El reto de los 17 meses
El ingeniero civil y candidato a la Alcaldía plantea una transformación del modelo económico de la capital boyacense. Su apuesta pasa por atraer inversión privada, impulsar una zona franca, reformar el POT y frenar la fuga de profesionales que cada año abandonan la ciudad en busca de oportunidades.
A doce días de las elecciones atípicas para la Alcaldía de Tunja, el ingeniero civil Diego Hernán Neira Acero busca abrirse espacio con un discurso distinto al de la política tradicional. Mientras la mayoría de campañas concentran sus propuestas en seguridad, movilidad o infraestructura, el candidato insiste en que el verdadero problema de la ciudad es económico: la falta de empresas capaces de generar empleo de calidad.
En entrevista con EL DIARIO, Neira sostuvo que Tunja necesita dejar de depender de la contratación pública y de los cargos burocráticos para convertirse en una ciudad atractiva para la inversión privada.

«Queremos empleo de calidad, no empleo burocrático; no el que obliga a pedirle cada tres meses un favor al político de turno para que le renueve el contrato», afirmó.La idea resume buena parte de su programa de gobierno y explica incluso el lema con el que adelanta su campaña: «Somos Tunja, capital de oportunidades».
Para Neira, la capital boyacense enfrenta una contradicción que lleva décadas sin resolverse. Cada año las universidades gradúan cientos de profesionales en prácticamente todas las áreas del conocimiento, pero la mayoría termina buscando oportunidades en Bogotá u otras ciudades por la falta de un sector empresarial fuerte.
“Egresan excelentes profesionales, pero deben irse porque aquí no encuentran empleo”, aseguró. Por eso una de sus principales banderas consiste en atraer inversión nacional e internacional mediante incentivos, un nuevo ordenamiento territorial y la creación de una verdadera zona industrial.
Según explicó, actualmente uno de los mayores obstáculos es el Plan de Ordenamiento Territorial, vigente desde 2001, que —a su juicio— no ofrece suficientes áreas con uso industrial para atraer grandes inversionistas.

Como ejemplo mencionó el caso de un grupo empresarial chino interesado en instalar una fábrica de cerámica en Tunja que finalmente no pudo hacerlo porque no encontró terrenos aptos para ese tipo de proyectos.
Neira aseguró que trabaja desde hace varios años en la estructuración de lo que sería la primera zona franca permanente y funcional de Boyacá, iniciativa que pretende ubicar en el sector de Pirgua.
La propuesta, dice, permitiría atraer industrias, ampliar la base empresarial y aumentar los ingresos del municipio mediante impuestos provenientes de la actividad privada. Para explicar su visión, comparó a Tunja con Tocancipá, municipio que, gracias a su desarrollo industrial, dispone de recursos muy superiores para inversión pública.
“Si queremos resolver problemas como el empleo, la movilidad o la infraestructura, primero debemos generar riqueza”, sostuvo.
El candidato también repasó su trayectoria profesional. Es ingeniero civil de la Universidad Nacional y magíster en Planificación Territorial de la Universidad de Barcelona.
Durante su ejercicio profesional participó en proyectos de infraestructura de alta complejidad, entre ellos la adecuación de laboratorios del Instituto Nacional de Salud para el procesamiento de pruebas durante la pandemia del COVID-19 y la construcción del laboratorio antidopaje del Ministerio del Deporte.
Asegura que regresó definitivamente a Tunja después de la pandemia y desde entonces ha desarrollado iniciativas empresariales y de generación de empleo en la ciudad.
Entre ellas destacó el proyecto comercial de contenedores ubicado frente a la clínica Sanitas y el impulso a la futura zona franca.
Antes de entrar de lleno en la política, Neira alcanzó notoriedad a través de la iniciativa Colombia Sin Huecos, con la cual, según dijo, ha liderado jornadas de reparación de vías utilizando nuevas tecnologías para el sellado de huecos.
Afirma que esa estrategia ha permitido intervenir más de 150 huecos en Tunja y otros municipios, con el apoyo de empresarios e influenciadores como Julián Pinilla, ‘El Chico de la Ruana’.
Según explicó, ese trabajo social terminó acercándolo a los ciudadanos y lo convenció de aspirar a la Alcaldía.
En materia administrativa, Neira insiste en que Tunja necesita un gobierno sustentado en criterios técnicos y no políticos.
Su propuesta contempla fortalecer la planeación urbana, actualizar el POT, gestionar recursos para el Sistema Estratégico de Transporte Público y priorizar proyectos de infraestructura con mayores controles de calidad.
También advirtió sobre lo que considera una pérdida progresiva de la percepción de seguridad de la ciudad y sostuvo que se requiere una gestión más eficiente ante el Gobierno Nacional para ejecutar inversiones ya previstas.
Consultado sobre los gobiernos de Alejandro Fúneme y Mikhail Krasnov, Neira evitó emitir condenas políticas. Prefirió señalar que corresponde a los organismos de control establecer eventuales responsabilidades en los procesos que actualmente adelantan contra exfuncionarios y exmandatarios.
No obstante, cuestionó los resultados de algunas obras públicas. Citó como ejemplos el parque de la Biblioteca sin biblioteca, el deterioro del patinódromo y el cierre frecuente de la piscina municipal, casos que, según dijo, evidencian fallas en la planeación y ejecución de la infraestructura.
Aunque el próximo alcalde gobernará únicamente durante 17 meses, Neira sostiene que ese tiempo puede aprovecharse para dejar planificados los grandes proyectos que necesitará Tunja durante las próximas décadas.
Su objetivo, explicó, no es administrar una ciudad por un año y medio, sino sentar las bases de una visión de largo plazo.
“Estamos planteando una administración de cinco años y medio, para que quien llegue después continúe un modelo tecnócrata y no uno basado en la política tradicional”, concluyó.
Con un discurso centrado en la inversión privada, el emprendimiento y la planificación urbana, Diego Hernán Neira busca posicionarse como la alternativa empresarial en una contienda electoral en la que los ciudadanos decidirán quién gobernará Tunja hasta diciembre de 2027. Su reto será convencer a un electorado históricamente exigente de que el desarrollo económico puede convertirse en el principal motor para resolver los problemas estructurales de la capital boyacense.










