado que no actúan necesariamente como un apéndice de los sectores progresistas. En recientes elecciones realizadas en el Congreso, la colectividad ha votado dividida y algunos de sus integrantes han acompañado posiciones diferentes a las defendidas por el Pacto Histórico. De ahí una frase pronunciada recientemente por un congresista verde y conocida por EL DIARIO: “Nosotros vamos hasta donde el Gobierno dé permiso”.
La expresión resume crudamente una parte de la discusión que existe detrás de la decisión formal. Si el Gobierno abre espacios de interlocución con los verdes, la independencia podría resultar mucho más atractiva para algunos sectores de la colectividad.
Eso no significa necesariamente entrar al Gobierno ni recibir cargos. Pero sí conservar canales para negociar proyectos, discutir inversiones regionales y construir acuerdos legislativos.
Y, desde la otra orilla, mantener al Verde en independencia también tendría una ventaja evidente para De la Espriella: evitar que todos sus congresistas terminen engrosando formalmente las filas de la oposición.
Por eso, mientras los integrantes de la Dirección Nacional discuten hoy en Bogotá si sus principios y antecedentes políticos los llevan hacia la oposición o la independencia, también habrá ojos puestos en la Casa de Nariño. Una señal de De la Espriella puede pesar.
La división dentro del Verde no nació con la llegada de De la Espriella. El partido viene arrastrando desde hace meses fuertes diferencias internas.
Durante la discusión sobre un eventual acuerdo programático con Iván Cepeda ya aparecieron dos grandes tendencias: dirigentes interesados en mantener una aproximación con los sectores progresistas y otros que reclamaban mayor autonomía.
La Dirección Nacional llegó a autorizar la conformación de una comisión para discutir un eventual acuerdo programático, mientras dirigentes como Angélica Lozano se opusieron abiertamente a esa orientación.
Después vinieron otras votaciones en el Congreso que volvieron a mostrar que el Partido Verde está lejos de actuar como un bloque homogéneo. Ahora esas diferencias tendrán que resolverse frente a una pregunta mucho más trascendental: ¿qué relación quiere tener el Verde con el gobierno de Abelardo de la Espriella?
La Dirección Nacional está integrada por alrededor de 40 dirigentes provenientes de diferentes sectores y regiones del país y será esa instancia —no solamente los congresistas— la encargada de tomar la decisión.
Salamanca explicó que allí existen posiciones suficientemente fuertes tanto en favor de la independencia como de la oposición. “Esta decisión la toma la Dirección Nacional, conformada por representaciones muy plurales. No solamente está la bancada parlamentaria”, explicó.
Por eso, las conversaciones previas y los movimientos de los distintos sectores serán determinantes. Por ahora pueden identificarse dos grandes posiciones y varios grupos internos capaces de inclinar la votación: quienes consideran que la coherencia ideológica obliga al Verde a declararse en oposición y quienes prefieren conservar la independencia y evaluar caso por caso su relación con el Gobierno.
En medio de ellos aparece el sector cercano a Carlos Amaya. Y allí estará una de las claves de la jornada.
Jaime Raúl Salamanca ya dijo que prefiere la oposición. Yamit Noé Hurtado se inclina por la independencia. La exsenadora Carolina Espitia ocupa uno de los máximos cargos de dirección del partido como copresidenta nacional, y el senador John Amaya representa otro de los pesos políticos del sector boyacense dentro de la colectividad.
La gran pregunta hoy es ¿hacia dónde se inclinará Carlos Amaya? Y la respuesta puede resultar mucho más importante de lo que parece.
Si el denominado “bloque Amaya” conserva la capacidad de influencia que demostró en anteriores decisiones internas, Boyacá podría terminar inclinando la balanza entre un Partido Verde enfrentado políticamente al gobierno de De la Espriella o una colectividad independiente que mantenga abierta la puerta para negociar y acompañarlo en determinados asuntos.
Pero esta vez la decisión puede depender de señales que viajen en las dos direcciones: de Boyacá hacia Bogotá y de la Casa de Nariño hacia los verdes. Hoy se sabrá hasta dónde llega el poder de cada uno.
Ver esta publicación en Instagram











