De la Espriella: Una peligrosa puesta en escena

Imagen creada con IA
Por | José Fernando Millán Cruz / Periodista

Van dos meses del gobierno de Abelardo De la Espriella y el balance es bastante sombrío, a pesar de la campaña emprendida por medios de comunicación afectos, que hacen ver unas cosas y ocultan otras. Que dicen verdades a medias para congraciarse con él. Que se volvieron extensiones de la Secretaria para las Comunicaciones y Prensa de la Presidencia de la República.

En el balance son 60 días de escándalos diversos. Tienen que ver con la purga de funcionarios nombrados y retirados por haber tenido algún contacto con el gobierno de Gustavo Petro o por su condición sexual. Tienen que ver con la masacre laboral en todas las entidades, empezando por la Presidencia, en donde sacaron sin contemplación a trabajadoras de la cafetería y a conductores entre los más de 300 personas desvinculadas, en un claro delirio de persecución y de borrar todo lo que le huela a izquierda.

Otro de los escándalos es el nombramiento de socios y trabajadores de su empresa De la Espriella Lawyer en altos cargos del Estado, sin ningún tipo de escrúpulo. Incluso, en cargos como la SAE, en donde quien quedó al frente debe administrar propiedades que eran de narcotraficantes defendidos por la oficina.

Ha puesto contra la pared a periodistas por cuestionar sus procederes o recordar su pasado, al punto de pedir y lograr las cabezas de varios integrantes de medios de comunicación. A esto se suma la decisión de sus asesores de prensa de no dar entrevistas, de no hacer ruedas de prensa y de convocar solo a medios amigos. Acabó con las franjas informativas de Radio Nacional, de las Emisoras de Paz y de Señal Colombia, cerrando la puerta al derecho a la información.

Además, nombró una ministra de Educación, una ministra de las Culturas y los Saberes y a una directora de Bienestar Familiar que buscan aplastar los logros de años para la historia y la culturas nacionales y volvernos al pasado de desconocimiento de la diversidad étnica, cultural y de género y borrar la memoria de conquistas.

A propósito de memoria, tiene en el Centro de Memoria Histórica y en el Instituto Caro y Cuervo a dos negacionistas de la existencia de conflicto armado, en el primer caso, y a un fanático religioso que quiere aplastar las vanguardias literarias del país.

Precisamente, ha sido el fanatismo religioso la herramienta utilizada, desde la campaña por De la Espriella (un confeso ateo), para ganar seguidores y dividir al país. Es otra puesta en escena que limita con el ridículo y que responde a una estrategia continental para posicionar a la extrema derecha, ahora promovida desde la visión tecnofascista.

No se pueden olvidar entre los escándalos los costos de los viajes del señor De la Espriella a propósito de su capricho de despachar desde Barranquilla, epicentro político de los Char, los gamonales políticos que lo respaldan.

¿Y qué pasa con los ministros y ministras? Actores secundarios que repiten el libreto. Algunos sirviendo de monaguillos y otras y otros siendo cómplices del destripamiento nacional.

Por donde se le mire, De la Espriella es una mentira. En campaña dijo que gobernaría con lo que nunca habían tenido oportunidad y en la vida real llevó al Gobierno a los de siempre, a quienes pertenecen a familias de dudosísima reputación ética y a otras de la peor estirpe política de extrema derecha, responsables de una de las peores épocas de violencia política, como la de los años 40 y 50 del siglo pasado.

No siendo suficiente, De la Espriella ha tomado la bandera de promover el linchamiento público, exhibiéndose caminando entre bolsas con cadáveres de miembros de grupos ilegales, en una macabra forma de generar miedo.

Nada de esto puede pasar solo por lo anecdótico. Es el talante de un gobernante que presume de puestas en escena y que empuja al país a un futuro de pérdida de derechos.

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