La Orden del Congreso, en grado de Comendador, liderada por el senador Miguel Ángel Barreto, reconoce más de un siglo de servicio de los Frailes Dominicos y exalta la devoción a la Reina y Patrona de Colombia, símbolo de fe y esperanza para millones de colombianos.
En una ceremonia cargada de fe y emoción, el senador Miguel Ángel Barreto entregó la Orden del Congreso de Colombia en el grado de Comendador a la Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Bogotá, y a los Frailes Dominicos que por más de cien años han custodiado este santuario y la devoción a la Reina y Patrona de Colombia.
La Virgen de Chiquinquirá es mucho más que una imagen: es la Madre que ha acompañado a Colombia en sus alegrías y sus pruebas. Desde su Coronación Canónica, el 9 de julio de 1919, cuando fue proclamada Patrona de la Nación, millones de colombianos han encontrado en ella consuelo, esperanza y unidad. La Basílica nació como templo votivo de aquel acontecimiento y hoy es uno de los principales santuarios marianos del país, elevado a Basílica Menor por el papa Francisco en 2023.
“Hoy el Congreso rinde homenaje a quienes han mantenido viva la devoción a la Patrona de nuestra Nación. Como boyacense, este homenaje tiene un significado profundamente especial: la Virgen de Chiquinquirá representa la fe, la esperanza y la identidad espiritual de nuestro pueblo”, expresó el senador Miguel Barreto.
Con esta distinción, el Congreso exalta la labor pastoral, educativa y social de los Frailes Dominicos, y reafirma que la protección de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá sigue siendo parte esencial del alma de Colombia.
La devoción a la Virgen de Chiquinquirá tiene origen a finales del siglo XVI, cuando una obra de arte religiosa que había sido encargada por Antonio de Santana comenzó a deteriorarse por el abandono y las condiciones ambientales.
La pintura, realizada por el artista Alonso de Narváez en 1563, representaba a la Virgen María con el Niño Jesús en brazos y San Antonio de Padua junto a San Andrés Apóstol. Con el tiempo, la imagen quedó casi irreconocible, cubierta de moho y suciedad.
El milagro que despertó la fe ocurrió el 26 de diciembre de 1586, cuando la campesina indígena María Ramos, que había estado rezando frente a la imagen en ruinas, vio su restauración milagrosa. Los colores de la pintura se volvieron brillantes y las figuras volvieron a ser visibles sin intervención humana.
Este hecho fue interpretado como una señal celestial, y rápidamente la noticia se extendió por toda la región, atrayendo a fieles y peregrinos de diferentes partes de Colombia. La imagen se declaró milagrosa y se venera desde entonces.
La ciudad de Chiquinquirá, en Boyacá, juega un papel central en la historia de esta devoción. Tras el milagro, se construyó un santuario en el lugar para albergar la imagen, y el pueblo se transformó en un importante centro de peregrinación mariana en Colombia.
Con el tiempo, la Virgen de Chiquinquirá fue reconocida oficialmente como la patrona de Colombia. El santuario de Chiquinquirá, ahora conocido como la iglesia de Chiquinquirá, sigue siendo uno de los destinos religiosos más importantes del país, y cada año recibe a miles de creyentes que buscan agradecer favores y milagros atribuidos a la Virgen.











